La lucha que viene II: Consideraciones para la definición de eso que llaman «momento histórico»

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José Quintero Weir
Wainjirawa-La Guarura

II. a.-amüiwammokarüanouatiyera we. (Sólo el mundo nos enseña bien).

Cuentan los añuu que, en noviembre de 2010, las aguas comenzaron a subir de una forma nunca vista. En breve tiempo, horas, por así decirlo, la creciente había rebasado niveles que de antiguo tardaba días en rebasar. Sin embargo -secunda el viejo Santos-, asentados en lo que sabíamos de las crecientes, dijimos que de ahí en más, las aguas no subirían. Pero, al día siguiente, ya el agua nos llegaba a las rodillas dentro de las casas.

-En casa las mujeres comenzaron a asustarse, media Julio, el constructor de barcos; aun así, nos quedamos, porque por experiencia sabíamos que de ahí en más el agua no podía seguir subiendo. Pero no nos quedó más remedio que subir todo lo que no queríamos se mojara y dormíamos en hamacas colgadas a buena altura.

-Yo esa mañana amanecí soñando que se había acabado el mundo, terció en la plática Catingo, transportista de turistas en la laguna. Todo se había vuelto como al principio, nada de tierra quedaba y el agua había llegado al nivel de las nubes, y yo, desesperado, sólo pensaba, en el sueño, que mi hijo recién nacido estaba sólo en la hamaca y ¿quién lo ayudaría a nadar en un mundo de agua? Entonces me desperté y vi que el agua había cubierto toda la hamaca donde dormía porque ya se llegaba casi hasta el techo del palafito.

-Bueno, ahí fue que mientras todos recogían  lo que podían para abandonar la casa, yo me fui a canalete río arriba, para ver qué le pasaba al río allá arriba -dijo Santos- porque yo, que tengo ya como…qué te digo, como más de 20 años (en verdad Santos sobrepasa los 80 años pero a él la cifra 20 le parece gigantesca, pues, el tiempo añuu es de otras cifras*), yo nunca vi una creciente así en la laguna. Y me fui hasta lo más arriba del río que pude y, te digo, el río era otro, yo ya no lo entiendo.

….0….

Tomamos estos segmentos de testimonios de conversaciones generadas luego de la gran inundación que, ese año de 2010,momentáneamente desapareció, por primera vez en su historia, la población añuu de la Laguna de Sinamaica. Lo hacemos, para poder explicar, desde la perspectiva territorial añuu, eso que la teoría social, el pensamiento crítico y las ciencias sociales en general, consideran esencial para la definición de eso que llaman “momento histórico”: la relación entre lo particular y lo general; entre lo local y lo global, o más epistemológicamente hablando, entre la parte y el todo.

Así, debe quedar claro que la comunidad añuu, a lo largo de su historia, ha sido suficientemente capaz de generar el preciso conocimiento del espacio territorial que ocupan, que les permite saber y actuar en todo tiempo, sea éste de sequía o de creciente (grandes o pequeñas), pero siempre estacionales, en medio de las cuales se sobreponen y resuelven sus problemas materiales de existencia en acuerdo a una armonía con el mundo, esto es, una comprensión de la palabra del mundo cuando éste habla (la creciente), o calla (la sequía).

Sin embargo, la inundación de noviembre de 2010 resultó incomprensible para el conocimiento históricamente producido por la comunidad de las aguas. El río, tal como bien dice Santos, no hablaba o, hablaba en otros términos que él, con más de…20 años de transitarlo, vivirlo, compartirlo, ya no lo comprende, ya no lo entiende; porque, en efecto, sabe Santos luego de todos sus 20 años de vida que, el río no es más que: “eimma”, esto es, “aliento de la tierra” o, por mejor decir, “el marido de la tierra”, pues, es su corriente la que con su constante fluir la penetra con su vital líquido y, permanentemente sedimenta en ella sus nutrientes que hacen posible la vida de todas las comunidades: plantas, animales y humanas, a lo largo de su penetrante recorrido. De tal manera que, para cualquier añuu, el río es un abuelo cuya esposa es la tierra que nutre o, ayuda a nacer con su corriente, tierras que el ecosistema del manglar teje en el telar del agua de la laguna y, es en ese telar, donde se anidan todos los animales que en tiempos de sequía se convierten en la proteína necesaria a la subsistencia de la comunidad;por lo que, en fin de cuentas, el río no puede ser sin su complemento: la tierra, y, ambos, ya en tiempos de sequía o de creciente, representan o ejercen un hacer que siempre será complementario de todas las otras comunidades: vegetales, animales o humanas.

Hasta ese momento, hay que decirlo, a los añuu, la explotación minero-carbonífera en la cuenca del río Wasaalee (Guasare) (Ver Mapa Nº 1), no les parecía tuviera que ver con su propio espacio territorial de la Laguna de Sinamaica y el Lago de Maracaibo que, por demás, desde comienzos de siglo XX habían perdido de manera definitiva como su dominio territorial, pues, a partir de ese momento y hasta el presente, fue asumido como propiedad de los beerrnadoran (en lengua añuu: los del gobierno, los del Estado), y no de las poblaciones de pescadores artesanales, ya que había sido cuadriculado y concesionado a transnacionales del petróleo. Así, el espacio territorial total de un pueblo originario, en el que éste podía desarrollar su economía de subsistencia, pasó a ser controlado totalmente, por una supuesta sociedad nacional a través de su principal órgano de poder: el Estado-nacional.

En este sentido, el argumento del Estado-nación se sustentaba en la idea de, ¿cómo podía atreverse una minoría de dudosa pertenencia real o identitaria a la sociedad nacional, pues, eran analfabetas e incultos; hablaban otra lengua, por tanto bárbaros o salvajes que, además, sólo se dedicaban a producir para sus familias sin pensar en la totalidad nacional?; por ello, ¿cómo ceder un territorio que, por demás, la República-Estado-Nación había heredado de los conquistadores (y que lógicamente, los indios habían previamente perdido; por tanto, ya no les pertenecía), pero donde además, se descubría una riqueza que “podía beneficiar” a toda una nación a través de su Estado-nación? Entonces, ¿cómo no despojar de tal territorio a unos elementos desprovistos de cualquier sentido de propiedad? Al final (más de un intelectual justificó y, aún hoy lo hace), les estamos haciendo un favor, pues, ellos, en su ignorancia, de seguro lo entregarán a cualquiera. Dicho sea de paso, en el contexto actual de la “revolución bolivariana”, uno de sus ideólogos fundamentales: Luis Britto García, ha insistido en este aspecto para sustentar la idea que permite el último despojo territorial a los pueblos indígenas, esta vez, por parte del Estado-gobierno de Chávez (vivo y, aún, muerto).

Pero, son tantas las cosas por decir y discutir que, resulta fácil y, por eso mismo de cuidado, desviarnos en lo que pretendemos en esta palabra que decimos y, es eso, lo que no queremos precisamente: desviarnos.

El hecho es que en 2010 y luego en 2011, la laguna de Sinamaica (parte del territorio añuu) y la casi totalidad de la Guajira, sufrió los embates de inundaciones nunca antes vistas y, por tanto, incomprensibles al pensamiento y al conocimiento que, luego de miles de años de habitar esos espacios, añuu y wayuu no encontraban palabra con qué traducir la palabra del mundo, pues, a su parecer, el mundo, definitivamente, habla otra lengua, y, esto sí que es importante, ya que, cuando Santos, el más viejo que entre losañuu de la Laguna de Sinamaica aún es capaz de pescar con arco y flecha, cazar babillas con wakeeta, o entrar a la selva del manglar a tomarle huevos al caimán, dice que ya no comprende la lengua que habla el mundo, se trata de un aspecto fundamental en la definición del “momento histórico” para la lucha de su pueblo, pero también para todos los pueblos: indígenas y no indígenas.

Por eso, en medio de nuestra conversación inicial, propiciada inmediatamente después de que las aguas bajaron y todos volvieron a reocupar los despojos de casas; nos hicimos preguntas como:

a)      Jarüeimmawatuchaakawarüchakar? ¿Quién es el río-abuelo que hace nuestra laguna?

b)      Arükeetüwouktaanamojüwuinan? ¿Por qué nos mata con sus aguas?

c)      Añun we, añunwuinkan we, jütaapewa?Somos añuu, somos gente de agua, ¿acaso él no lo sabe? 

Las respuestas a estas interrogantes fueron algo como esto:

a.- Nuestro río-abuelo-padre fue partido en su cabecera (esto dijo Julio, el constructor de barcos).

b.- Sí. La mina del Guasare cortó el río, se tragó a su esposa, porque no dejó monte en su cabecera; prácticamente, le cortó el pito al río y la tierra quedó como puta, mujer de todos y de nadie (esto dijo Catingo, el transportista de turistas).

c.- Quise ver si entendía lo que nos quería decir el río y, no entendí; es porque estaba arrecho también con nosotros, por no entender (esto dijo Santos, el más viejo de todos).

…0…

Así, por primera vez, los añuu entendieron que aquello de la explotación minero-carbonífera que, según la palabra dada que de entrada les dio el Estado-gobierno de la época, sólo afectaría a algunas comunidades wayuu ubicadas en la zona y que, éste mismo justificaba como las lamentables consecuencias de una acción puntual en un espacio determinado pero que, en efecto, estaba muy lejos del territorio añuu, pero de cuyos extraordinarios beneficios, tanto los añuu como los wayuu, saldrían “absolutamente” beneficiados a través de: escuelas, hospitales y carreteras.

Ciertamente, así ha sido: hoy hay muchas escuelas destinadas a enseñar que la cultura indígena debe integrarse a la cultura del Estado-nacional para ser una sola cultura “venezolana”, si es que quieren sobrevivir.

Hoy hay más hospitales y muchas más prohibiciones sobre las costumbres de la medicina tradicional, sobre todo, para la prohibición de las parteras, pero también para atender los accidentes provocados por los inmensos camiones que, a toda velocidad, transportan el carbón desde las minas del Guasare hasta los puertos de embarque en Santa Cruz o San Francisco; finalmente, hoy hay más carreteras en la zona, no precisamente para que los wayuu transporten los frutos de sus siembras, pues, luego de 30 años (10 más que los 20 que Santos supone que ha alcanzado a vivir) de explotación carbonífera a cielo abierto, el polvillo del carbón ha liquidado la capa vegetal de todas las tierras cercanas a la mina y a la vía de transporte del mismo; es decir, ya no hay frutos que transportar y todos los wayuu que antes lo sembraban y cosechaban, han tenido que desplazarse a la ciudad de Maracaibo y convertirse en vendedores de helados, y más recientemente, de bonice, pues, sus tierras, antes productivas, ahora son sólo predios donde muy poco o nunca llueve, y, cuando llueve, sólo produce incontrolables inundaciones generadoras de miseria y hambre donde antes el agua era la vida.

En fin, en nuestra plática entendimos lo que siempre hemos sabido pero que, el poder de los de arriba nos llevó a desentender. Por lo que debemos reconocer que quien perdió el camino fuimos nosotros, pues, los de arriba tienen muy bien trazado su camino que, ciertamente, nunca será el nuestro.

Pero, también en esa plática pareció que todos entendimos, o, por lo menos pareció quedar claro que, cuando el Estado-gobierno habla de afectar a un pueblo pero no a otro, es lo mismo que decir que siempre nos afectará a todos porque un pueblo, cualquier pueblo afectado por la ambición del Estado-gobierno y los del poder de arriba, siempre se convertirá en la ruina de todos los de abajo, seamos o pertenezcamos al pueblo que sea.

Sin embargo, inmediatamente vinieron las palabras de Chávez señalando que el desastre era producto de un cambio climático que escapaba a la acción preventiva del gobierno, indiscutiblemente generado por el imperialismo (y no estaba diciendo mentira); pero que su gobierno tomaría las medidas para recuperar todas las casas añuu con casas nuevas (y, ciertamente, esto era lo inmediatamente necesario de hacer). Por esta vía, Chávez convertía al cambio climático en algo así como propio de la naturaleza, es decir, naturalizó el desastre, sobre todo, porque jamás llegó a vincular el desastre, efectivamente propio de un cambio climático provocado por la economía capitalista y su depredación de la naturaleza de la cual las minas a cielo abierto de las cabeceras del río Guasare forman parte. No podía decirlo, pues, por el contrario, años antes había inaugurado una fábrica de explosivos para uso exclusivo de las compañías mineras para la continuidad y profundización de las minas a cielo abierto en toda la Sierra de Perijá.

Por supuesto, luego de las palabras de Chávez vinieron los “representantes indígenas del Estado-gobierno de la revolución”, los directores de las ONGUES ecologistas beneficiarias del Estado-gobierno y todas las fuerzas organizadas a través del partido del gobierno, y, todos a una, en una concertada acción contrainsurgente, no sólo vinieron a dirigir, distribuir y ejecutar las obras de construcción de las nuevas casas (siempre generadora de beneficios económicos vía corrupción, a los burócratas) que, no sólo sustituyeron a los propios añuu en la construcción de lo que milenariamente ha sido su creación cultural más importante: el palafito, sino que esto no podía hacerse sin justificar que: los muertos, muertos están, y que sólo la continuidad de la explotación minera y, aún más, su ampliación, garantiza el ingreso de divisas que hacen posible, no sólo la construcción de esas casas, sino mitigar el hambre de todos los pobres del país, y, como quiera que los pueblos indígenas son la minoría entre todos los pobres, hay una mayoría de pobres por los que el Estado-gobierno debe velaraún por encima de la vida de los pueblos indígenas.

Así, los añuu vieron sustituir sus palafitos por casas que ahora construye una contratista, pero nuevamente, en 2011, la inundación regresó con la misma fuerza, y se seguirá presentando, sobre todo con la proyectada ampliación de las minas del río Guasare a  río Socuy y río Mache-Cachirí. Al mismo tiempo, los añuu han terminado siendo convertidos en transportistas de gasolina de contrabando que el Estado-gobierno y los grandes medios denominan despectivamente: Bachaqueros, es decir, contrabandistas, enemigos de la patria porque “supuestamente” desangran al país, aunque el negocio lo manejan elementos de las mismas fuerzas armadas, militares y Guardia Nacional en conchupancia con sectores armados del lado colombiano (guerrilla y paramilitares), es decir: en el negocio de enriquecerse mediante el despojo, para nada entran consideraciones ideológicas.

En fin, lo que pretendemos señalar en este aspecto para la definición de eso que llaman “momento histórico”, necesario para diseñar una estrategia de lucha desde nuestra autonomía es que,el presente momento es, sin lugar a dudas, final para los pueblos indígenas, ya que el ataque que los proyectos previstos por esa economía diseñada desde la dependencia del Estado-gobierno-nacional o su supeditación a lo que ellos llaman economía global en función de obtener ingresos que les permitan distribuir en gotas,como salidas de una regadera, la asistencia que permita mantener vivo al pobre que, en su lengua la recibe SE EDIFICA SOBRE LA DESAPARICIÓN DE LOS TERRITORIOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS.



* Los añuu cuentan hasta cinco, que son los dedos de una mano. Una mano es un hombre y la mano del otro es su necesario complemento. Dicho de otra manera, mi mano me hace un hombre y la mano del otro es lo que me complementa y, así, mi mano y la del otro es la que va conformando a la comunidad.

ver entrega anterior: http://laguarura.org/?p=12989

#liberenARodneyÁlvaez

3 respuestas a La lucha que viene II: Consideraciones para la definición de eso que llaman «momento histórico»

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