De cómo se pervierten los movimientos sociales

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Por AANA Caona Emiliana

¿Cuál es el origen social de las familias que desde hace más de siete décadas llegamos a las capitales de las ciudades y centros poblados, abandonando siembras o conucos, en búsqueda de mejores condiciones de vida? ¿Cómo y en qué condiciones se poblaron los cerros y las zonas aledañas a las urbes capitalinas? ¿Cómo logramos acceder, los barrios y caseríos existentes a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional, a los servicios públicos que hoy medianamente disfrutamos? ¿De qué manera la ciudad y sus instituciones nos fueron arrebatando nuestras propias voces y nos fueron masificando la conciencia?

Las respuestas a estas interrogantes podrían comenzar a fundamentar una reflexión crítica en torno a las características culturales que exhibe el capitalismo en las llamadas sociedades postindustriales, y podrían además clarificar las múltiples distorsiones de pensamiento que han venido enquistándose dentro de las organizaciones de base, al punto de llegar a constituirse éstas en instrumentos que consolidan y reproducen el sistema.

Basta con echar atrás en el tiempo nuestro pensamiento y evocar la historia de nuestras propias familias, para comprender el proceso de transformaciones sociales que operaron abruptamente en el devenir histórico de estas últimas generaciones de venezolanos.

Y en esos recuerdos encontraremos muy probablemente unos abuelos y bisabuelos vinculados muy estrechamente a la tierra. Unas historias de árboles, animales, ríos y aguas cristalinas y una pobreza alegre y llena de esperanzas, que vio en la migración a los centros urbanos, una forma de desarrollo y de progreso.

Esta mayoría humilde que un día llegó a las ciudades trajo consigo no sólo la visión engañosa del desarrollo, también contaba con un acerbo cultural signado por el sentido de la colaboración y la solidaridad. Así era común ver en la construcción de sus viviendas, la realización de “convites” o “cayapas” para acometer el trabajo en colectivo y beneficiar a los más necesitados.

Cada persona que llegaba contaba con su familia y con sus vecinos. Y todos juntos emprendían batallas duras y prolongadas con los organismos del Estado para conseguir vialidad, escuelas, centros de salud, luz, agua, transporte, gas, servicio de aseo urbano… Pero paradójicamente, estos servicios que conquistaban terminaban siendo confiscados por organismos institucionalizados que marcaron sus propios objetivos, y en consecuencia, su propia lógica y dinámica de funcionamiento.

Y casi sin que pudiésemos darnos cuenta, comenzamos a estudiar no para honrar el conocimiento atesorado por la humanidad, contribuyendo en su crecimiento y mejorando así nuestras propias condiciones de vida, sino que lo hicimos en loco tránsito para la obtención de títulos -que según nos prometían- servirían para garantizarnos cargos bien remunerados, y en consecuencia, una vida digna y llena de placeres.

Fue posible para una gran mayoría el acceso a centros de salud, pero ahora lamentablemente saturados y con un funcionamiento tan irregular como el resto de los servicios conquistados.

Y en un esfuerzo concertado entre políticas Estatales, escuelas, centros de trabajo y medios de comunicación, devenimos en la conformación de una sociedad jerárquica, amnésica y competitiva. Una sociedad presa del consumo, guiada por el asqueroso principio adeco de: “A mí no me den nada, sino póngame en donde haya”.

De esa sociedad son emblemáticas las asociaciones de vecinos, conformadas en forma verticalista, las cuales no tardaron en ser presa fácil para los partidos y la actitud directiva y controladora de un Estado decidido a perpetuar sus estructuras y formas de relación social.

Sólo a partir de la llegada al poder del Presidente Hugo Chávez fue posible un cuestionamiento en colectivo de estas estructuras castrantes, y para el año 2006, bajo una política de participación y protagonismo, se ofertó una nueva forma de organización comunitaria con una estructura en apariencia horizontal, cuyas funciones primordiales eran las de coordinación de las distintas manifestaciones organizativas de la comunidad: los consejos comunales de planificación pública.

No obstante, las leyes para regular el funcionamiento de estas nuevas instancias organizativas, volvieron a cumplir su fatídico poder controlador, y en la medida en que estas nuevas instancias del poder popular comenzaban a ocupar espacios en el escenario administrativo de la acción pública, se volvía a cumplir la dolorosa consolidación de las relaciones de poder generadas por la lógica de nuestros procesos de enajenación cultural.

De una supuesta coordinación de distintas organizaciones comunitarias, los consejos comunales pasaron a ser las únicas organizaciones reconocidas por el Estado para la asignación y manejo de fondos públicos, aún cuando ellas no llegaban a garantizar legítimamente la participación de los colectivos sociales, sino que replicaban el mismo triste papel de las aparentemente moribundas asociaciones de vecinos.

El logro de ciertos beneficios materiales controlados por organismos y funcionarios del Estado, no sólo ha configurado el accionar de un grupo significativo de Consejos Comunales como organizaciones clientelistas pobladas de personas con una precaria o escasa conciencia histórica, sino que la baja aceptación o inexistente vinculación de muchos de ellos con los colectivos de los cuales se jactan de ser voceros, los convierten en verdaderos apéndices de las instituciones del Estado, dispuestos a frenar toda posibilidad de expresión espontánea de los colectivos sociales, por considerarlas que van en detrimento de intereses personales o conveniencias de un supuesto Estado benefactor que tarde o temprano brindará nuevas prebendas.

Lamentablemente, las políticas de participación lideradas por el Presidente Chávez nunca han llegado a encarar las contradicciones generadas por el sistema capitalista. Muy por el contrario, estas confrontaciones con nuestras prácticas cotidianas son eludidas o disfrazadas con los mismos mecanismos distractores generados por la sociedad de consumo. El lenguaje empleado por el mismo Presidente y por sus voceros gubernamentales es una prueba fehaciente de ello. Discursos altamente ideológicos, llenos de eufemismos y encubridores de las perversiones del poder, y acciones dirigidas a los colectivos para incentivar en ellos el consumo bajo la bandera del “vivir viendo”…

Todo pareciera advertir que después de la debacle generada por la derrota de la propuesta de Reforma Constitucional, los planes de gestión del Presidente Chávez optaron por asumir aquella tercera vía que recomienda los términos medios y el agua tibia.

Por ello, hoy más que nunca, los colectivos sociales, de cara a las elecciones Presidenciales del 7 de octubre, debemos rescatar nuestras prácticas cooperativas, y esto pasa por creer y confiar en las capacidades del pueblo, impulsar en donde quiera sea posible la capacidad de resolver juntos las situaciones que se nos presenten, fomentar el diálogo, la discusión y la reflexión respetuosa de nuestras prácticas diarias y convivir en ambientes de respeto mutuo en donde sea posible avanzar en equipos y en colectivo.

Educarnos en formas de organización verdaderamente horizontales, autónomas y combativas, al margen de partidos políticos y del control del Estado, es el mejor mecanismo para combatir no sólo los males administrativos de la sociedad capitalista, sino también las distorsiones de pensamiento que sus prácticas fueron generando en todos nosotros, las cuales han venido dando al traste con la creatividad y el espíritu de transformación de los venezolanos en la ingente tarea de vencer la contradicción fundamental de nuestro modelo económico: la brecha insalvable entre ricos y pobres.

Nuestra joven decepción: la perversión precoz

Desde las organizaciones de jóvenes y estudiantes no hemos logrado escapar a la oleada de envilecimiento que ha caracterizado a los movimientos sociales en general. Hoy no podemos dejar de evocar el recuerdo de aquellas voces contestatarias que a mediados de 2007 y desde la Asamblea Nacional dieron un ejemplo de dignidad, responsabilidad y cordura ante todo el país, sin sentir el más profundo dolor al tratar de respondernos la inmediata pregunta: ¿qué ha sido de ell@s?

La triste historia de la Comisión Presidencial Estudiantil es el reflejo de lo que ha venido aconteciendo en diversos espacios de organización: liderazgos de gran o mediano alcance son absorbidos por el poder constituido hasta ser convertidos en la más sólida expresión del vetusto estado burgués. Quizá la manifestación más grotesca de este fenómeno viene a ser el Frente Francisco de Miranda, organización que en algún momento pudo considerarse el seno de los cuadros militantes más jóvenes y que hoy no es más que un monstruo temido y despreciado por el resto de los movimientos sociales. El accionar de este neófito brazo gubernamental no estuvo jamás caracterizado por la inocencia, honestidad y rebeldía que solemos asumir como rasgos característicos de la juventud. Por el contrario, sus vinculaciones con la práctica política fueron desde siempre la fiel reverberación del cesarismo más servil, el que pudo garantizarles cuotas de poder en no pocas instituciones del estado, el mismo que emplean como “garantía de lealtad” para colarse entre las organizaciones de base e imponer sus líneas de acción en pro de la manutención irrestricta del estado burgués y sus bemoles. Desde los inicios de la conformación del PSUV, cuando muchos de nosotros nos acercamos a la propuesta como inocentes “aspirantes a militantes”, debimos chocar contra las personalidades que integraban el FFM y que se presentaban ante las masas de aspirantes a militantes como los poseedores no sólo de la formación ideológica sino los instauradores de puntos de discusión y prefabricadas “conclusiones”. Ese evento, multiplicado en cuantiosos escenarios nacionales, también hizo del PSUV un asqueroso adefesio al que nadie con un mínimo de sentido crítico podría aspirar pertenecer.

El servilismo heredado del FFM se replica en otras organizaciones juveniles, incluso centros y federaciones de estudiantes, que encuentran en el vínculo con las instituciones gubernamentales la oportunidad perfecta no sólo para recibir y administrar cuantiosos recursos “en pro de la organización”, sino de garantizar luego un cargo, una escalera, el colosal martillo para los clavos que somos… Así, aquella interesante Fuerza Estudiantil Pedagógica (FEP), aguerrida y militante, debió transformarse -a pedido de la Comisión Presidencial Estudiantil y su retórica pseudorrevolucionaria- en un rebuscado Bloque Antimperialista Socialista Estudiantil (BASE). Poco a poco, el servilismo que la tímida dirigencia estudiantil demostró ante el gobierno y sus “comisionados” erradicó cualquier motivación verdaderamente transformadora en el colectivo y los “líderes” entonces pasaron a ser los empleados de la alcaldía. Las ansias de poder entonces exigieron que aquel Bloque pasara a ser Frente, ¡Frente Alverto Lovera, así sea en el papel! para poder “competir” con la niña bonita de los ojos de Chávez -entiéndase FFM- en esa vertiginosa batalla por el ascenso a las cumbres del poder constituido, la repartición de cargos en el Ministerio de las Comunas y el Inces.

Y si bien esta es una realidad decepcionante para muchos de nosotros, estamos en el deber de comprender que ella no es más que la consecuencia inmediata del pataleo que endilga el sistema capitalista por mantenerse vivo también a través de las democracias presidencialistas que nos ahogan. Observar, por ejemplo, a los antiguos miembros de aquella Comisión Presidencial Estudiantil, hoy al frente de mediocres gestiones ministeriales e incluso fungiendo como “animadores” en conciertos en los que prima el grito eufórico de “¿dónde están los magallaneros? ¿dónde están los caraquistas?”… Observar eso tiene que llevarnos a la reflexión sobre las infinitas formas en las que el sistema garantiza su reproducción entre nosotros mismos. El acceso al poder no puede darse en el marco de esta política, necesitamos Otra Política, una en la que la conciencia histórica no nos permita caer víctimas del servilismo que sostiene a los malos gobiernos. Por eso, en el marco de esta campaña electoral hacia el 7 de octubre, abogamos también por Otra Campaña, una en la que el cuestionamiento de nuestra realidad sea el primer paso para la configuración de salidas verdaderamente revolucionarias y emancipadoras. Revisemos y expongamos entonces nuestras contradicciones, pues de ello dependerá una verdadera y profunda transformación social.

#liberenARodneyÁlvaez

6 respuestas a De cómo se pervierten los movimientos sociales

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