Homenaje A Enrique Maza Carvajal

Categoría: Agenda |

 

enriquemcCEME (Centro de Estudios Miguel Enriquez)
*Extracto del libro, Camarada Enrique, de Cris
González

Dedicado a su familia, a sus amigos,
y a la valiente juventud de los años setenta…

El 12 de septiembre del año 2006 se cumplen 33 años del asesinato del estudiante venezolano de 22 años, Enrique Antonio Maza Carvajal, “pellizco” victima de la violencia desencadenada por el dictador Augusto Pinochet en contra del gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende.

Damos a conocer a chilenos, venezolanos y latinoamericanos su biografía después de un trabajo de recopilación que lleva más de seis meses y que se concretara en el mes de diciembre en un libro y más adelante en un documental.

La defensa del internacionalismo proletario fue una bandera que levanto Enrique, al igual que muchos otros compatriotas, y que lo llevó a exhalar su último suspiro al lado de los trabajadores chilenos, en cuyas filas se plantó como uno más.

Hoy queremos rendir un sencillo homenaje a la figura de este joven, que murió defendiendo los ideales de justicia, libertad, igualdad y los sueños de una patria grande.

Enrique nació bajo el cálido cielo Monaguense, al Oriente de Venezuela, en Aragua de Maturín, su madre Jesusita Carvajal de Maza, había parido un varoncito el 14 de diciembre del año 1950. (según la familia, el niño habría nacido ese año, pero por errores del registro civil en su cedula aparece como nacido en el 1949). Era el cuarto hijo de la pareja formada por la maestra de escuela Jesusita y José del Carmen Maza Mérida, comerciante en un abasto cercano a la casa familiar, que ya tenían a los hijos mayores José, Lesbia e Isabel “Maria Isabel” y los menores Jesús “mingo” y Maria Auxiliadora “chilin”

En ese mismo pueblo y bajo el ojo estricto de ambos padres, aprendió a leer, escribir, sumar restar, soñar y vivir en colectivo. Su niñez transcurrió feliz entre los paseos campestres, los juegos callejeros, las escapadas y los pequeños romances de juventud.

Curso la educación primaria en la escuela “Cacique Taguay”, donde hacia clases Jesusita, ahí termina como el mejor alumno del plantel. Luego ingresa a estudiar la educación secundaria en el Liceo Miguel José Sanz de Maturin, en este liceo también se destaca como el mejor alumno de la promoción. Debía viajar una hora y media diariamente para llegar al liceo, esto reforzó su constancia y perseverancia.

Su graduación como bachiller se produce a fines del año 1967. Fue también testigo de la masacre del liceo Sanz, ocurrida en Maturín en el año 1968, donde mueren vilmente asesinados los estudiantes Guerra y Millán.

En el año 1968 se matricula en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela y se incorpora a las bases del entonces partido de Izquierda, MIR.

La familia Maza se traslada el año 70 a vivir a la ciudad de Cumaná buscando mayor cercanía con los hijos mayores que se encontraban estudiando en Caracas: José estudiaba Medicina, Isabel Sociología y Enrique Ingeniería.
La necesidad de organizarse:

Enrique comienza a organizarse políticamente desde la adolescencia en su natal Aragua de Maturín, lugar desde donde salen también Américo Silva, Simon Saez Mérida y otros familiares suyos de destacada trayectoria política, a militar en las filas de la Izquierda Revolucionaria.

Desde su llegada a la UCV Enrique se siente atraído profundamente por el ambiente de rebeldía que se vivía en el recinto universitario y que irradiaba a toda la sociedad. Es así como inicia su mayor actividad política y social en Venezuela, en contacto con sus compañeros de carrera en el año 1968 con dieciocho años de edad.

El mayo francés y el golpeteo incesante de la juventud de los setenta

La Venezuela de finales de los sesenta e inicio de los setenta era un torbellino de ideas políticas y revueltas sociales. Hacía poco más de una década que una rebelión popular había derrocado al último tirano con uniforme que tuvimos. Luego vinieron los de cuello y corbata.

La generación del setenta estuvo marcada por un compromiso con las luchas sociales. Un gran numero de integrantes de esta se enfrentó a las autoridades instituidas en el país, en protesta por la violencia de la represión contra los movimientos sociales y guerrilleros. Y es que el impacto de la Revolución Cubana, germinaba en ellos, la rebelión que derroco a Pérez Jiménez, la rabia contra la injusticia constituida en gobierno, y otras tantas razones llevaron a esta generación a erigirse como unas de las mas comprometidas con los destinos del país.

A finales del 68 y principios del 71 la propuesta de Renovación Universitaria y la autonomía estudiantil pusieron en crisis al sistema universitario venezolano. El Presidente Caldera cerró la máxima casa de estudios con la intención de crear el caos y chantajear a la sociedad con este tipo de prácticas reaccionarias que hicieran abortar el movimiento.

Este proceso transcendió las calles y hogares venezolanos. Al grito de Renovación Académica, se ubicaron sectores importantes de la sociedad venezolana, fundamentalmente el universitario. Este fue resultado de la convulsión mundial de esos años, la solidez de la Unión Soviética, las protestas norteamericanas contra la guerra en Vietnam, el Mayo Francés, la Revolución Cubana, entre otras que hicieron que los jóvenes venezolanos consideraran posible cambiar el mundo tomando cada espacio que les correspondía.

Las reivindicaciones principales fueron: paridad en los consejos de Gobierno, el rediseño de los pensum y programas de estudio, y mejoría en la calidad de los conocimientos impartidos, entre otras.

Los sectores oligárquicos venezolanos incluidos políticos, eclesiásticos, mediáticos, militares, coincidían en que este proceso significaba una amenaza al orden que proponía el pacto de punto fijo.

La universidad es cerrada y expulsados muchos de los estudiantes, varios de los cuales fueron perseguidos por organismos de seguridad, asediando y amenazando hasta lograr sacarlos del escenario político nacional.
Luego de las protestas que encabezaron los estudiantes de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, en el año 70, las autoridades universitarias en concordancia con el gobierno, emiten un decreto de expulsión de un número importante de jóvenes. Entre ellos Diego Uzcátegui, Enrique Maza, Wanda y Raúl Colmenares, Pastor Martínez, Elena Amaro, Marcel Roo, Juancho Lacorte, Toño Ferrer, Alfredo Rodríguez, entre muchos otros.

Destino: el Chile de Salvador Allende
Algunos jóvenes expulsados o no habían decidido irse a Chile a estudiar acatando el llamado del compañero Allende, entre ellos también figura el actual Embajador de Venezuela en Bolivia, Julio Montes. En Chile tendrían la posibilidad de continuar estudiando y en socialismo. Enrique toma la decisión a ultima hora de viajar a Santiago, su destino inicial era Cuba.

El proceso de Unidad Popular que encabezaba Allende resultaba atractivo para los jóvenes latinoamericanos, para la fecha -del 71 al 73- en Chile se registra la mayor migración de jóvenes y adultos idealistas latinoamericanos.

Enrique sale de Caracas el 14 de julio de 1971 y luego de tres escalas llega a Chile el 15 de julio en horas de la noche.
La vida había cambiado, y para siempre seria distinta. A todos les invadía una especie de abandono y expectativas, que los acompañará por bastante tiempo. Muchas penas fueron vertidas en las noches de la bohemia santiaguina cuando en el barrio Brasil o en la Alameda a la orilla de los bares abarrotados de trabajadores, estudiantes e intelectuales compartían el vino navegado y las impresiones del gobierno de la Unidad Popular

Llega a vivir a la calle Matucana donde tres de sus compañeros Alfredo Juancho y Marcel Roo, ya habían alquilado habitación con cuatro camas. Luego de ese lugar se traslada a otra casona ubicada en la misma calle, pero más amplia y económica que la anterior. Finalmente alquilan un departamento en la remodelación San Borja, donde vivirían hasta el día del golpe.

El 19 de julio, Enrique envía una larga carta a su madre explicando: …”Espero que hayas recibido mi carta anterior y varias postales muy bonitas que te puse desde Bogotá, Quito y Lima… yo quisiera que me perdonaran lo que hice … por encima de todas las cosas, … ¿pero qué podía yo hacer?. … lo que hice fue en un arrebato de ira y de desesperación porque me daban 15 días y si en 15 días no desaparecía y ellos lo sabían…bueno es para llorar yo sé que el tiempo borra muchas cosas y así se olvidarán de mi…”.

En la misma misiva señala: …”Aquí he tenido mucha ayuda en todos los sentidos. Cuando llegué al aeropuerto habían algunos venezolanos que me estaban esperando ya me tenían un sitio para vivir”… …. Estoy en una pensión como las de Caracas vivo en el 2o piso”.

“En el aeropuerto no me registraron el equipaje cuando dije que era estudiante, aquí son muy respetados y considerados gozan de muchos privilegios y se nota que son algo bastante especial del país”

…”Comencé a partir de ese momento a vivir como en otro mundo”
Según el análisis de algunas de las cartas que se han podido recuperar, que en sí, son un resumen de las vivencias y de la madurez con la que afrontó cada situación que se le presentó, su llegada a Chile en el año 1971 significa una decisión personal, motivado fundamentalmente por cuatro razones:

  1. La expulsión de la UCV
  2. La inminente detención. Según una carta escrita a su familia, y una

confidencia realizada a su hermano Mingo le habrían amenazado con detenerlo si no salía del país en 15 días. Además, en alguna oportunidad le expresa a algún compañero sus angustias por el asesinato de su pariente, Américo Silva y la detención de varias personas vinculadas a él. Existía una persecución real contra los luchadores de esos años.
3. Su vocación por los estudios y su compromiso con la familia de terminar la carrera de ingeniería por sobre todas las cosas.
4. El interesante proceso político que se vivía en Chile y que motivo la presencia en ese país de cientos de jóvenes latinoamericanos.

Aunque breve, su vida estuvo dedicada a cumplir los sueños libertarios que movieron cada uno de sus impulsos.

Fue aceptado en el 7o semestre al cual ingreso en el segundo periodo del año 1971. A la vez que inicia sus estudios con entusiasmo, también se incorpora al trabajo político.
Dos organizaciones concitan su interés: el MIR y el MAPU. Se incorpora de manera activa a las bases de ambas organizaciones. Se encanta con la propuesta de los trabajadores y acude a solidarizar en su lucha al frente de los cordones industriales. En este camino también transitaban Pastor Martínez, Marcel Roo, Juancho, Diego Uzcategui, entre otros.

Cuando fue levantada la sanción a los expulsados de la universidad y se dicta una amnistía para los perseguidos políticos, a Enrique le llega la posibilidad de regresar al país. Sin embargo, toma la decisión de quedarse en Chile y anuncia su regreso para el año 74.

Tenia una relación estable con su novia Clarita, le iba bien en los estudios, estaba realizando su practica profesional en Lan Chile y Laboratorios Geka, militaba en la revolución chilena, por lo que no se planteaba la posibilidad de volver ese mismo año. El 16 de noviembre de 1972 escribe a su hermana Isabel: “… Otra cosa es lo respecto a los líos de acá, fueron 26 días de huelga donde participaron los profesionales, médicos, ingenieros, etc., el comercio, algo así como fedecámaras, los dueños de camiones, fue algo que conmovió toda la estructura del gobierno, pero no lo debilitó porque surtieron un efecto contrario al planeado que yo creo que era provocar una crisis institucional, crear un vacío de poder que tenía que llenarlo el ejército…”

LOS ULTIMOS MOMENTOS

El lunes 10 su novia lo había visto por última vez, durante toda la tarde, se despidieron y quedaron de encontrarse el día siguiente en la Escuela, ambos eran compañeros de carrera. El martes 11 de septiembre de 1973, ya llevaba varios días apoyando las guardias de los trabajadores y combinando con los estudios y la practica profesional. A las ocho de la mañana comenzó el golpe.

Esa mañana se levanto mas temprano de lo usual, alertado por el aviso de movimientos de tropas en Valparaíso. Fue a la universidad y al no encontrar a ninguno de sus compañeros para ofrecer resistencia, toma un bus de regreso a la Calle Vicuña Mackenna, es en ese lugar donde se encuentra con un compañero venezolano, Enrique Ortiz, quien lo conmina a irse a la Embajada puesto que “ya no había nada que hacer”. Enrique Maza le responde a su tocayo “no, yo voy a los cordones de Vicuña Mackenna, tengo compromisos con los trabajadores y ellos creen que esto se puede revertir”.

En realidad era la idea de la resistencia, la dignidad la que mantuvo en pie a los cordones, puesto que era un ejercito de trabajadores, estudiantes y pobladores, desarmados, solo con la convicción de que podrían ofrecer resistencia a la maquinaria golpista que recién mostraba sus primeras acciones la mañana del 11, hasta que llegaran las armas prometidas.

Según una carta donde su novia le explica a Maria Isabel lo ocurrido, en diciembre de 1973 “…Empezaron a hacer llamados por la radio que todos se fueran a las industrias y centros de trabajo … No pude quedarme en casa y partí a buscar a Enrique, no sé por qué, pero había algo que me hacía buscarle. Antes había ocurrido lo mismo con el Tancazo, pero no tuve miedo y esperé pacientemente noticias de él. Pero ese día no podía. Primero fui a su departamento, pero no contestó, luego fui a la Escuela, ya se la habían tomado y él no estaba, se me hacía tarde y tuve que volver a casa desesperada.

“Esperé todo el día noticias, pero no se comunicaba conmigo, además de no saber lo que estaba pasando, porque a esas alturas ya no había información; sólo se escuchan los sonidos y balas y bombardeos, y lo peor era que había toque de queda y no podía salir. Finalmente, al anochecer me llamó por teléfono y dijo que se encontraba “vivo todavía”, que no me preocupara porque estaba en un lugar seguro y que todos sus amigos estaban bien, le pedí que me dijera dónde estaba, pero se negó, tanto insistí que dio el teléfono y mencionó un sitio llamado Zeus. Me pidió que escuchara radio por si llegaban a hablar y dar alguna información en FM porque ellos no tenían. Luego de colgar busque esa industria, la encontré, pero me asustó mucho más al ver su ubicación; estaba en el cordón Vicuña Mackenna y seguramente era donde debía estar concentrado la mayoría de los militares, entonces comprendí por qué se había negado a decirme dónde quedaba”….

…”Pasó como una hora y escuché la muerte de Allende y lo llamé, dijo ya saberlo. Dijo que me llamaría a la mañana siguiente que iría a mi casa”.

La desesperación, el desasosiego, la rabia y la impotencia se habían apoderado de cada uno de los hombres y mujeres que protegieron con sus vidas las fabricas, las calles, los hogares del Santiago del 73.

Vieron avanzar los tanques, cerrar las radios, iniciar los bombardeos de la moneda, asesinar gente… y escucharon el último discurso del compañero Allende. Con las manos apretadas y los dientes apretados, con el llanto resbalando por el rostro ….. Resistieron, entre unas y otras fabricas del Cordón Industrial, hasta que a media noche una ráfaga de ametralladoras invadió las propias puertas de la empresa Luchetti, donde se habrian reunido los combatientes que quedaban resistiendo…

Uno a uno fueron sacados con la más cruel violencia, desnudados, torturados, los acostaron en el húmedo y frio suelo. Trataron de quebrar la moral de los allí detenidos.

A enrique lo increpa un militar que le grita “tu cubano, corre” Enrique habría respondido que era Venezolano y no cubano, y que no correría, entendiendo que le seria aplicada la “Ley de Fuga”. Sin embargo, es obligado a salir de la fila, se le coloca contra una pared y le descargan 18 tiros de ametralladora. Su cuerpo es arrojado frente a la fabrica de pastas Luchetti, desde donde fue trasladado al Instituto Medico Legal ubicado en la zona de Independencia.

“Miércoles 12: Esperé toda la mañana que me llamara y no lo hizo, luego llamé yo, pero nadie contestó. Seguí llamando todo el día con el mismo resultado. Había toque de queda todo el día. Jueves 13: Continúo el toque hasta las 12 y se reanudó a las 18 hrs. Se prohibió ir a la zona céntrica, pero Enrique vivía en esa zona, así que fui a pesar de la prohibición. No había nadie en el departamento” cuenta Clara en su misiva.

“Viernes 14: No me avisaron de nada y volví a ir donde Lenin, pero ellos no estaban. En ese momento yo no tenía ninguna persona para poder encontrarle y volví desesperada. En la noche me llamaron de la embajada y me dijeron estar asilados todos, menos Enrique, pero que no me preocupara porque se creía que estaba bien”. “Sábado 15: Salí a la calle y me encontré con un venezolano que sólo conocía de vista, lo paré y le pregunté por Enrique y él me dijo que estaba muerto”. …

”Salí a buscarlo. Primero fui al hospital, luego al estadio, pero no recibía ninguna clase de información segura, sólo que no estaba y tenía que esperar horas para esa respuesta” “Domingo 16: Busqué en los regimientos, pero tampoco me dijeron nada”. “Lunes 17: Ya no tenía donde ir, porque no sabía dónde estaban los muertos, así que fui al diario, tenía un pariente y él me aconsejó que no siguiera buscando más porque ni siquiera ellos sabían. Me dio un solo dato que fuera a buscar a los cementerios y les rogara que me mostraran las listas de los enterrados. Fui allí y no figuraba.

“En el cementerio me dijeron que viera en la morgue podría ser que todavía se encontrará en el depósito de cadáveres. Partí inmediatamente y lo encontré, pero no tuve valor para reconocerlo.

Luego fui a buscar a los muchachos, pero ellos ya se habían ido, gracias a Dios estaba Toño. Más tarde hubo que hacer una serie de de trámites que duraron días para poder sacarlo de allí. Lo vi antes que lo sacaran de allí y lo depositaran en la urna, su estado era deplorable” …

“Con las personas que he conversado, todas dicen lo que otras les dijeron. Hay confusiones en los sitios, algunos dicen que fue en IRT (otra industria del sector) yo sé que es imposible que haya llegado hasta ese lugar, son sectores distantes del lugar donde se encontraba y la zona demasiado vigilada. Otros dicen que fue en Tisol que es lo más probable, son lugares vecinos a Zeuz”..

.”Quedan muchas dudas. ¿Por qué estaba allí?. Según él cooperaba o ayudaba al partido socialista. Ese día seguramente …. obedeció las ordenes de Allende”. “Había días que él se quedaba en las industrias de noche y qué hacía allí, no sé. Según él se temía un golpe y por eso se quedaba”.

Clarita, acompañada de Toño Ferrer y Elena Amaro inicia los trámites para repatriar los restos de Enrique. Lleva la noticia a la Embajada y desde allí al hogar de la familia Maza.

La noticia, sin embargo, fue ambigua en un principio “habría fallecido un joven de apellido Meza” lo que confundió a la familia de Omar Meza, cuyos padres también sintieron la desesperación y el dolor de los Maza en la primera hora del anuncio. Esta información fue aclarada en breve.

El cuerpo de Enrique es transportado a Caracas el 29 de septiembre, desde donde seria trasladado hacia Cumana, bajo grandes medidas de seguridad.

Es su hermana Isabel quien junto a Simón Sáez Mérida, y José Vicente Rangel, tuvo la dolorosa misión de tramitar ante el Ministerio de Relaciones Exteriores la entrega y traslado del cuerpo a la ciudad de Cumana. En el avión viajaría además una veintena de miembros de la Disip.

La instrucción entregada a Isabel en el Ministerio por supuestos “funcionarios” era que el cuerpo de Enrique no podía ser velado sino que debía ser sepultado de inmediato. Al llegar a cumana el avión era esperado por centenares de estudiantes y personas de la comunidad conmovidas por la terrible noticia. Es su hermano José, médico, quien revisa el cuerpo del joven, comprobando los impactos de bala, lo crecido de su barba… el asesinato del hermano.

El 30 de septiembre fue sepultado en el cementerio general de Cumaná. La prensa local reseño la muerte de Enrique, se le rindieron homenajes en las universidades, liceos. Su familia y en especial sus hermanos, así como sus más cercanos amigos, mantienen vivo su recuerdo.

El olvido no logró arrancarnos la vida de Enrique, y hoy lo levantamos en un homenaje a todos los estudiantes de izquierda, a los internacionalistas, a los luchadores que han forjado este sueño de revolución que hoy construimos entre todos.

¡Honor y gloria a Enrique Maza Carvajal!

*Extracto del libro, Camarada Enrique,
Por el rescate de nuestra memoria histórica —————————————

Información disponible en el sitio ARCHIVO CHILE, Web del Centro Estudios “Miguel Enríquez”, CEME:

http://www.archivochile.com

 

Carta de Guillermo Orrego Valdebenito, dibujante técnico, que trabajaba eb la fabrica IRT, donde fue hecho prisionero y luego asesinado el joven venezolano.

En una carta al director de Punto Final, ese testigo relata: «Tigre camarada, amigo y hermano del alma:

(Š) fui testigo presencial del brutal asesinato de este compañero, el día 12 septiembre, en la tarde mientras permanecíamos botados boca abajo, hombres y mujeres pertenecientes a las diferentes empresas del Cordón Industrial Vicuña Mackenna, con las manos en la nuca con destino al Estadio Chile. Rodeado por un piquete de pacos fue baleado por la espalda luego de gritarle que corriera por Vicuña en dirección a la calle San Joaquín para poder justificar la brutalidad de la cobarde ley de fuga. El cayó, con las manos atadas a la espalda, en las puertas de la empresa IRT, que pertenecía al Cordón Industrial. Luego de ser asesinado por los pacos, estos, embravecidos y jadeantes, azuzaban a unos perros callejeros, que pululaban en el sector, para que mordieran el cadáver mientras ellos lo orinaban en el suelo, sin conmoverse por los gritos, cargados de espanto y angustia, de las

c ompañeras que yacían en la vereda de enfrente (en Textil Progreso) con los hijos pequeños que habían retirado de las guarderías infantiles durante el día. Nunca

antes había escuchado o leído de este caso tan dramático, que permaneció tantos años en el olvido, no obstante ser presenciado por la larga columna de los que nos quedamos en las industrias a la espera de las ordenes y las armas para defender el Gobierno Popular. Era como notorio que este camarada de ideales no era chileno, el era muy morenito, pelo enrizado, muy motudo, de barba, estampa atlética, calzaba bototos y pantalones tipo jeans de color blanco. Mientras lo tironeaban hasta la puerta de IRT, lo venían golpeando en la cara con un libro, parecido a esos que se usan en Contabilidad y lo señalaban cómo de nacionalidad cubana. Hay que destacar que el soportaba, estoica y dignamente los insultos, que eran los menos, y los golpes, que eran los más. En lo personal lamento saber de él ahora después de tanto tiempo, pero quiero expresar por tu intermedio, mis sentimientos de dolor y también de admiración por el «Camarada Enrique», por que pese a ser cruel y cobardemente golpeado, con las manos atadas a la espalda sin posibilidad alguna de defenderse, no emitió ni un solo grito de perdón o arrepentimiento (que por supuesto no correspondían) o quejido por el dolor causado, ensalzando su figura de noble luchador internacionalista y empequeñeciendo a su más mínima expresión la actitud de estos matones y cobardes, que ya con este acto de bajeza, manchaban un uniforme que había permanecido muy en alto en el respeto que le profesaba el pueblo militante. Estoy convencido, que la hermana República Bolivariana de Venezuela sabrá distinguir los sentimientos de respeto y cariño fraterno, que profesamos a los hijos de ese gran «caraqueño americano» que nos soñó fundidos en una sola América, tan distintos de este capítulo negro protagonizado por quienes interrumpieron más de 150 años de vida democrática.

Un saludo revolucionario para el «Camarada Enrique» porque su sacrificio, sabemos, no será en vano.

Guillermo Orrego Valdebenito

#liberenARodneyÁlvaez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.