Francisco Prada: Luchar y reir hasta vencer.

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Francisco Prada, valiente ser.Juan Carlos La Rosa Velazco

Organización Wainjirawa

«somos la alegría y la vida, en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte»
Argimiro Gabaldón

“el bandido siempre se les desaparece entre la gente, porque todos lo protegen, todos los pobres con su trocha mágica por donde extiende su interminable fuga. Bandido.
José Quintero Weir

Lo conocí y le escuché en silencio un par de veces en el Zulia, estaba ahí por su solidaridad antigua con la lucha de los pueblos indígenas de la Sierra de Perijá contra la minería, con nuestra pelea. estuvo ahí antes que yo y que muchos de nosotros.

Fue el quién ordenó a los primeros que fueron, el coordinó esa tarea, orientó a la primera célula de trabajo en la Sierra que inició el camino que para siempre, caminamos otros ahora, los hombres que el envió se sembraron ahí los más consecuentes, ahí y en otra partes de la inmensa selva, otros no pudieron seguir, los quebró para siempre la necesidad de reconocimiento proveniente del mismo que los esclavizó.

El organizó las 1eras marchas de estudiantes que vinieron desde Mérida al corazón de Machiques a acompañar a los wayuu, barí y yukpa que se oponión a la explotación minera. Mientras tanto, su 1era célula seguía sembrándose  en la sangre de dos generaciones de luchadores dificiles y esquivos que hemos optado por la carne que nos hace antes de la idea vestida de traje alemán.

Luego, ya probado en batalla,un poco embriagado aún por la refriega, pude conversar con el, dos cartas llegaron de México, una para el y una para mí, y acordamos el encuentro en Trujillo, donde vivió hasta ahora. Me esperaba en el terminal y en su carrito viejo fuimos hasta un local del centro donde comimos y consultamos las orientaciones de la reunión por internet. La tarea que comenzó en esas líneas que leimos juntos ahí, con tropiezos y crisis inevitables en estos años, es la misma en que sigo asignado y al parecer me ocupará por mucho tiempo.

Nos sentamos a trabajar en el corredor de su casa, conocí a Laura, quién escuchó con atención todo lo que conversamos e intervino varias veces, vimos con sinceridad las contradicciones, y acordamos cómo coordinar. Por esos días Sabino se había decidido a ocupar junto a otros dirigentes yukpa algunas fincas aunque su nombre no sonaba en los corazones cómo ahora, nosotros estabamos en plena campaña por todas nuestras luchas y eufóricos, no veiamos cómo eramos socavados y desmantelados por la prevendas clientelares y por el inmenso e inimaginable plato de sobras que ya era la política social del Gobierno de Chávez.

El contraste de su observaciones y atenciones con otros viejos dirigentes me impresionó, la disposición de diálogo demostrada en el hecho de complementar con nuestras ideas sus concluciones o cambiarlas por completo me era inusual en gente de su edad en la cultura de la izquierda. Hablamos de los hijos de losp adres y de los abuelos, de historias familiares, de pobreza y de dignidad, nos escuchamos. Luego me hizo un recorrido por la casa circular y en la 2da planta me mostró un puente que se iba hasta la falda de la montaña. Me dijo: este puente siempre tiene que estar, uno siempre debe poder irse y dejarlo todo para poder comenzar de nuevo, guardando todo lo aprendido para trasmitirlo a los que vienen. las piernas deben mantenerse fuertes –me dijo dándose un golpe en el muslo derecho- para poder subir la cuesta de la montaña.

Por la tarde, luego de comer, el y Laura me llevaron a Escuque, para mostrame el pueblo y el lugar dónde el había nacido y había crecido, pareció un viaje sin propósito, me dijo al llegar ahí en una casita muy pobre nací yo y en esa otra nació Ramón Palomares. Al llegar a la Plaza central, recortada sobre montañas que parecieran asaltarla, me llevó hasta la estatua de pie que hay ahí de Bolívar y me pidió que diera la vuelta a la misma y leyera lo que estaba en una pequeña placa en la parte de atrás de la base. La inscripción decía tal vez así: «en este lugar en abril de 1830, el pueblo de Escuque reunido en asamblea, se negó a renegar del nombre de Simón Bolívar»

Todos ven al General Bolívar y no piensan en los que se quedaron atrás guardando el sable herrumbroso y las esperanzas, sin ellos no hay Bolívar. Laura iba de aquí para allá saludando gente y haciendo alguna compra.

Regresamos con poca luz hasta el terminal de Trujillo, el flaco conducía guiándose por el brocal de la carretera, porque las luces estaban funcionando mal, ibamos a 20 km por hora. Al llegar nos abrazamos y comenzó mi descenso solitario a la Cuenca del Lago.

Dos meses después me anunció después de varios intercambios telefónicos que iba a Maracaibo, y sin más estaba en la puerta de mi casa, en mi barrio. Lo que teniamos que hablar fue rápido y preciso y le pedí que guidado por uno de sus hijos visitara la casa de una compañera en la que había funcionado una casa de seguridad del PRV FALN en el barrio, esa familia, activistas del movimiento cultural y del trabajo barrial, habían sido maltratados y humillados por su dirección y tenían años, una vida, con la herida amarga que sólo la izquierda deja en nosotros, más despiadada y dolorosa que las que nos pudiera hacer el enemigo. Francisco de levantó decidido al escuchar  estas referencias y le dijo al compañero, llévame por favor para allá. No pude acompañarlo, pero sentí un fuego de respeto y confianza, de alegría en la formidable mujer con la que conversó aquel día.

Un tiempo después, que estuve asentado en La Ceiba, en la zona baja de Trujillo, cada vez que un hermano se desanimaba de compromiso, lo enviaba a Escuque a leer la inscripción detrás de la estatua, seguro entonces cómo seguro estoy ahora de la dimensión florecida de la palabra cuando es leida escuchada o dicha con el corazón.

Hace tres años hicimos el 2do encuentro de los de abajo en condiciones precarias y la Escuela Domingo Verde, fundada por el hermano desaparecido Acasio Belandria, nos dió cobijo. Hermanos de todo el Continente e indígenas de distintos pueblos de varias partes de la Cuenca nos acompañamos por tres días, Ahí estuvieron Francisco y Laura compartiendo con humildad las literas y discutiendo como uno más, con un profundo respeto por la palabra de los otros, riendose de sus «olvidos» con Laura cómo recordadora asignada, en distinción «dirigentes», intelectuales y académicos que no se quedaron a compartir el pan y la palabra agobiados por «incomodidades» insuperables para quién se qcostumbra a los eventos del poder.

Nos vemos flaco, espero ganarme no un reencuentro, sino una reencarnación en lo que nos ha quedado por hacer, saluda a nuestra gente por allá, vuelve en la brisa de la montaña, en la luz de la sabana, se brisa para quién vuelve cansado flaco. permíteme llorar un poquito en silencio, luego, que cante la sangre viva. luchar y reir hasta vencer.

el camino es el de las comunidades

#liberenARodneyÁlvaez

3 respuestas a Francisco Prada: Luchar y reir hasta vencer.

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