De la Operación Condor a la Operación Lava Jato 3era parte

Categoría: foto plana,José Quintero Weir |

jose-quintero-weirIII.- Donde hablamos del final de la lucha entre derechas e izquierdas, o por mejor decir, he aquí sudesmadre , ahora nos toca hablar a nosotros.

a.- De la Operación Cóndor a la Operación Lava Jato.

Hace algunos años, el sociólogo Inmanuel Wallerstein planteó que la vuelta al capitalismo más ortodoxo (también nombrado como neo-liberalismo), se estableció en el mundo justo en Inglaterra con la asunción del poder por Margaret Tatcher y, en América Latina, en Chile, con Augusto Pinochet luego del sangriento derrocamiento del Presidente Salvador Allende en 1973. Según Wallerstein, este giro económico-político resultó de la conclusión a la que los grandes factores de poder económico mundial arribaron, pues, consideraron que el periodo del llamado Estado de bienestar instaurado en el mundo después de la II Guerra Mundial había llegado a su fin.

No podía ser de otra manera, pues, al final de la guerra en 1945, los Estados Unidos militarmente victoriosos y con una inmensa capacidad de producción industrial, no contaba con una población en condiciones económicas de comprar el volumen de mercancías que estaba en capacidad de producir ya que, ni Inglaterra, Alemania, Italia y Europa en general, estaban en condiciones de ello. Así, restaurar el mercado fue el propósito fundamental del llamado Plan Marshall que, en efecto, nunca se trató de la benevolencia del victorioso frente a los derrotados, apoyándoles económicamente para reconstruir las ciudades que sus mismas bombas habían destruido; o recomponer el aparato industrial destruido por la guerra, sino que la reconstrucción de infraestructuras y recomposición del aparato industrial requería de una masa de trabajadores que, por esa vía, dejaban su condición de parados por la guerra y pasaban a ser asalariados con una capacidad salarial para comprar.

Esto implicó, que el propio imperialismo norteamericano impulsara una política de fortalecimiento de los aparatos estatales nacionales como vehículos de un superficial proceso de industrialización1; pero también, una “descolonización” controlada2, pues, en modo alguno se trataba de auspiciar ningún proyecto deauténtica liberación, sino dela necesidad de crear nuevos mecanismos de dominación en el contexto de la nueva etapa de acumulación capitalista que, entre otras cosas, exigía laliberación de las colonias en virtud de su condición deconsumidores.

Por tanto, el llamado proceso de “descolonización” nunca tuvo como propósito liquidar la colonialidad de las naciones sometidas, sino dela liberación de mercados de consumidores antes bajo el dominio de una potencia colonial particular. Al mismo tiempo, esta especial “descolonización” dejaba a merced de empresas transnacionales el desarrollo de industrias, fundamentalmente extractivistas en África y Asia, antes sujetas al poder colonial de Inglaterra, Francia, Alemania o Italia. Durante esta “descolonización” controlada, los Estados Unidos se reservaron todo el arco de islas del Mar Caribe (sin contar a Cuba y Puerto Rico, pues, para el imperialismo norteamericano éstas estaban fuera de discusión ya que las habían obtenido luego de su “victoria” militar contra España en 1898). Así, todas las pequeñas islas que componen este arco, así como algunos territorios continentales como la llamada hasta ese momento Guyana Inglesa (territorio venezolano apropiado por Inglaterra), y la Guyana Francesa, vivieron una especie de traspaso de propiedad en la continuidad del tutelaje de sus antiguos imperios.

En todo caso, el Plan Marshall no se propuso otra cosa que restaurar el mercado mundial en beneficio del aparato industrial y productor de mercancías de los Estados Unidos en base a: 1) Apoyar económicamente el proceso de restauración de las infraestructuras destruidas por la guerra en los países europeos (Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, etc.); 2) Impulsar un proceso controlado de “descolonización” en términos de mercado y no de independencia política para las antiguas colonias antes sometidas, ya por países del Eje Nazi (Alemania-Italia-Japón), como por países aliados como Francia e Inglaterra, pues, a fin de cuentas, para el capitalismo la hermandad cuesta y el vencedor siempre cobra; y, 3) Este proceso de descolonización controlado suponía la necesidad de impulsar el fortalecimiento de los aparatos estatales, no sólo en las colonias “liberadas”, sino también, en países que como Venezuela, fueron fieles suplidores de petróleo durante la guerra, pero cuya explotación petrolera estaba en manos de Inglaterra y Holanda, quienes, antes de la Guerra Mundial, llegaron a ser aliados de Alemania para cobrar a la fuerza a Venezuela, supuestas deudas del Estado venezolano y por lo que, de manera conjunta, atacaron militarmente los puertos de Maracaibo y Puerto Cabello en tiempos del Dictador Cipriano Castro, quien, en medio de estos ataques, muy a pesar de su talante dictatorial en contra de la población, lo que expresa y criminalmente era ejecutado por su más frío lugarteniente y compadre: Juan Vicente Gómez3; pues bien, ante el ataque anglo-germano, Cipriano Castro lanzó un discurso superficialmente anti-imperialista por el que, aún hoy, la izquierda nacionalloenarbola como parte delacervo del pensamiento anti-imperialista venezolano, y, por lo mismo, la izquierda se ha encargado de despojar a la dictadura de Castro de sus más crueles crímenes y, por añadidura, al encargado de ejecutarlos materialmente: Juan Vicente Gómez.

Así,al final de la II Guerra Mundial el poder estadounidense hizocaída y mesa limpia”, especialmente, en lo que se refiere al llamado “patio trasero” de su dominación imperialista en América Latina. Este momento es interpretado por Rómulo Betancourt4 como una “tardía llegada” de los norteamericanos al negocio petrolero venezolano, pues, desde Castro y Gómez, éstehabía permanecido en manos de inglesas y holandesas. Ahora que, cuando hablamos de negocio petrolero, nos referimos al hecho de que por encima de cualquier dato de explotación o producción petrolera efectiva, se trataba de un verdadero dominio territorial nacional que, para ese momento, según el mismo Betancourt5, Gómez había entregado cerca del 80% del territorio nacional a empresas inglesas y holandesas que, dicho sea de paso, debían incluir a familiares y muy allegados al dictador,como socios en los contratos de explotación, por lo que las regalías generadas debían ser entregadas de manera directa a los mismos6 y, por esa vía, llegar al dominio del Dictador.

Ahora bien, para 1973 el llamado Plan Marshall y su período de Estado de Bienestar, segúnel parecer de los más poderosos factores de poder económico mundial, había llegado a su fin; sobre todo, porque el capital financiero se había robustecido en unasdimensiones que exigía abrir cauces a nuevas inversiones y, por otro lado, porque el fordismo como sistema de producción resultabaya un modelo anacrónico a la luz del avance de las nuevas tecnologías que, al mismo tiempo, pusieron punto final al proceso de sustitución de importaciones que el imperialismo había establecido como nuestro caminoal desarrolloy sobre cuya lógica, desde los años 50 a los años 70, la derecha (social-demócrata o social-cristiana) y las fuerzas de izquierda en todos sus matices, se disputaban el poder de los Estados.

En todo caso, un nuevo contexto en el proceso de acumulación capitalista se presentaba y en este nuevo escenario, no era el capital industrial (y la producción industrial) el factor determinante para los centros del poder económico mundial, sinoque el capital financiero exigía paso librea sus inversiones en cualquier parte del mundo, sobre todo, en aquellas áreas territorialesa las que, en su momento, la producción industrial y su tecnología no estaba en capacidad de ocupar y territorializar. Por supuesto,tal exigenciarequería de una absoluta libertad de penetración y dominio de espacios y territorios que, de alguna u otra forma, el anteriorEstado de bienestary, sobre todo, la lucha de comunidades que sustentadas en el discurso legal de los Estados-gobiernos de la época, habían logrado medianamente proteger espacios territoriales propios que, en el nuevo contexto resultan fundamentales al nuevo periodo de acumulación; sin embargo, y como quiera que sea, el proceso anterior de fortalecimiento de los Estados-nacionales hizo posible la construcción de todo un discurso legal que, al nuevo contexto de acumulación capitalista le resultaba, por lo menos, agobiante.

Es este, pues, el contexto económico y político sobre el que en los años setenta se instauran y sustentan las dictaduras militares en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y hasta Brasil, y cuyo desarrollo permitió sustentar el diseño y ejecución de la llamada Operación Cóndor, considerada por los militares en el poder como una acción política-militar necesaria, no sólo como puntal para su sostenimiento en el poder, sino como sustento social a la nueva etapa de acumulación capitalista de los grandes factores de poder económico mundial que, ciertamente, muy conscientes estaban de los efectos sociales del giro económico-político que, como consecuencias, traería lo que ahora imponían7.

De tal manera que, no es posible entender en toda su dimensión la Operación Cóndor sin ubicarla en el espacio económico-político que los factores de la colonialidadimpusieron como lugar para su existencia, muy a pesar de nuestra voluntad política, social o cultural, pues,nunca se ha tratadode lo que pensemos o de la fuerza con que gritemosnuestras consignas, ya contra las dictaduras militares del Cono Sur, o contra los mismos criminales militares que en hoy en Venezuela, por ejemplo,se autocalifican como de izquierda, lo que muchas veces ha puesto a dudar a nuestros vecinos suramericanos a brindar cualquier apoyo a la lucha de nuestras comunidades, aún sabiendo de nuestra desgracia.

Por tanto, es posible decir que laOperación Cóndornofue necesariamente uninventopersonalde los militares dictadores en el Cono Sur, sino que resultaba una acción que ellos ejecutabanen el contexto de implantación de la nueva etapa de acumulación y que requería, el control social a muerte.

Desde esta perspectiva, la Operación Cóndorno sólo se trató de la confabulación criminal para liquidar enemigos políticos de las dictaduras, sino de una verdadera “limpieza territorial”, esto es, la desaparición de todo sujeto cuya memoria política asomara la posibilidad de reterritorializar la lucha social contra el capital; de allí la práctica de despojar a las madres de sus hijos luego de asesinarlas. Esto, que para cualquier ser humano no puedemenos que resultar abominable; se trata de una práctica históricamente establecida en nuestro continente por los conquistadores europeos en contra de las poblaciones indígenas pero que, posteriormente, fue igualmente desarrollada por los gobiernos republicanos en casi todo el continente pero con gran intensidad en los países del cono sur, que lanzaronverdaderas campañas militares que terminaron por desaparecer a los Onás, los Kaweskar, diezmar a los Mapuches, alos kalchakisy los indios fueguinos, a quienes se liquidabaen función y en virtud de la imposición territorial de la modernidad, sus niños sobrevivientes, igualfueronobjeto de entrega afamilias criollas de la época.

Aclaramos que lo anteriormente dicho, nada tiene que ver con ninguna especie de pago de Karma por daños previamente ejecutados u omitidos por los criollos en su hacer, sino que la Operación Cóndor como laOperación de Liquidación indígena en todo el Cono Sur de América, no responde sino a la misma imposición del proceso de acumulación capitalista que exigió, en ambos momentos históricos, la liberación de espacios territoriales de la presencia física o expresión material de cualquier población presente en los mismos; pero también, de toda memoria cuyapresencia contradiga radicalmente el modelo a imponerse. Ahora que, justo es decir, la única diferencia entre el dolor indígena y el de las madres de los desaparecidos durante las dictaduras,es que los pueblos indígenas, liquidados y desmembrados, nunca tuvieron la posibilidad de que las madres-abuelasdespojadas de sus nietos indios, pudieran protestar en las plazas públicas de Chile, Argentina y Uruguay. Ellos, sencillamente, dejaron de existir aunque están vivos, pues, allí, tercamente siguen los mapuches, ahora perseguidos como terroristas, los kalchakissiguen viviendo y r-existiendo8 porque en verdad, para ellos,la muerte es mentira.

Así, pensar que la Operación Cóndor solo se trató de la criminal persecución de militantes de izquierda (que ciertamente lo fue), por las dictaduras militares derechistas, sin establecer sus vinculaciones con la nueva etapa de acumulación capitalista a la que tal Operación daba respuesta política y militar, fue una falsa apreciación política que provocó una equivocada orientación de la lucha de los movimientos sociales afectados por esa Operación; pero también, del movimiento social en general, pues, ello atizó la existencia en un mismo movimiento como el peronista; por ejemplo, de grupos que desde la izquierda (los Montoneros), enfrentaban a la dictadura militar en Argentina, pero, asimismo, grupos como la AAA (La Triple A), ultraderechistas de igual origen peronista, formaban parte de los escuadrones de muerte que, en más de una oportunidad, se encargaron de ejecutar las acciones de secuestro, tortura y muerte en el contexto de la Operación Cóndor.

Sobre esta falsa premisa la izquierda latinoamericana no sólo justificó históricamente su derrota política; sino que, a contravuelta, se vale del mismo argumento para justificar sus propios crímenes políticos9 hoy ejecutados por algunos de sus representantes en el ejercicio del gobierno con los mismos propósitos: permanecer en el poder; pero sobre todo, para justificar una horfandad ética que parece perder, justo en el ejercicio del poder desde la misma lógica y continuidad de la colonialidad; es por ello que, la izquierda en los gobiernos llamados progresistas de fines de los noventa, no sólo naturalizó al capitalismo como sistema del que, a su parecer, resulta imposible desprenderse y por lo que sus teóricos más representativos justifican bajo un supuesto etapismo o periodo de transición que, una vez tomado el poder, resulta ser inevitable al proceso de instauración definitiva del poder popular y, para ello, cabe la posibilidad de hacer uso político de los vicios propios del capitalismo como mecanismo y/o plataforma válida para la sustentación económica del supuesto “proyecto de liberación”.

He allí, pues, el contexto del actual “escándalo” de la Operación Lava Jato10. Vale decir, hacer y obtener dinero a través de negocios como el narcotráfico o la corrupción política y administrativa de la derecha, parece a la izquierda, no sólo permisible sino hasta necesario, en tanto que,como eufemismo, verbalmente sustenta la continuidad de su lucha por la transformación del mundo sí y sólo sí, ellos tienen el poder; sin embargo, por ser la transformación social del mundo un objetivo muy a largo plazo, resulta para ellos natural entender que en el camino algunos de sus miembros, por añadidura, termine enriquecido o como representandoa una “nueva burguesía”11, a costa del dolor, del hambre y la miseria de todos los excluidos.

b) La Operación Lava Jato o el fin de la izquierda en América Latina.

La instauración de la nueva etapa de acumulación capitalista, muy por encima de los cálculos de sus impulsores en el Consenso de Washington, no se haría sin recibir la respuesta crucial de los pueblos que supieron en sus carnes la condena a muerte de su historia. Así, a poco más de una década después del derrocamiento de Salvador Allende, 1988 para ser exactos, Carlos Andrés Pérez gana holgadamente las elecciones en Venezuela basando su campaña en una especie de vuelta a la abundancia económica que, producto del boom de los precios del petróleo durante su primer mandato (1973-1978)12 hizo posible la creación del espejismo de lo que él llamó “la Gran Venezuela”, esto es, el ingreso al país de una cantidad de divisas por concepto de venta de petróleo, que permitió a su gobierno generar la ficción de “riqueza” al punto de regalar a Bolivia un barco refrigerado (El Sierra Nevada), para las exportaciones de este país que aún hoy, no tiene un puerto de anclaje propio; dicho sea de paso, tal regalo fue altamente cuestionado por la izquierda venezolana, especialmente, por los partidos que con Chávez y hasta hoy día, merodean en el gobierno como mosquitos a la piña dulce. En todo caso, en el contexto de fines de los años ochenta, la holgada victoria electoral recientemente obtenida le parec suficiente a Carlos Andrés Pérez como para instaurar la nueva etapa de acumulación exigida por los grandes factores de poder económico y político mundial, sin acudir a la fuerza criminal militar impuesta en los países participantes de la Operación Cóndor.

Los acontecimientos inmediatamente posteriores a su toma de posesión como Presidente en la que, por cierto, un invitado muy especial fue Fidel Castro, dejaron al desnudo su falsa lectura del nuevo contexto histórico-político latinoamericano. He llegado a pensar que Carlos Andrés Pérez nunca llegó a entender, que tanto para el pueblo que había votado por él en diciembre de 1988, como para los grandes factores de poder económico mundial, él ya no representaba lo que creyó representar. Es por ello que jamás vio venir el estallido social de febrero de 1989, apenas retirándose la corte de invitados a su toma de posesión y justo inmediatamente de declarar su primer ajuste económico para enfrentar la crisis que, con su “popularidad”, pensó implantar sin que hubiera un solo muerto. El Caracazo le estalló en pleno rostro y pienso que aún hoy, en su tumba, su espíritu estará preguntándose ¿qué pasó?, ¿por qué pasó lo que pasó?.

Aturdido por el estallido social de quienes estaba convencido controlaba con su verbo, tampoco vio venir las intentonas golpistas de 1992 (4 de febrero y 27 de noviembre del mismo año), jamás sospechó de las vinculaciones de su propio Ministro de Defensa (Ochoa Antich), o del propio expresidente Rafael Caldera, y todos los llamados “notables”, entre los que se encontraban dueños de periódicos, periodistas, intelectuales de izquierda y de derecha, quienes, no sólo sabían lo que estaba por suceder, sino que apoyaron lo que efectivamente sucedió.

En todo caso, el Caracazo (1989), así como la Marcha por el Territorio y la Dignidad en el Ecuador, La Guerra del Agua en Cochabamba (Bolívia), hasta el levantamiento armado de las comunidades mayas zapatistas de Chiapas en 1994 (México), pusieron patas arriba la mesa del poder en toda América Latina/Abya Yala, y por lo que, sobre la ola de sangre derramada por los pueblos y comunidades de abajo, elementos posicionados como pertenecientes a la ideología de izquierda, alcanzaron electoralmente asumir los gobiernos en Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina y Venezuela, enarbolando como banderas propias, la necesidad de una transformación radical y fundamental de sus constituciones en lo que representaría el nuevo pacto social, cuyo acento estaría (prometieron), en la necesidad de defensa de las comunidades.

En este contexto, la esperanza era total y todo parecía indicar que, efectivamente, por lo menos Suramérica vivía un esplendor, y, muy especialmente Venezuela, pues, el costo mundial del barril petrolero pasó de 8 dólares en 1998 a 25, luego a 35, después a 43, y ya para el 2010 promediaba los 140 dólares el barril; vale decir, un nuevo y más descomunal boom de precios petroleros hacía posible sustentar cualquier proyecto de transformación social en nuestro país y, asimismo, apoyar cualquier otra iniciativa en esta dirección en todo el continente.

Pero, he allí que la visión colonial de la izquierda en el poder, y, sobre todo, la haraganería intelectual de sus más “preclaros ideólogos”, nunca se atrevieron a sobrepasar el concepto de “renta del suelo” como factor esencial no sólo para la eufemística formación de una burguesía nacional que, según ellos13, esta vez sí sería nacionalista y revolucionaria; sino que mucho menos, intentó siquiera salirse del redil del consabido acasillamiento electoral de los excluidos mediante programas de asistencia y, por el contrario, darle continuidad al proceso de enriquecimiento de sus oportunistas satélites, tal como solían hacer aquellos a quienes, supuestamente, la “revolución” había liquidado,esto solían resumirlo sus más insignes burócratas con la expresión: “Necesitamos tener el poder para poder”.

En este sentido, podemos atrevernos a decir que la categoría “renta del suelo14 y su dominio, ha resultado ser el fundamento conceptual del proceso sobre el que, tanto la derecha como la izquierda en América Latina, en diferentes momentos históricos, han sustentado tanto sus críticas como sus justificacionesa la particular corrupción material y simbólica de cada uno de ellos;por mejor decir, no es posible comprender el por qué se produce la llamada Operación Lava Jato sin apelar a la historia de la categoría “renta del sueloen tanto que, sin importar la ideología, es su “dominio” y “control” lo que orienta ética y políticamente a cualquier fuerza que en un momento determinado llega a detentar el poder del Estado-gobierno en cualquier república de América Latina.

Dicho de otra manera, y, en conclusión, para los marxistas latinoamericanos (militantes o intelectuales), quien domina la “renta del suelo”, sea por explotación petrolera, carbón, cobre, o cualquier elemento hoy designado con el término inglés commodities, puede perpetuar su poder eternamente, pues, se da por hecho que el dominio material de la renta constituye elfundamento del poder mismo y de aquel que lo detenta, y, para ello, en nada interviene sudefinición ideológica como dederecha o de izquierda, pues, a fin de cuentas, ambas ideologías parten del mismo lugar de ver el mundo; esto es, se trata de la misma visión occidental del poder colonial en contra de los de abajono occidentales.

Establecido así el origen teórico de nuestro desmadre nacional, creemos ahora necesario aclarar la idea que la expresión Lava Jato encierra en sí misma, cosa a la que los medios de divulgación ni siquiera intentan poner atención. Así, Lava Jato es una expresión muy propia del portugués hablado en Brasil que, como vemos, se conforma mediante dos términos: Lava (del verbo lavar, lavado; lo lavado), y Jato (pronunciado fonéticamente como: yato), se trata de una acción realizadaa chorro, es decir, el lavadodel que se habla se hace a propulsión a chorro, lo que semánticamente se refiere al lavado de dinero en grandes cantidades, o del lavado a chorro de grandes cantidades de dinero.

A sabiendas de esta traducción y, sobre todo, por la imposibilidadde ocultar el hecho de que miles de millones de dólares han sido saqueados por los gobernantes de izquierda, o el lavado de miles de millones de dólares provenientes del tráfico de narcóticos y puestos a circular ilegalmente o, fuera del control del mercado, ya como parte de sobornos, o para la constitución de empresas, o para la compra de éstas, especialmente, las referidas a medios de comunicación, es por lo que elementos como Alí Rodríguez o Luis Britto García,intentan convertiren un acto de fuerza teórica,en sustento del proceso de conformación de una inexistente burguesía nacional capaz de contribuir con sus “inversiones” a los cambios político-económicos que, como parte del desarrollo de las fuerzas productivas es lo que hará posible el fortalecimiento de una clase obrera en condiciones de construir, por sí sola, el socialismo. La magnitud de tal sofisma sólo es comparable con el tamaño del enriquecimiento obtenido por estos teóricos y demás petardistas.

Sin embargo, desde la más elemental sabiduría popular ya sabíamos que después de la muerte de Bolívar y del fin de la Gran Colombia, todo gobierno criollo siempre resultó en sí mismo, la expresión de la corrupción del espíritu de aquellos que alcanzaron el poder gubernamental del Estado en cualquier lugar de América y que, para su sustentación y continuidad, siempre terminan alimentando con dineros de la hacienda pública (producto de su dominio de la renta), a sujetos que, así enriquecidos, se conforman falsamente como clase “burguesa” nacional; pero que siempre está más comprometida con la continuidad en el poder de sus benefactores que con algún proyecto de “desarrollo” nacional que, les obligaría a invertir capitales que nunca están dispuestos a realizar sino es por la vía del Estado-gobierno, de allí que la permanencia del benefactor en el ejercicio del poder siempre resulta fundamental a la existencia de “sus apóstoles”.

Vale decir, la historia económica y política de América Latina no puede ser comprendida desde una visión, digamos, ortodoxa del marxismo (que es la que ha abundado entre nosotros), ya que en relación a la formación de la clase burguesa, por ejemplo, ésta nunca es el resultado de un proceso de acumulación en el contexto del desarrollo de las fuerzas productivas, sino de la corrupta complicidad entre quienes ejercen el poder político del Estado-gobierno y determinados sujetos que el mismo poder político promueve a través del drenaje de parte de la renta en función de la sustentación económica y continuidad del poder político de los gobernantes.

Ahora bien, si en el contexto de implantación de la nueva etapa de acumulación capitalista en los 70, la Operación Cóndor resultaba militar y criminalmente necesaria a los intereses de los dictadores, quienes, por esa vía creyeron extender y resguardar su dominio político en el espacio territorial del cono sur involucrado; asimismo, la Operación Lava Jato ha representado una acción conjunta entre los Estados-gobiernos, particularmente auto-definidos como de izquierda o progresistas, en función de la desviación de recursos económicos a través de grandes comisiones por contratos otorgados a grandes empresas, por el mero ejercicio de su poder15, especialmente de construcción, como la brasilera Odebrecht y que, en buena parte, eran destinados a la sustentación en el poder de esos mismos factores que, en nombre de la redención social, saqueaban a sus pueblos, pues, otra muy buena parte de tales desviaciones eran destinadas al enriquecimiento personal de algunos elementos pertenecientes a las estructuras de poder en todos y cada uno de los países involucrados (Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Nicaragua, Cuba y pare usted de contar). Ello, muy a pesar de que “de los dientes hacia afuera”, el discurso de los líderes hablaba de la posibilidad de transformar nuestras sociedades y aún del mundo, en algo más allá del dominio de la renta del suelo o de su entrega para su explotación por las transnacionales .

No de balde, en Venezuela, por ejemplo, el discurso de Chávez y sus acólitos se tiñó de un patrioterismo que ha terminado en el absurdo de un nacionalismo más vinculado al nazi-fascismo alemán donde palabras como “patria” o “libertad” fueron manipuladas hasta el punto de torcer su significación hasta llegar a referirse, en términos del poder, justamente a todo lo contrario de su significación originaria16.

Por otro lado, es importante señalar que así como la Operación Cóndor pudo ser silenciada o enmascarada por el tiempo que duraron las dictaduras involucradas en sus crímenes, precisamente, por la complicidad imperialista y la violencia que éstas esgrimían en contra de sus enemigos; la Operación Lava Jato pudo ser enmascarada ante los pueblos por la coyuntura del boom de los precios de las materias primas (commodities) en el mercado mundial; así, los altos precios del petróleo que llegó alcanzar los 140 dólares el barril en la década que va de 2002 a 2012, hizo posible el espejismo de la vuelta de la Gran Venezuela de CAP, ahora llamada “Revolución Bolivariana” es por lo que ahora, a los efectos del desmadre que hoy tenemos como resultado, CAP y Chávez son la misma mierda (con sus diferencias de detalle, claro está).

En todo caso, en el momento en que se produce la caída de los precios mundiales de los energéticos y demás commodities, porque, al fin y al cabo, se trata de mercados no controlados por los revolucionarios ahora en el poder de nuestros Estados dependientes y que, en la lógica del capitalismo mundial antes y ahora en su nueva fase de acumulación, nunca han dejado de ser algo más que proveedores de materias primas y/o energéticos; es cuando la máscara de la supuesta abundancia que, dicho sea de paso, todos los gobiernos de izquierda adjudicaron a su sola presencia, se cae estrepitosamente y toca al pueblo comenzar a sacar cuentas y, ciertamente, estas no cuadran, sobre todo, cuando vemos; por ejemplo, en Venezuela, a Tarek El Aisami como dueño de empresas en Venezuela y los Estados Unidos; comprando periódicos a través de testaferros y con cuentas bancarias (hoy cerradas por el Imperio) en los Estados Unidos, Panamá y el Reino Unido; o a un Diosdado Cabello que puede darse el lujo de enviar a su hija, aspirante a ser cantante, a vivir y estudiar en París sin que se sepa cómo le hace con su pensión de militar retirado o su dieta de Diputado para cubrir sólo el boleto de avión; o también ver a una Cristina Kichner como dueña de hoteles exclusivos, o ver por la televisión a uno de sus favorecidos lanzar maletas llenas de dólares al interior de un convento17, al tiempo que unas monjitas se hacían las weyas de que no sabían lo que traían las maletas y que no era otra cosa que parte del botín que, para el funcionario kichnerista, se trataba lo que creía haber ganado, pues, en la lçogica del ejercicio de la colonialidad del poder no existen límites éticos, pues, la sociedad no existe, sino el Yo personal del presidente, sus ministros y cualquier puto acólito (con el perdón de la palabra). En todo caso, se trataba de parte de lo que el pueblo argentino más pobre había sido despojado por sus traidores; pero, lo mismo podríamos decir de Chávez, Lula, Evo, Lugo, los sobrinos de Maduro, y pare usted, otra vez, de contar.

En todo caso, no es nuestro interés tratar de demostrar la pudrición que corroe el espíritu de nuestras naciones en todo el continente, pues, se trata de hechos observables día a día y, para saberlo,en verdad no necesitamos de CNN, pues, en Venezuela este desfalco que sobrepasa una década y media se ha traducidoen un empobrecimiento que, por sólo mencionar un ejemplo, un maestro de primaria, un profesor de secundaria, un académico universitario o un médico cirujano, para sobrevivir, debe realizar por lo menos dos labores adicionales; esto es, debe ser maestro y luego ser taxista; o vendedor de hot dogs (perros calientes), al tiempo que los sobrinos del Presidente confiesan haber sacado grandes cantidades de droga en aviones de PDVSA a través de la rampa presidencial, o queelementos del gobierno exhiban sus grandes fortunas y propiedades restregándolas, sin el menor recato, en el rostro de los que hoy sobreviven revisando diariamente la basura de finos restaurantes o de mercados populares.(¿Qué dirá el Santo Padre, que vive e Roma?)

En fin, la Operación Lava Jato no ha sido más que la conformación de una red dirigida y ejecutada por los detentadores del Estado-gobierno en Venezuela, Brasil y Argentina, por solo mencionar los más importantes Estados-gobiernos involucrados en lo que pareciera ser la globalización latinoamericana de la corrupción,instaurada luego de la lucha y muerte de las comunidades de abajo que pusieron sus espaldas para que éstos miserables treparan a las más altas esferas del poder político en sus respectivos países y que, aligual que los militares de las dictaduras de los años 70 de la Operación Cóndor, una vez en el poder, parecieron acordar una red de corrupción económico-política que, ciertamente, les ha permitido hacer fluir y trasladar grandes cantidades de dinero extraídos de las arcas públicas para beneficio de sí mismos y de sus allegados y a costa del hambre y miseria de los pueblos.

Todo esto nos lleva a concluir que, al responder a la misma lógica del poder y su ejercicio, es posible establecer (en medio de las diferencias), un singular paralelismo entre la llamada Operación Cóndor y la Operación Lava Jato. Es casi seguro que mis muy pocos lectores con corazón de izquierda nos acusen de comparar peras con manzanas, pues, ciertamente, aparentemente resultan incomparables la Operación Cóndor y la Operación Lava Jato, especialmente, dada la condición de violencia policial-militar de la primera y de corrupción económica la segunda, y no podemos más que reconocer la razón de un argumento como este, pues, ciertamente, hoy es posible tener casi con absoluta certeza la cantidad de muertos y desaparecidos durante la Operación Cóndor; por el contrario, resultará muy difícil determinar con precisión el alcance del daño que el latrocinio de la Operación Lava Jato ha impuesto sobre la carne y corazón de nuestros pueblos, no sólo en cuanto a la expansión de la pobreza y el hambre en cifras poblacionales, sino en sus vinculaciones con la maximización de la violencia que, por hambre, por sólo mencionar una variable, en Venezuela, se ha disparado a magnitudes imposible de cuantificar18; igualmente resulta difícil cuantificar el número de muertes que por falta de medicamentos, o niños que mueren al nacer por falta de insumos en los hospitales se han producido durante los últimos dos o tres años, pues, la desaparición de las estadísticas de inflación del Banco o de muertos registrados en las morgues y hospitales, ha sido la orden de silencio más severamente vigilada por la revolución bolivariana; por tanto, no nos es posible cuantificar el número de muertos y desaparecidos; así como será muy difícil determinar el alcance de los daños generados por desnutrición a los sobrevivientes de la crisis en el contexto de la Operación Lava Jato en Venezuela, Brasil, o Argentina.

En todo caso, una cosa sí debe quedar definitivamente clara: tanto para la Operación Cóndor como para la Operación Lava Jato, los detentadores del poder (de Derecha los primeros y de Izquierda los segundos) de los Estados-gobiernos, en efecto se confabularon en función del mismo objetivo: someter ya por la fuerza, ya por el control de los recursos económicos legales (pero también de negocios ilegales como el narcotráfico), en una especie de control del hambre, a sus pueblos y, ambos, justifican sus acciones en virtud de la necesidad de su perpetuidad en el poder de sus Estados; por lo que, podemos concluir, que para los excluidos, desde la colonialidad, no es posible un proyecto liberador de los de abajo.

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1Bien conocido entre nosotros como Proceso de Sustitución de Importaciones que, dadas las orientaciones político-ideológicas generadas por esos mismos factores mundiales de poder, necesitábamos para pasar de la condición de colonias sin desarrollo (las regiones más pobres de África), o subdesarrolladas como Venezuela y buena parte de los países suramericanos que, a pesar de “poseer grandes recursos explotables”, apetecidos por el mercado mundial dominado por los mismos factores, estábamos rezagados en el “natural” proceso de desarrollo capitalista. Este espejismo, teóricamente creado por los pensadores de la derecha, se convirtió en guía lógica a la que se acoplaron algunos de nuestros más críticos e importantes pensadores de la izquierda latinoamericana; por ello, lo que se nos ofrecía era el camino ficticio que nos conduciría del subdesarrollo al desarrollo económico, de la pobreza al American way of life, esto es, a un bienestar que nos equipararía a los grandes centros de poder económico y político en el mundo como los Estados Unidos.

2Proceso del que se encargó laONU, creada para esos efectos en representación de esos mismos factores de poder mundial.

3Quien posteriormente, y en el contexto del desplazamiento de los factores mundiales de poder, terminó por derrocarlo con el respaldo del Departamento de Estado Norteamericano que, por esa vía, se aseguró de tomar para sí las mejores concesiones petroleras anteriormente otorgadas por Gómez a través de algunos de sus familiares y acólitos, a empresas Inglesas y Holandesas y a esos mismos Estados, mediante empresas creadas al efecto a pesar de que constitucionalmente, los Estados estaban impedidos de recibir concesiones petroleras nacionales. Es este, pues, el piso económico sobre la que se sustentó la llamada Doctrina Monroe, haraganamente mostrada por la izquierda y la derecha mediante una única frase que, en nuestro contexto actual es, por lo menos, de significación ambigua: “América para los americanos”.

4Líder fundador del Partido Acción Democrática (Social-Demócrata). Dirigió la llamada “Revolución de Octubre”, que no fue otra cosa que el derrocamiento del Presidente Isaías Medina Angarita en 1945. Permaneció en el exilio durante el proceso de construcción de la alianza que, con el nombre de “Junta Patriótica”, el Partido Comunista de Venezuela logró unir al Partido Acción Democrática en una clandestina, férrea y sangrienta lucha hasta alcanzar el derrocamiento del Dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958, luego de lo cual, Betancourt regresa al país para asumir la presidencia de la república luego de las elecciones generales convocadas ese mismo año. A partir de allí, sus acólitos y más de un historiador, han insistido en calificarle como “Padre de la Democracia” en Venezuela.

5Ver: Rómulo Betancourt: Venezuela: Política y Petróleo. Editorial Alfa. Colección Trópicos / Economía Política. Caracas, noviembre 2013. Especialmente, invitamos a revisar en su Tomo I, todos los capítulos que componen el libro desde la Primera Parte (Una República en venta), hasta la Tercera Parte (El Quinquenio de las frustraciones) (Se refiere al periodo de Medina Angarita).

6Es importante señalar que ya para esa época, estudiosos formados en el pensamiento marxista como Salvador de La Plaza, analizaban el problema de la formación de las clases sociales en Venezuela a partir de la categoría de “renta del suelo” que, ciertamente, ha formado parte de la ecuación económico-política que históricamente ha dado origen a “las clases burguesas” en Venezuela pero que, sin embargo, no resuelve el fondo de nuestra lucha por una soberanía política-económica y, en su defecto, ha sido usurpada como sustento y justificación de la entrega de la soberanía nacional y como parte de supuestos proyectos de transformación social, pues, a pesar de que el insigne autor la presentaba como profundo cuestionamiento, precisamente, para explicar teóricamente la operación económico-política por la que, tanto Cipriano Castro como Juan Vicente Gómez, hicieron uso de ella en su más descarnado y corrompido interés material, pues, descubrieron que, en Venezuela, quien controla el poder del Estado-gobierno, controla la renta petrolera y sus relaciones con el poder mundial; de allí que, tanto para la derecha como para la izquierda, la lucha por el poder, muy a pesar de sus respectivos programas ideológico-políticos de “transformación social”, no se trata sino, del control de la renta del sub-suelo. Así, lo que antes era ejecutado por los gobiernos de derecha (social-demócratas o social-cristianos), Chávez, igualmente lo ha sostenido como fórmula y horizonte en el ejercicio del poder, asesorado por personajes como Alí Rodríguez y, particularmente, por el gobierno cubano y sus teóricos más representativos y galardonados. En este sentido, lo que hoy vemos como la vulgar entrega del territorio nacional para la explotación petrolera y minera que, además, se nos presenta como Plan de la Patria, se sustenta en la misma fórmula de control de la “renta del subsuelo” en función de: 1) El dominio económico de las mayorías, especialmente, de los más pobres, mediante “políticas asistenciales” ejecutadas como verdaderos programas de contra-insurgencia social, y, 2) Tal como en tiempos de Gómez y los gobiernos de la llamada 4ta. República, drenar recursos mediante contratos y mecanismos de corrupción para el financiamiento de ciertos sujetos que, por esa vía, en un santiamén, adquieren la condición de clase “burguesa” en tanto “empresarios” que, por supuesto, sólo la hipocresía de Chávez y sus continuadores en el ejercicio del poder del Estado-gobierno, dan por hecho, pues, cualquier oportunista, sólo por expresar su apoyo a “la revolución” se hace, como las sopas maruchan, instantáneamente “revolucionario”.

7Es necesario entender que la posguerra no transcurrió de manera lisa, esto es, estuvo siempre conmovida por la confrontación (real o ficticia) de la llamada Guerra Fría y que, en América Latina, se evidenció mediante movimientos armados que, en principio y en el contexto de esa misma Guerra Fría, eran apoyados por la Unión Soviética a través de Cuba que, en 1959, había logrado derribar al Dictador Fulgencio Batista para, poco después, imponer un gobierno “revolucionario y comunista”; pero sobre todo, pro-soviético”, en un calculado atrevimiento lanzado a menos de “dos cuadras” del poder imperial estadounidense. Todo esto, sin contar con la posterior derrota norteamericana en Vietnam, Laos y Camboya que, por muy alejadas del Caribe y Latinoamérica que estuvieran, siempre generaron entre nosotros la esperanza y posibilidad de contribuir, con su rebeldía y la nuestra, a la transformación social, política y económica del continente.

8Nos referimos con esto al hecho que, me relataron algunos amigos argentinos solidarios con la lucha de los padres de los 43 estudiantes indígenas desaparecidos de Ayotzinapa (México), quienes, durante su estancia en Argentina tuvieron que enfrentar la posición oficialista expresada por la representación de Las Madres de la Plaza de Mayo, organización ya institucionalizada por el Estado-gobierno. Y, lo decimos, sin ofensa alguna a las Madres de la Plaza de Mayo, sino de abrir la posibilidad de pensar no sobre nuestras diferencias, sino en virtud de la similitud de nuestras luchas, sobre todo, porque enfrentamos al mismo enemigo.

9En Venezuela podemos dar cuenta hoy de la desaparición del compañero Alcedo Mora (Batería), en cuya desaparición física, es vox populi, están involucrados altos jerarcas del Estado-gobierno chavista-madurista del Estado Mérida con quienes el Batería estaba equivocadamente vinculado y por lo que el compañero llegó a tener conocimiento de la pudredumbre de tales sujetos a quienes todo el mundo acusa de ser los responsables de su desaparición y que, de acuerdo a los izquierdistas que no quieren hablar, fue ejecutada por elementos policiales fuera del Estado Mérida (¿Operación Cóndor nacional?). Pero también, la matanza de supuestos “delincuentes” mediante la llamada “Operación de Liberación del Pueblo” (OLP) que, al parecer, fue diseñada por Tarek El Aisami en su condición de Ministro-Policía del régimen; por lo que hizo coincidir sus siglas de muerte con las siglas de la Organización para la Liberación de Palestina, en un singular uso de la lucha de liberación legítima del pueblo palestino con la vulgar matanza de “supuestos delincuentes” en la más flagrante violación de los derechos humanos y demostración de las vinculaciones de elementos del alto gobierno chavista con las más altas esferas del crimen organizado, lo que los coloca a estos supuestos representantes de la izquierda como criminales que han terminado por superar con us acciones la frase atribuida a Rómulo Betancourt en 1960: “Disparen primero y averigüen después”.

10Nombre dado por los brasileros pero que, ciertamente, es posible de ser la expresión oscura de la totalidad de los gobiernos de izquierda o progresistas en toda Suramérica y del que pensamos poder hablar de manera definitiva en esta tercera parte.

11Esta idea de una “nueva burguesía” ha sido el sofisma sobre la que oportunistas del marxismo en todo el continente (Marta Harnecker; Heinz Dietrich; y todos los minúsculos entrevistados en Telesur), han sustentado su existencia las últimas décadas.

12En honor a la verdad histórica, debemos decir que fue Carlos Andrés Pérez el único Presidente que en Suramérica rompió relaciones con el gobierno de Pinochet inmediatamente luego del golpe de Estado en Chile, y facilitó a las fuerzas de izquierda en Venezuela vías de apoyo a la resistencia en Chile, así como también en Nicaragua, donde el Frente Sandinista avanzaba en sus batallas finales contra el dictador Somoza.

13Tal sofisma constituyó el fundamento de la teoría económica de todos los llamados gobiernos progresistas en Suramérica que, en Venezuela, se encargó de sustentar (con su cara bien lavada como si de alguien realmente serio se tratara), Alí Rodríguez y su tutor, un diletante y petardista de supuesto origen alemán, un tal Mommer, hoy, extraordinariamente enriquecidos a costa de su exacta aplicación de la categoría que, desde su análisis marxista, Salvador de la Plaza había muy precisamente destacado como fundamento en la formación de una “necesaria” burguesía nacional; sólo que, ahora, esa nueva burguesía no estaba dispuesta a construir nada que no fuera su propia acumulación de capital y de poder, pues, al parecer, Alí Rodríguez y Mommer contabilizaron el proceso de explosión de los precios petroleros para generar el enriquecimiento y empoderamiento de elementos que, ya durante el primer boom petrolero de Carlos Andrés Pérez el insigne militante comunista Pedro Duno bautizó como “los apóstoles”; vale decir, Rodríguez y Mommer sustentaron ideológicamente en el nuevo contexto histórico, a los “nuevos apóstoles” del poder económico en Venezuela al que se incorporaban transnacionalmente el Estado Cubano, elementos del poder en Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. En todo caso, se trataba de que ahora el poder y dominio de la renta del suelo era administrada por ellos y, sólo se trataba de seguir el mismo curso anteriormente creado como camino para su sostenimiento en el poder político, por la derecha.

14Esta categoría fue teóricamente expuesta en el texto “El imperialismo petrolero y la revolución venezolana” en su Tomo I, elaborado por la Comisión Ideológica de Ruptura, expresión organizativa legal del hasta ese momento ilegal, Partido de la Revolución Venezolana (PRV-FALN), y de la que Alí Rodríguez formaba parte.

15 En Venezuela, dado el poder absoluto que tanto Hugo Chávez como Nicolás Maduro han manejado, tales contratos ni siquiera pasan por la formalidad de una licitación pública, sino que éstos son otorgados a dedo o, a discreción del Presidente de la República, basándose legalmente en la declaración de supuestas emergencias (económicas o de cualquier tipo), que han terminado por ser permanentes; por lo que si consideramos el dicho que reza: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”, no sería exageración decir que, en Venezuela el Estado-gobierno y toda su institucionalidad está absolutamente corrompida, pues, cualquier radiografía de la misma no podría mostrar un hueso sano en toda su estructura.

16 Para ampliar esta idea en la experiencia alemana, recomendamos al lector el texto de Karl Kemplerer: “LTI: La lengua del Tercer Reich”. Historia de un lingüista alemán de origen judío liquidado por el más brillante de sus alumnos que en tiempos de Hitler se hizo oficial de las SS.

17Es por lo que ahora entendemos la insistencia del Papa argentino en llamar al diálogo en Venezuela, sin otro propósito que contener la lucha del pueblo venezolano por destronar a los ladrones que nos gobiernan.

18Por sólo mencionar una cifra, unas 25 mil personas son asesinadas en Venezuela (por lo menos, durante los tres últimos años), en acciones del hampa común; unas 54 personas son asesinadas semanalmente en Caracas por resistirse al robo de sus pertenencias. Se nos dirá que no ha sido el gobierno quien directamente les ha matado, sin embargo, ha sido el gobierno quien ha propiciado la destrucción de todo horizonte ético con su descarada violación de toda ley o norma constitucional; generando la más vergonzante impunidad en la que ha llegado al colmo de nombrar como Presidente del Tribunal Supremo de Justicia a un elemento condenado por asesinato de por lo menos una persona (porque en otro crimen no fue probada su participación), o que los presos por delitos como narcotráfico, asesinatos y robos sean declarados por la Ministra de Prisiones, con la aprobación del Presidente de la República, como un Ejército de Reserva para la defensa del gobierno. De hecho, al tiempo que el profesor universitario jubilado de la Universidad de Carabobo, Santiago Guevara, era detenido para ser juzgado por traición a la patria por un Tribunal Militar, un jefe de mafias delincuenciales era herido por una banda contraria en una playa de la Isla de Margarita cuando disfrutaba de un permiso otorgado por la Ministra de marras. Esto es así, y es cotidiano, porque en Venezuela la Operación Lava Jato mediante el flujo de grandes sumas de dinero, ha estado borrando toda memoria ética de los ciudadanos; por lo que no es exagerado decir que sólo sobrevivirán los que sean capaces de matar a sus semejantes, pues, según el gobierno, si no te puedo matar, sólo debo dejar que te maten.

#DondeEstáAlcedoMora

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