No es crisis económica, es crisis del humano. Bienvenidos, esto es un campo de concentración.

Categoría: Guarureando |

Miguel Arteaga

lo gravísimo en nuestra época grave es que todavía no estamos pensando

Heidegger.

En Venezuela sin duda, se viven momentos de desesperación colectiva, desesperación que mina todos los ámbitos de la vida social, la incertidumbre por el futuro es lo último que se piensa  antes de ir a dormir y lo primero cuando se despierta. Eso ha creado un sujeto social totalmente manipulado por las circunstancias que se les presentan, un sujeto sometido totalmente a niveles elevados de histeria, dirigidos mágicamente como si se tratara de una pistola esparcidora de rallos histéricos y cargas negativamente pesadas, a toda la población, una histeria que deja siempre la pesada carga de los deseos insatisfechos, una especie de satisfacciones personales que parecen no cumplirse nunca, eso que llaman “amor propio” no pasa a ser más que una aspiración vulgar de la saciedad del “yo” insignificante, insignificante ante una realidad que trata de triturar toda iniciativa individual o colectiva que no se amolde a sus reglas. Esto no ha hecho más que incrementar los niveles de inseguridad hasta de la propia persona, mirar con recelo al que está a tu lado, olvidarse de afectos como el compañerismo, la camaradería, la solidaridad, el amor, para imbuirse en una especie de búsqueda personal de su salvación, en una especie de sálvese quien pueda, dejando atrás toda ética, toda forma de respeto, toda historia, todo pasado de si, toda memoria. La búsqueda incesante por solucionar el presente desesperanzador hace desvanecer toda memoria pasada, o peor aún cuya memoria es odiada, o superada, por superflua, la memoria y lo que uno fue es anulado frente a lo que te llevaron a convertiré, o a lo que se es en este estado de locura, o para lo que puedas servir ahora. El sujeto pierde toda armonía y coherencia, toda continuidad histórica, todo sentido. Transformando toda sinceridad en locura, toda fidelidad en traición, todo amor en odio, todo entendimiento en estupidez, toda luz en oscuridad, todo lo grande en bajeza, todo principio en vicio, toda verdad en mentira.

Es ahí en donde el humano se arrodilla ante las exigencias que las circunstancias sociales les ponen, y no pasan a ser más que pobres solitarios animales de presa, solitarios aún en parejas o en grupos, buscando como sobrevivir en un mundo que no se logran explicar, que no se han atrevido a cuestionar, que se doblegan ante él como siervos sumisos, tratando de ganarse la salvación ante un padre todopoderoso que no hace más que reírse de ellos. No saben ellos que la salvación es justamente la contraria, la salvación es estar consciente de quién es el que te oprime, quien es el que te ciega con el velo de la mentira, y también darse cuenta quien es la madre que hace posible el nacimiento de la dominación, que hace posible que los sistemas de dominio social funcionen cabalmente. Hasta ahora sabemos y hemos identificado el padre, pero nunca nos hemos preguntado quién será la madre, la madre somos precisamente nosotros mismos, las personas que reproducimos diariamente los mecanismos de explotación y dominio, los que diariamente alimentamos los mecanismos de control de la sociedad, y así de esta forma somos una especie de madres, que paren más madres, una cadena que parece inacabable, este padre todopoderoso, patrón o como se llame, no hace más que tomar las mentes y los cuerpos de seres ávidos de reproducir sus designios y mandatos,  a la fuerza muchas veces, muchas otras voluntariamente, otras veces producto del autoengaño, y otras por ignorancia o simple entrega involuntaria, o por mecanismos de encantos, de ceguera.  La Salvación decía, es justamente la contraria, saber que somos nosotros mismo los que creamos ese monstruo que nos amenaza, y que en nosotros mismo está la solución a ello.

 

Ya nos decía Deleuze , que: “Vivimos en un mundo más bien desagradable, en el que no sólo las personas, sino también los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar, y los poderes establecidos necesitan de ellos  para convertirnos en esclavos. No es fácil ser libres, huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresen o desarrollan un máximo de afirmación”. La sociedad venezolana, envuelta en ese marco fantasmagórico, no hace más, que suponer que sabe lo que demanda, que sabe cuál es su deseo insatisfecho, que sabe identificar cuáles son esas ansias de tener algo que ni siquiera sabe que es, cuando en verdad no sabe ni lo que quiere, un deseo que lo envuelve en un vacio inacabable, no sabe donde se encuentra, ni mucho menos, lo que es, ni mucho menos lo que tiene o lo que aún no sabe que tiene, que tiene como potencia, que tiene como devenir. Simplemente se deja llevar por  el hecho de que en alguna parte del futuro se encuentre la posibilidad de satisfacer su deseo insatisfecho, sea a cambio de lo que sea, esto lleva al sujeto a una especie de prostitución, a un bachaqueo de personalidades, a una venta al mayor postor, a una subasta pública, de quien da más por mí, por mi fuerza de trabajo, por mi amistad, por mi amor, por mi solidaridad, por mi ayuda, y así un montón de etc. Esto doblega al sujeto social  a no más que a vulgares personalidades errantes, espectros en pena, que no sabrán nunca lo que son, y mucho menos serán capaces de cualquier cambio significativo que sea perjudicial para el sistema de dominación mundial que los aprisiona y los derrumba.

En realidad, hasta ahora, no nos habíamos percatado, que no estamos en más, sino que en un gran y verdadero campo de concentración, diseñado de tal manera que se hace imposible percibirlo en medio de la ajetreada cotidianidad, esa que te obliga a no pensar, esa que te obliga a estar dedicado constantemente a la búsqueda de solución a los problemas que cada vez son mayores y cada vez más difíciles de resolver, de la búsqueda de la satisfacción de necesidades mezquinas que te hacen darle la espalda a memorias y vínculos que forman parte del ser, esa cotidianidad no es una mera casualidad, esa cotidianidad que te dice como vivir, que te dice en que pensar, esa que te dice que hacer, con quien estar, a quién tener a tu lado, con quien ser solidario, esa cotidianidad es el rector de la vida moderna, amo y señor de los espíritus esclavos, esa cotidianidad no es más que la cerca del gran campo de concentración donde nos encontramos, no es una cerca de alambres de púas, no es una cerca electrificada, mucho peor, es una especie de cerca que tiene una mezcla de alambres de púas, electricidad, veneno y explosivos, es decir, que si no te agarra una te agarra la otra, sino la otra, no tienes salida al parecer.

Aunque a algunos les cueste creerlo, esta organización, que podríamos llamar, la organización social de la esclavitud, no surge de la espontaneidad de los acontecimientos, esta organización de la esclavitud, no nos queda ya dudas que es parte de una estrategia bien pensada y ejecutada por los grandes centros de poder mundial. En una sociedad organizada de tal manera, no se necesita más alimento que el de las personas sometidas a sus mandatos, personas que deseen satisfacer sus necesidades personales, es decir la venta de su “ser” significa su reproducción constante, es alimento para sus necesidades de control, no hacemos más que vender nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, nos degradamos a la nada. Y lo peor es que el sujeto mismo forma parte voluntariamente o no de esta situación, es engañada de tal manera de que no necesita una pistola en la frente para que lo obligue a hacer lo que hace, es parte ingenua de todo el sistema. Aunque muchas veces, el sujeto mismo logra advertir en lo que anda, y lo qué hace, y a pesar de eso, elige ser un esclavo antes que luchar por su libertad.

 

Dice Agamben, que: “existe un espacio donde el estado de excepción es la regla y donde, la situación extrema en todos los sentidos se convierte en el paradigma mismo de lo cotidiano. Ese lugar es el campo de concentración. El nacimiento del campo en nuestro tiempo aparece ahora, desde esta perspectiva, como un acontecimiento que marca de modo decisivo el espacio político mismo de la modernidad. Algo ya no puede funcionar más en los mecanismos tradicionales, y el campo es el nuevo regulador oculto de la inscripción de la vida en el ordenamiento o, más aún, el signo de la imposibilidad del sistema de funcionar sin transformarse en una máquina letal. El estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del ordenamiento, deviene ahora un orden espacial nuevo y estable en el que habita esa vida desnuda que, en medida creciente, ya no puede ser inscripta en el ordenamiento. La brecha cada vez mayor entre el nacimiento (la vida desnuda) y el estado-nación es el hecho nuevo de la política de nuestro tiempo, y aquello que llamamos campo es este desvío. El sistema político no ordena más formas de vida y normas jurídicas en un espacio determinado, sino que contiene en su interior una localización dislocante que lo excede, en la cual cada forma de vida y cada norma puede eventualmente ser capturada. El campo como localización dislocante es la matriz oculta de la política en la que todavía vivimos, que debemos aprender a reconocer a través de todas sus metamorfosis en las zonas de espera de nuestros aeropuertos así como en las periferias de nuestra ciudad”.

Es así como dice Agamben, donde aparece la Nuda Vida (la vida desnuda) desprovista de todo derecho, de todo protección, donde todo marco de ley es borrado, donde cualquier estatuto jurídico es inexistente,  ahí  es donde el estado de excepción se hace presente, exponiendo al sujeto que vive en estos campos a un suicidio planificado, sin culpables aparentes.  En este gran campo de concentración las personas dejan de ser individuos reales, para convertirse en valores de cambio, nadie va ser otra cosa que lo que tiene, que su sueldo, que su “posición social”, donde cada cual vale lo que gana, donde se valoran así mismos de acuerdo a su valor de mercado y solo saben o miden lo que son de acuerdo a los que les acontece en la economía capitalista. La vida misma en estas circunstancias está a la orden de su opuesto, la destrucción y la decadencia, la vida en este aspecto pierde todo sentido, es una sociedad basada en la pura competencia, el mercado habla y las personas solo escuchan.  Así la pobreza no es ahora una pobreza de las cosas, de poseer cosas, sino una pobreza que tiene cosas, pero que carece todo, es decir, que carece de esencia, de ética, de espíritu, el sujeto no es más que un poseedor de bienes materiales espiritualmente muertos. Con la necesidad y acumulación de objetos nace el reinado de las personas ajenas de sí mismas, el humano se va haciendo más pobre y necesitado de más dinero para alimentar su engaño reciproco y su misma explotación, reduciendo toda potencialidad de su espíritu creador a una mera abstracción que no tiene bases en ningún lado sino que en el aprovechamiento criminal de las personas, el sistema actúa en este caso como especies de entes malignos que se apoderan de ti, te van quitando la vida alegremente y sin que te des cuenta de ello.

 

La cancelación de la política está a la orden del día en este gran campo, es decir la política entendida como la capacidad del libertad del sujeto, como emancipación plena, como la construcción de todos los sueños que parecían utópicos, de lo que no tiene explicación simple, es decir, la potencia liberadora que se proyecta en el futuro. Esto que nos quieren vender como crisis y que llamamos crisis, no es más que mecanismos de control para encubrir el gran estado de excepción en que nos encontramos, un reacomodo del sistema capitalista, que siempre ha encontrado y encontrará las formas de rehacerse, en eso hay que reconocerlo, nos lleva una ventaja abrumadora, mucho más si la gran mayoría siguen siendo maquinas a su servicio, cegados como están y muchos queriéndose asemejar a estos rasgos que identifican a la sociedad capitalista. La alineación se hace presente con todas sus fuerzas, con un velo social tan grande, que al sujeto se le impide ver el engranaje que lo une a esta reproducción de su propia explotación. Lograr que este sujeto piense y vea esos engranajes, lograr que abandonen sus ilusiones acerca de lo que cree verdad es invitarlos a que abandonen lo que hasta ahora creen que es la mejor forma de “vivir su vida”, es un trauma para ellos ver otro camino que no sea el que le imponga la sociedad existente. Lo único que logrará el fin de esto depende de que cada quien comience a ver por donde lo tienen agarrado, por donde están al servicio de otros, subyugándolos a una vida de mentira, que acabará en la destrucción de su vida en cuanto a sujeto libre. El reconocimiento de la alineación es el principio del despertar de la conciencia, y el rechazo de esta alineación es el principio de toda revuelta.

Cuantas cosas hay que yo no necesito 

“Cuando parece que no queda nada, quedan los principios”

Don Durito de La Lacandona 

Se cuenta que Paseaba Sócrates junto a sus discípulos por un mercado de Atenas, miraba y se sorprendía  del gran despliegue de joyas, telas, perfumes, cerámicas y objetos de otros tipos que se exponían en los diferentes puestos. Se detuvo un momento y comentó a sus compañeros. «Ciertamente, no sabía que existieran tantas cosas que no necesito para nada».  Eso principio debería ser precisamente el pensar de todos los que en estos caminos estamos, cuantas cosas hay que no necesitamos.

Pero la sociedad actual, su modernismo avasallador no hace más que imponernos criterios consumistas, criterios de búsqueda de grandeza material, un afán inexplicable por acumular riquezas a costa de lo que sea, así eso lo que sea represente acabar con tu dignidad, con tu ética, o acabar con tus raíces, con lo que fuiste, así eso lo que sea, signifique romper lazos que hasta ahora consideraban sagrados, todo a cambio de satisfacciones personales momentáneas, que amarraran a la personas en un juego macabro que no hará de ella más que un terrible sombra de lo que algún día fue, o lo que no fue.  En una sociedad así los sentimientos de amor, no pasan a ser más que meros valores de cambio, es decir, mis deseos incumplidos, mis necesidades materiales, las satisfago vendiendo lo único que tengo, mi cuerpo, mi cuerpo en un valor de cambio, te entrego mi cuerpo para que sacies tus necesidades carnales, a cambio tú me das lo que yo tanto añoro y necesito, las necesidades materiales. Así las uniones sentimentales no son tal cosa, sino son solo un acuerdo de intercambio de mercancías, de dar para recibir, ya no hay amor por amor, amistada por amistad, hay todo eso solo a cambio del “dios” dinero. Ya se entenderá que para poder superar todos estos vicios enfermizos hacen falta hombres y mujeres de un nivel muy elevado de conciencia, que no sean movidos por vulgares intercambios de cuerpos y conciencias como mercancía, y decir como el viejo Sócrates, “Cuantas cosas hay que yo no necesito”. De esto depende en gran parte lo que seamos capaces de lograr, sin una firme ética personal, jamás podremos iniciar la construcción de algo verdadero e incorruptible. Para nosotros no son las migajas ni las sobras, nosotros que buscamos aquello que precisamente no se encuentra en los mercados.

Ya Basta

“Esta vez sin embargo, vendré como el victorioso Dionisio,

convirtiendo el mundo en una fiesta. No me sobra tiempo”

F. Nietzsche 

Ya no queremos ser madres de nuestra propia explotación, queremos ser madre de lo nuevo, de la vida libre, de los espíritus libres, de la vida natural, lo que nos proponemos es una guerra contra todo lo que nos domina, contra el padre todopoderoso, contra el patrón y todo lo que se le asemeje, contra lo que afea el mundo, contra lo vulgar y lo banal, contra lo insignificante que se disfraza de maravilloso. Estamos llamados a destruir  todo el aparataje de opresión que hace de nuestra vidas una larga y silenciosa destrucción de nuestro espíritu, de nuestra voluntad, el padre que queremos debe ser otro, otros con nuevos principios, con una nueva ética, con niveles de conciencia superiores, ese padre también nos toca ser nosotros mismos, no nos queda otra que ser como caballitos de Mar, reproducir en nosotros mismos esos nuevos principios de liberación, del obrar, del hacer. La sociedad actual nos obliga a actuar con rapidez o la destrucción nos esperará a la vuelta de la esquina, ya se lo decía una persona muy querida a alguien muy cercano “Las situaciones momentáneas no hacen a los hombres y mujeres valiente, lo hace un largo proceso espiritual”.

La revolución que deseamos debe comenzar por nosotros mismos, si quiere convertirse realmente en millones, lo demás solo serán idealismo mistificados. Ya no podemos seguir con la mentalidad del obrero, del proletario, no podemos dejar el diseño de nuestro destino a manos de otros,  a manos de los arquitectos del capitalismo, a manos de los ingenieros y diseñadores  del sistema de dominación, esta vez lo seremos todo, seremos los arquitectos, los ingenieros los diseñadores y obreros de nuestro propio futuro, de nuestras propias metas, nadie puede quitarnos ese derecho, nadie lo hará, a partir de ahora, nuestra agenda es la agenda de la libertad, de la libertad plena, de la vida vivida en todos sus aspectos, no seguiremos agendas que nos impongan desde los centros de dominación, nosotros crearemos nuestras propias agendas, nuestras agendas serán el programa que lleve a la destrucción de todo que obra por destruir nuestra potencia, lo que obra por destruir la esencia de nuestro ser, nuestra voluntad de poder se enfrentará contra los monstruos y no nos queda otra que salir victoriosos. La vida que nos espera no nos será regalada, las verdades que sabemos nos has costado casi la vida, nos has costado sufrimiento y desesperación, las hemos parido con dolor, pero nada comparable con el dolor de estar cegados ante  un mal que se apodera de ti sin tener la capacidad de advertirlo, hasta que ya tarde.

Esas verdades nos dan el impulso que necesitamos en el camino de la libertad, seremos tan fuertes como tan fuerte sea nuestro despertar y nuestro grito, el dolor de hoy será nuestra risa del mañana, convertiremos nuestro dolor en fuerza creadora, nuestra creación hará temblar y caer todo dominio que sobre nosotros esté, nos liberamos de toda atadura, de todas malas energías, de todo mal augurio, no pretendemos seguir haciendo el papel de estúpidos, que se burlen en nuestra cara, que piensen que somos unos idiotas, melancólicos soñadores, lo que vendrá será la pesadilla para lo que pretenden someternos, nosotros seremos los constructores de esa pesadilla, aún no saben lo que somos y de lo que somos capaces nosotros los que luchamos por la libertad, por el amor, por los grandes valores. Diremos con William Burroughs “Las armas más poderosas han sido siempre las nuevas formas de conciencia… la Inquisición y el poder de la Iglesia en la Edad Media no fueron derribadas por una acción revolucionaria directa. Su fuerza desapareció porque la conciencia humana se desarrolló más allá de ellos”.

Lo nuestro deberá ser una explosión de la inteligencia, del despertar, ya estamos hartos de todo lo que atenta contra nuestra felicidad, nos proponemos a derribar los valores mercantiles, nos proponemos a amar de otra manera, nos proponemos una vida donde prevalezca la solidaridad como bandera, estamos hartos de tanta suciedad, vamos contra todo el mal, ahora nos toca mover a nosotros las piezas, nuestra inteligencia no solo debe poner en jaque a todo el que trate de imponerse ante nosotros, sino que debe acabar con ello. Es hora de que aúllen, es hora que se acabe su tranquilidad y satisfacción, es hora de acabar con su engaño, es hora de quitar el velo oscuro, es hora de la potencia creadora, es nuestra hora, incendiemos las mentes con fuego creador, la vida nos espera, es la hora de nuestra risa, no nos sobra el tiempo.

Volvemos por todos los caminos!

#DondeEstáAlcedoMora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.