La Lucha de un militante: Misticismo y/o realización cultural

Categoría: foto plana |

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Por: aana Erëparu.

Al pueblo en lucha lo está matando su propia complejidad, la falta de espacios permanentes para el encuentro,hace que la militancia sea una carrera individual hacia el grado máximo de la perfección y el conocimiento. O en su defecto la militancia va reduciéndose a la audacia que UNO demuestre frente al poder constituído.

Los repuntes y declives de la política del estado gobierno chavista desde el 2002 a la actualidad nos han mantenido muy ocupados y confundidos, esa confusión amenaza con reducirnos a la marcha administrada oficialista, al volante del socialismo retórico y teórico, dejando de lado el análisis de lo que nos pasa como pueblo en lucha, un análisis que si lo asumimos podría significar el repunte del proyecto revolucionario, pero quizás no lo valoramos por vergüenza cultural o porque negamos el alma y el espíritu de la lucha anteponiendo el parámeto de las negociaciones con el poder.

El exceso de discusión exógena, la falta de inspección interna y el debate timorato y evasivo respecto a nosotros mismos no nos ayuda a optar resoluciones éticas que se confirmen en la práctica, nos estamos convirtiendo en chatarra social, sin un lugar que ocupar en la mesa de diálogo del poder y estamos a punto de cosechar un creciente desprestigio. Veamos hacia adentro, la complejidad y la diversidad que nos constituye no puede ser una justificación de nuestros desencuentros y errores.

A simple vista puede verse tres vertientes de una militancia que intenta animar la cultura de resistencia en estos tiempos y esas  vertientes hay que saludarlas, ya que: o resistimos o nos gana la política reaccionaria que siempre aprovecha el descontento de las multitudes para volver a imponer sus programas económicos depredadores.

En la cultura militante hay mucho desarrollo teórico al cual acudir, pero si esa teoría no se confirma en una práctica coherente, no hay militancia, ni lucha, ni cultura, ni un cebillo… en medio de muchas viscisitudes la práctica militante se expresa así:

El militante que lucha por las conquistas del socialismo del s. XXI: Son compañeros que cubren con un velo las derrotas del movimiento social en estos 14 años, y resaltan y embellecen los hechos desagradables en función de una ilusión: «estamos transitando al socialismo de manera pacífica» «somos referente latinoamericano».

El militante que quiere que el poder le financie la lucha: Son compañeros que sostienen un discurso rebelde pero se subordinan a la política de financiamiento del gobierno y el gobierno termina por moldear la práctica política de estos compañeros, sujetándolos a la planificación controlada del poder. Hay casos, en que estos compañeros han entendido que el discurso de la lucha tiene un mercado cautivo dentro de algunos ministerios y se han inclinado a vender proyectos que evocan luchas y los recursos obtenidos por esta estrategias son usados para ganar prestigio y ser un geto o una sucursal del poder en las comunidades.

El militante que quiere ser parte de una lucha autónoma y autóctona desde abajo: Compañeros que en gran medida formaron parte de la rebelión en la 4ta república y que tras fuertes decepciones o experiencias cuestionan sus propias cimientes y hoy buscan un referente más cercano al pueblo originario y campesino. Son una suerte de desclasados que intentan erigir iniciativas que prescindan de la dádiva gubernamental, aunque tengan que asumir la investidura de alguna institución para el reconocimiento de sus proyectos, que por lo general no llevan los nombres que pone el gobierno.

Como un punto y aparte: Entre tanta diversidad y las propias limitaciones para evaluar el alcance o la definición profunda de cada militancia, se encuentra el propio seno del pueblo oprimido: campesinos y obreros a destajo, conuqueros, indígenas, vendedores ocasionales, quienes abrazan su propia lucha para la sobrevivencia cotidiana y realizan la continuidad de una cosmovisión y un lenguaje propio de su condición social, algunos de ellos chavistas que salieron a la capital en el 2002 a defender su gobierno y otros discretos que no divergen en el debate nacional. Este pueblo oprimido que fue el que tomó la calle y rompió la vitrina aquel 27 de febrero del ’89 y con quienes nos identificamos y a quienes honramos en el discurso rebelde que nos pare, un pueblo oprimido que aún no le damos su justo reconocimiento por sus victorias alcanzadas: son los que frenaron al paquete económico, son los que resguardan las pocas semillas criollas que nos quedan en el campo, son los que preservan los idiomas originarios, son los que desarrollan un circuito de producción a escala humana que llamamos la verdadera soberanía alimentaria, son los custodios de los saberes de la sanación antigua, los que dieron refugio a guerilleros, los que realizan su poesía y sus canciones, no por militancia racional sino por necesidad, no porque es una opción sino porque así son. ¿cómo  y dónde refrendamos nuestra militancia cuya inspiración la constituye ese pueblo oprimido? ¿desde qué lugar seguimos planificando la lucha, cómo luchamos, por qué luchamos, cuáles son los principios que validan la coherencia de esa lucha? .

¿Nos vamos a negar el debate de estos elementos? ¿no vamos a reorientar nuestras luchas? ¿cómo mediremos las convergencias en el debate, mediante la dimensión de discursos eruditos o mediante la dimensión de una práctica cónsona con el pensar? ¿convergencias de facto o convergencias de Actas y escritos?

¿dónde están los hechos que le den confirmación a los principios de la lucha? o seguiremos repitiendo errores del pasado?

¿hemos avanzado  o solo hemos estado ocupando un terreno del chavismo que no queremos perder porque nos brinda consuelo frente a la derecha opositora? ¿se puede seguir la lucha social deslindando del chavismo? ¿cómo hacemos ara captar la realidad política que nos arropa, más allá del discurso de profesamos? ¿la lucha es una santidad que no se desmonta o es una realización social con desaciertos y rectificaciones?

lo que viene es la evolución de la política reaccionaria, ya está tocando sus cacerolas en los barrios y ¿qué estamos haciendo los que luchamos, si es que podemos hacer algo? Lo que ayer condujo a la opinión pública a simpatizar con las transformaciones y la  izquierda, hoy está generando un viraje horroroso a la derecha y no vemos ningún refugio, salvo algunas individualidades, por eso en la coyuntura actual nos plegamos al chavismo acrítico y a una lista de peticiones al gobierno.

#liberenARodneyÁlvaez

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