Polémica: en verdad ¿cuánto vale un barril de petróleo?

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balancinLos que envió el compañero José Quintero Weir a Le Monde diplomatique Colombia y lo que ellos editaron y publicaron. Un verdadero y serio caso de censura, :

Algunas reflexiones para Le Monde Diplomatique-Colombia.

José Ángel Quintero Weir

Cuatro puntos se pusieron los dioses para que el mundo se estuviera acostado.
No porque cansado estuviera, sino para que parejos se caminaran los hombres
y mujeres, para que todos cupieran, para que nadie encima de otro se pusiera
.”

Sub-Comandante Marcos. “Relatos del Viejo Antonio”.

Con esta interrogante generalmente iniciamos nuestras conversaciones en la Organización Intercultural Bilingüe WAINJIRAWA con las comunidades o con las personas que se nos acercan o a quienes nos acercamos. La respuesta casi inmediata que solemos recibir de cualquiera de ellos, sea una persona común o también y sobre todo, algún avezado político, ya de “derecha” o de “izquierda” (pero especialmente estos últimos), es la que describe el precio del barril de petróleo a partir de los indicadores establecidos por el mercado petrolero mundial. Así, cualquiera está autorizado a señalar que el precio de un barril de petróleo puede (actualmente) oscilar entre los 100 y los 112 dólares por barril, y, ciertamente, desde esa perspectiva, debemos concluir que todos son asiduos televidentes de Dossier o del noticiero de Globovisión y, a pesar de que ninguno estaría mintiendo al respecto, todos estarían alejados de la respuesta verdadera.

En efecto, tal respuesta deja de lado una otra perspectiva vital para entender lo que ha sido la imposición de una relación entre los hombres basada en la dominación; pero, sobre todo, una relación entre los hombres y la naturaleza sustentada en la explotación de la misma en función de soportar el poder de algunos hombres, y, esa otra perspectiva proviene, precisamente, de aquellos negados por la imposición colonial del mercado mundial, pero también, por la colonialidad interna impuesta desde el poder de los Estados-nacionales en contra de los no considerados, los a-históricos, los siempre “minoritarios” que, justamente por ello, han sido históricamente vaciados en su significación e incapacitados para intervenir con fuerza propia en la política interna de los Estados nacionales (a no ser como adorno simbólico, o servir de puente con “el resto del pueblo” o con “lo popular”, electoralmente usados tanto por la derecha como por la izquierda), pero mucho menos considerados en el inextricable espacio de un “mercado mundial” que aparece como inalcanzable por invisible. En fin, ellos siempre han sido los “restables”, “los suprimibles”, pues, se trata de esos seres que aún en el virtual espacio de la ciencia de la estadística, tienen el don de la incorporeidad, es decir, siempre son sujetos por desaparecer.

Es que la colonialidad del poder y del saber pesa tanto que, estamos convencidos, si pudiéramos hacer la misma interrogante al más emblemático de los autores marxistas citados por los marxistas latinoamericanos como lo es, sin duda, José Carlos Mariátegui, estamos casi seguros que no tendría más espacio de respuesta que no fuera el otorgado por la colonialidad del mercado mundial y sus parámetros de medición, pero también, los parámetros de medición establecidos por la colonialidad interna del poder y del saber de los Estados nacionales. A fin de cuentas: nunca dejaremos de ser indios en vías de extinción, ya sea por etno-genocidio o por el “desarrollo de nuestras fuerzas productivas”, tal como Mariátegui, bien alemanamente dictaminó en sus “7 Ensayos sobre la realidad peruana”.

Por tanto, nuestra pregunta requiere otro tipo de respuesta, pues, aun asumiendo como verdadera la contestación dada es necesario que neciamente nos decidamos a repreguntar: ¿pero, es ese el precio real? Tratemos de responder recontando la historia desde la perspectiva de los negados por la historia y veamos qué sucede.

Hace apenas 113 años Venezuela pasó, en un abrir y cerrar de ojos, de ser un país agroexportador de café y cacao a nación minero-exportadora con la explosión de los pozos petroleros Zumaque y Barroso en el Lago de Maracaibo a comienzos del siglo XX. A partir de ese momento, el país fue cuadriculado en concesiones exploratorias entregadas a compañías extranjeras como la Royal Dutch Shell y la Creole Petroleum Corporation. Toda la geografía nacional y, en especial, la de la cuenca del Lago de Maracaibo, fue objeto de experticias geológicas para la detección de pozos petroleros ya en el fondo del lago, la Sierra de Perijá y la Península de la Guajira.

El Lago demostró contener grandes reservas y, a partir de ese momento, el control de sus aguas quedó en manos de las compañías y, por tanto, lo que antes era territorio de pesca del pueblo añú, sus milenarios habitantes palafíticos, ahora era territorio de las compañías petroleras protegidas militarmente por las fuerzas armadas del Estado, pero también, por sus propias fuerzas mercenarias de seguridad.

Igualmente, en la región de la Sierra de Perijá las expediciones exploratorias provocaron una guerra en contra de yukpas y barí que, para el caso barí, se mantuvo hasta comienzos de los años 60 del siglo XX. Han sido precisamente los geólogos norteamericanos quienes se han encargado de relatar sus correrías en contra de los barí, en las que, no sin orgullo por los desmanes cometidos, registran sus crímenes como actos de heroísmo en un territorio “salvaje” de un país atrasado y dominado por un viejo militar y férreo Dictador: Juan Vicente Gómez.

 

La guerra en contra de los barí cesa, no sólo porque en efecto este pueblo indígena busca una paz que hiciera posible la recomposición de sus comunidades sino, sobre todo, porque efectivamente en la región de Perijá sólo dos pozos resultaron comercialmente rentables para las compañías y son éstos los que hasta el presente están en producción, hablamos de los llamados Campo Rosario (antiguo territorio barí) y Campo Boscán (antigua zona de recolección de fruto de la palma de los yukpa).

Como vemos, el cambio económico que implicó el pase de Venezuela del modelo agro-exportador al modelo extractivista representó, en lo que a los pueblos indígenas se refiere, un proceso de desterritorialización que implicó un verdadero genocidio (en el caso de los barí), así como la pérdida de grandes espacios territoriales (caso de los añú) que conllevó a la pérdida de su autonomía como culturas, todo lo cual se reflejaría de manera contundente en sus formas de organización y de funcionamiento social, es decir, como un contundente etnocidio.

Posteriormente, y como resultado de los mismos estudios exploratorios se inicia la extracción de hierro en la región del estado Bolívar en el sur-oriente del país. La producción de hierro alcanzó tal grado que, a fines de los años 60 se hizo necesario elevar el caudal del río Orinoco para que los barcos de gran calado de las grandes empresas extractoras del hierro pudieran entrar y salir sin dificultad a través del río hacia el Atlántico. Esto fue posible gracias al cierre de uno de los caños principales en el delta del Orinoco: Caño Manamo. Esta obra, presentada como uno de los grandes logros de la ingeniería, en efecto logró elevar el nivel del caudal del río pero generó, por un lado, la inundación permanente de un inmenso territorio y, por el otro, la desertificación del resto de lo que antes era la totalidad del territorio de los indios warao, de quienes se sabe, en medio de la inundación murieron cerca de tres mil waraos y, los restantes, viven en la actualidad deambulando en las ciudades pidiendo limosna.

Por si fuera poco, a comienzos de los años 70 y, como profundización del modelo minero exportador se instala en las orillas del Lago de Maracaibo en su costado oriental una gran empresa estatal petroquímica (Pequiven) que tomó como vertedero de sus desechos parte de la llamada Laguna de los Olivitos, espacio en el que anualmente arribaban en incalculable número bandas de patos yaguasos provenientes del Canada y cuyo arribo a ese lugar se convertía en celebración para los añú, quienes, sustituían la pesca por la captura de la Washa (nombre en lengua del pato silvestre) que ameritaba cantos y rituales dedicados al Gran Abuelo (Ta’tüi), héroe cultural que enseñó a la comunidad la forma de capturar al yaguaso sin disparar ningún tipo de proyectil.

La industria Petroquímica no sólo destruyó parte importante de la laguna de los Olivitos y con ella la destrucción de otro espacio territorial de los añú, no sólo espantó para siempre al yaguaso eliminando esta proteína del menú alimenticio de los añú, sino que además, los desechos de mercurio consumidos por los peces se trasladaron a la población produciendo a la larga que esa región de la costa oriental del lago de Maracaibo sea en la actualidad, una de las regiones del planeta donde se producen más nacimientos de niños anaencefálicos, la mayoría de ellos, pertenecientes al pueblo añú.

Más adelante, para los años 80, el Estado-gobierno de la época decidió dar un paso más en el modelo extractivista y, por encima de las comunidades wayuu habitantes de la región del río Wasaalee (Guasare en criollo), y de las poblaciones campesinas del llamado Municipio Mara, inició la explotación de carbón mediante dos minas a cielo abierto: Mina Norte y Paso Diablo. Así, un nuevo despojo territorial en contra de un pueblo indígena se producía con las consiguientes terribles consecuencias de hambre y miseria para los que debían, obligatoriamente desplazarse a tratar de reiniciar y reconfigurar su cultura en un nuevo lugar.

Para ese momento, el municipio Mara se caracterizaba por ser fundamentalmente productor de tomates, pimientos, cebollas y frutas como la guayaba, melón, auyama, al punto de ser uno de los principales surtidores de frutas para la industria de los jugos pasteurizados del país. Hoy, a un poco más de tres décadas de explotación carbonífera, el municipio Mara es considerado el más pobre de Venezuela y uno de los más pobres de América Latina. Sus jóvenes no tienen otro camino que el de la delincuencia organizada: contrabando de gasolina, robo de vehículos y tráfico de drogas.

Finalmente, llegó la “revolución” bolivariana y, especialmente los pueblos indígenas la pusieron sobre sus hombros en la esperanza de una transformación de las relaciones del Estado-gobierno con las comunidades y, más particularmente, de respeto a sus territorios. No vamos a entrarle a explicar la burla que ha significado la Constitución Bolivariana en cuanto al respeto a tales territorios pues, el espacio dado a este artículo no alcanzaría, conformémonos con decir que la noción de territorio indígena y sus implicaciones de derechos políticos fue reducida por el ideal de la “revolución” en apenas un hábitat (noción que apenas alcanza a la reproducción biológica) que, además, obliga a los pueblos indígenas a reconocer el despojo territorial sufrido por todos los pueblos y ejecutado tanto por latifundistas como por el propio Estado encargado de otorgar concesiones mineras a grandes corporaciones.

Así, podemos decir que el “legado” de Chávez para los pueblos está muy bien resumido en su Gran Plan Patria, programa de gobierno que aspiraba a ejecutar en este periodo que no alcanzó a ver, pero que sus herederos están decididos (yo diría que dada la crisis económica que vivimos están obligados) a ejecutar. El punto número tres del Gran Plan Patria deja muy bien establecido el definitivo propósito extractivista de la “revolución bolivariana” cuando asume el objetivo de “convertir a Venezuela en una potencia energética”. Para ello, y mediante acuerdos establecidos con los chinos, los rusos y la Odebrecht brasilera, ha entregado en concesión los que representan los últimos espacios territoriales de wayuu, bari y yukpas en la Sierra de Perijá. Convertir a Venezuela en potencia energética implica que se pase de 8 millones de toneladas métricas de carbón a 35 millones de toneladas métricas lo que supone abrir nuevas minas a cielo abierto en la región del río Socuy y Cachirí, pero también, la explotación de carbón y coltán presentes en territorio barí y yukpa.

Convertir a Venezuela en “potencia energética” implica el abandono definitivo de cualquier camino alternativo y, por supuesto, desoir la palabra milenaria de los pueblos que la enuncian, sobre todo, cuando se deciden a luchar por la defensa de sus últimos espacios territoriales y por lo que son perseguidos y asesinados como sucedió con el líder yukpa Sabino Romero.

Así, por sólo mencionar un ejemplo, los hermanos pemones y ye’kuana del Estado Bolívar por mucho tiempo han ejercido la minería de oro en pequeña escala y sólo por temporadas. De tal manera que, cuando el gobierno de la “revolución bolivariana” les planteó la sustitución de la minería artesanal por la producción agrícola a través de la llamada Misión Piar, los pueblos indígenas no tuvieron ningún problema en aceptar la propuesta. Sin embargo, este cambio implicaba el apoyo financiero estatal a las comunidades para el paulatino cambio de modelo económico. Tal apoyo se perdió en el camino por la vía de la corrupción de la nomenklatura “revolucionaria”, a lo que se sumó el hecho de que, los espacios territoriales pemones y ye’kuana fueron entregados en concesión para su explotación masiva por una corporación rusa y el Estado-gobierno bolivariano, de tal menare que, entendieron los pueblos, no se trataba de un cambio de modelo sino del desplazamiento de los pueblos indígenas de sus territorios en beneficio de las mafias rusas y del estado-gobierno bolivariano. Descubrir esto dio como resultado el enfrentamiento de los pueblos pemones y ye’kuanas con el Ejército bolivariano con saldo de muertos, heridos y el apresamiento en par de oportunidades, de tropas del ejército bolivariano por parte de las comunidades.

 

En fin de cuentas, convertir a Venezuela en “potencia energética” ha implicado que el proceso de demarcación de los hábitats indígenas (aún en su más mínima expresión), ha sido paralizada por el Estado-gobierno extractivista de la “revolución bolivariana”, pues, en última instancia, todos los recursos energéticos a los que aspira para alcanzar su anhelada ambición se encuentran, precisamente, en el subsuelo de los territorios de los pueblos indígenas.

La “revolución bolivariana” ha terminado siendo un fraude a las aspiraciones de los pueblos indígenas. Su propósito extractivista ha pretendido ser ocultado mediante sofismas teóricos como los de posiblesexplotaciones mineras en consonancia con la naturaleza” otorgando a la ciencia y tecnología occidental potestades que, en verdad, le son imposibles, dado el principio epistémico de “sometimiento de la naturaleza” del que ella parte para su accionar.

Ahora bien, si bien es cierto que Chávez con su carisma y su “mano suelta”, lograba envilecer a la población indígena y no indígena mediante el otorgamiento de recursos, neutralizando por esta vía la lucha decidida de las comunidades, una vez muerto, tal efecto ya no es posible, pues, sus herederos no tienen la misma cualidad y/o capacidad verbal y financiera y, en estos momentos, la capacidad de envilecimiento está en abierta confrontación con la necesidad de defensa de los últimos espacios territoriales y la posibilidad de sobrevivencia a futuro, no sólo para los pueblos indígenas sino para toda la población no indígena, pues, en el caso de la cuenca del Lago de Maracaibo, por ejemplo, la explotación carbonífera en la región de los ríos Socuy y Cachirí implicaría el quiebre casi definitivo del servicio doméstico de agua potable para las principales ciudades de la cuenca: Maracaibo, Cabimas, Santa Rita y Los Puertos de Altagracia, es decir, cerca de unas dos millones de personas quienes, a partir de ese momento, tendrían un sostenido y continuo problema de abastecimiento de agua, pues, es precisamente el río Socuy el principal afluente de la represa que surte de agua a esas ciudades. Amén del ya evidente cambio climático generado por la despiadada desforestación de las cabeceras del río Wasaalee en esa región de la Sierra de Perijá. Así, unos 150 indígenas wayuu, habitantes de la región del río Socuy en las comunidades Kasusain, Alitain y Wayuumaana, están resistiendo por el agua y la vida de dos millones de criollos, y, con su lucha, ponen sobre la mesa la necesidad de liquidar el Gran Plan Patria de la “revolución bolivariana” como expresión del legado de muerte que nos dejó el difunto pero también como posibilidad futura de vida en la que pueblos indígenas y no indígenas asumamos otra relación con la naturaleza y el mundo como único camino para nuestra mutua y plena sobrevivencia.

En definitiva, y para ir concluyendo esta apretada historia que recontamos desde nuestra memoria, en la actualidad, y producto de 113 años del modelo extractivista aplicado desde la férrea dictadura gomecista hasta la hoy llamada “revolución bolivariana”, los pueblos indígenas de la cuenca del Lago han pasado de ser pueblos autónomos por el dominio sobre sus territorios a pueblos desarraigados, empobrecidos y convertidos en “delincuentes” por el mismo Estado-gobierno que los ha despojado territorialmente. Así, los añú y los wayuu son actualmente estigmatizados y acosados por el Estado-gobierno como “contrabandistas”, “bachaqueros” (nombre despectivo con el que gusta el gobierno regional de Arias Cárdenas y el nacional del “hijo de Chávez, Nicolás Maduro, en perseguirles), pues, al perder su territorio han perdido su capacidad de autogobierno y autogestión económica, por lo que su único camino es el de sobrevivir mediante la “economía ilícita” del contrabando de gasolina y alimentos hacia Colombia.

De última cuenta, y, en vista de esta, nuestra verdadera historia de despojo territorial ejecutado por la colonialidad del poder y del saber en contra de nuestros pueblos indígenas, negros y campesinos, un barril de petróleo o una tonelada métrica de carbón no valdrá jamás ni cien ni mil dólares, tampoco una consulta médica de un médico cubano y, mucho menos, un quintal de café nicaragüense, un saco de frijol guatemalteco y, por encima de todo, bonos basura de la deuda argentina y ningún voto en la OEA, pues, cada barril de petróleo o tenalada métrica de carbón, oro, coltán o cualquier mineral explotable en los territorios indígenas para convertir a Venezuela en “potencia energética” equivale a la muerte de los pueblos añú, wayuu, barí, yukpa, pemón, ye’kuana, wohtüjä, e’ñepa, pumé, baniva, warao, japreria, kariña, kumanagoto, yanomami…ese es el verdadero precio, la vida de muchas civilizaciones para que sobreviva y se enriquezca una sola civilización…

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lo que publicó Le Monde Diplomatique Colombia:

¿Cuánto vale un barril de petróleo? Con este interrogante iniciamos nuestras conversaciones en la Organización Intercultural Bilingüe Wainjirwa (1) con las comunidades o las personas que con interés llegan a ella pero también a quienes nos acercamos. La respuesta, sea una persona común o también y, sobre todo, algún avezado político, de «derecha» o «izquierda» (más estos últimos), describe el precio del barril de petróleo a partir de los indicadores que establece el mercado petrolero mundial. Paradigma capitalista o estigma en un marco humano y ‘socialista’.

 

Cuatro puntos se pusieron los dioses para que el mundo se estuviera acostado.

No porque cansado estuviera,

sino para que parejos se caminaran

los hombres y mujeres,

para que todos cupieran, para que nadie encima de otro se pusiera.

Sub-Comandante Marcos

Relatos del Viejo Antonio

 

Tiene un propósito perverso y ya es costumbre señalar sin crítica o rechazo el precio de un barril de petróleo que en estos días y meses oscila entre los 100 y 112 dólares. Ciertamente, podríamos o debemos concluir que todos quienes nos responden son asiduos televidentes del programa Dossier que emite Telesur, vocera de la revolución extractivista como veremos adelante, o del noticiero de Globovisión que expone el pensar de la oposición y la derecha, pero, a pesar de que ninguno de los dos miente con su réplica, todos estarían lejos de la respuesta verdadera. ¿Cuál es el precio real?

 

Con el ojo en el retrovisor

 

Hace apenas 113 años Venezuela pasó, en un abrir y cerrar de ojos, de ser un país agroexportador de café y cacao a nación petro-minero-exportadora con la explosión de los pozos petroleros Zumaque y Barroso en el Lago de Maracaibo a comienzos del siglo XX. A partir de ese momento, el país fue cuadriculado en concesiones exploratorias entregadas a compañías extranjeras como la Royal Dutch Shell y la Creole Petroleum Corporation. Toda la geografía nacional y, en especial, la de la cuenca del Lago de Maracaibo, fue objeto de experticias geológicas para la detección de pozos petroleros, ya en el fondo del lago, la Sierra de Perijá o la Península de la Guajira.

 

El Lago demostró contener grandes reservas y, a partir de ese momento, el control de sus aguas quedó en manos de las compañías y, por tanto, el territorio que antes era de pesca del pueblo añú, con sus milenarios habitantes palafíticos, casas en zancos de madera sobre el agua, ahora cambió a territorio de las compañías petroleras protegidas militarmente por las fuerzas armadas del Estado, y a la par, por sus propias fuerzas mercenarias de seguridad. Igualmente, en la Sierra de Perijá las expediciones exploratorias provocaron una guerra en contra de yukpas y barí que, en el caso barí, permaneció hasta comienzos de los años 60 del siglo XX.

 

Han sido precisamente los geólogos norteamericanos quienes relatan sus correrías en contra de los barí, en las que, no sin orgullo por los desmanes cometidos, registran sus crímenes como actos de heroísmo en un territorio «salvaje» de un país atrasado y dominado por un viejo militar y férreo Dictador: Juan Vicente Gómez.

 

La guerra en contra de los barí cesa no sólo porque, en efecto, este pueblo indígena busca una paz que hiciera posible la recomposición de sus comunidades sino, sobre todo, porque efectivamente en la región de Perijá sólo dos pozos resultaron comercialmente rentables para las compañías y son éstos los que, hasta el presente, están en producción, hablamos de los llamados Campo Rosario (antiguo territorio barí) y Campo Boscán (antigua zona de recolección del fruto de la palma para los yukpa).

 

Como vemos, el cambio económico que implicó el pase de Venezuela del modelo agro-exportador al extractivista representó, para los pueblos indígenas, un proceso de desterritorialización y un verdadero genocidio (en el caso de los barí), así como, la pérdida de grandes espacios territoriales (caso de los añú) que conllevó a la pérdida de su autonomía como culturas, todo lo cual tiene reflejo contundente en sus formas de organización y funcionamiento social, es decir, como un contundente etnocidio.

 

Picó y se extiende

 

Posteriormente, y como resultado de los mismos estudios exploratorios comenzó la extracción de hierro en la región del estado Bolívar en el sur-oriente del país. La producción de este metal que alimentaba la producción de acero de los Estados Unidos, alcanzó un grado tal que, a fines de los años 60 hizo necesario elevar el caudal del río Orinoco para que barcos de gran calado pudieran entrar y salir sin dificultad a través del río hacia el Atlántico. Esto fue posible gracias al cierre de uno de los caños principales en el delta del Orinoco: Caño Manamo. Esta obra, presentada como uno de los grandes logros de la ingeniería, en efecto elevó el nivel del caudal del río pero generó, por un lado, la inundación permanente de un inmenso territorio y, por el otro, la desertificación del resto que antes era la totalidad del territorio de los indios warao, quienes, se sabe, luego de la inundación y desertificación de su territorio casi desaparecen, pues, murieron cerca de tres mil waraos y, los restantes, viven en la actualidad deambulando en las ciudades.

 

Por si fuera poco, a comienzos de los años 70 y, como profundización del modelo minero exportador se instala en las orillas del Lago de Maracaibo, en su costado oriental, una gran empresa estatal petroquímica (Pequiven), que tomó como vertedero de sus desechos parte de la llamada Laguna de los Olivitos, espacio en el que anualmente arribaban en incalculable número, bandas de patos yaguasos provenientes del Canadá y cuyo arribo a ese lugar significaba una celebración para los añú, quienes, sustituían la pesca por la captura de la Washa (nombre en lengua del pato silvestre) que ameritaba cantos y rituales dedicados al Gran Abuelo (Ta’tüi), héroe cultural que enseñó a la comunidad la forma de capturar al yaguaso sin disparar ningún tipo de proyectil.

 

Por otra parte, la industria Petroquímica no sólo destruyó parte importante de la laguna de los Olivitos y destruyó otro espacio territorial de los añú, que espantó para siempre al pato yaguaso que eliminó esta proteína del menú alimenticio de los añú, pero además, sus desechos de mercurio consumidos por los peces se trasladaron a la población humana haciendo posible que, a la larga, esta región de la costa oriental del lago de Maracaibo sea, en la actualidad, una de las regiones del planeta donde se producen más nacimientos de niños anaencefálicos, la mayoría de ellos, pertenecientes al pueblo añú. (2)

 

Más adelante, para los años 80, el Estado-gobierno de la época decidió dar un paso más en el modelo extractivista y, por encima de las comunidades wayuu, habitantes de la región del río Wasaalee (Lugar donde bebemos) (Guasare en criollo), y de las poblaciones campesinas del llamado municipio Mara, inició la explotación de carbón mediante dos minas a cielo abierto: Mina Norte y Paso Diablo. Así, resultó un nuevo despojo territorial en contra de un pueblo indígena, con las consiguientes y terribles consecuencias de hambre y miseria para los que debían, obligatoriamente, desplazarse para tratar de reiniciar y reconfigurar su cultura en un nuevo lugar.

 

Para ese momento, el municipio Mara con características fundamentales como productor de tomates, pimientos, cebollas y frutas como la guayaba, melón, auyama, al punto de ser uno de los principales surtidores de frutas para la industria de los jugos pasteurizados del país. Hoy, a un poco más de tres décadas de explotación carbonífera, el municipio Mara es considerado el más pobre de Venezuela y uno de los más pobres de América Latina (3) Sus jóvenes no tienen otro camino que el de la delincuencia organizada: contrabando de gasolina, robo de vehículos y tráfico de drogas.

 

Finalmente, llegó la «revolución» bolivariana y, los pueblos indígenas pusieron sobre sus hombros la esperanza de una transformación de las relaciones del Estado-gobierno con las comunidades y, más particularmente, de respeto a sus territorios. No vamos a explicar el significado de la Constitución Bolivariana en cuanto al respeto a tales territorios, pues, el espacio dado a este artículo no alcanzaría.

 

La acción de Chávez también es cuestionable

 

La noción de territorio indígena y sus implicaciones de derechos políticos, quedó reducida por el ideal de la «revolución» en, apenas, un hábitat (noción que sólo alcanza a la reproducción biológica) que, además, obliga a los pueblos indígenas a reconocer el despojo territorial sufrido por todos los pueblos y ejecutado tanto por latifundistas como por el propio Estado que otorga concesiones mineras a grandes corporaciones, es decir, el llamado «derecho de terceros» sobre el derecho territorial ancestral.

 

Para nuestros pueblos indígenas el Presidente-candidato en su última campaña consignó anteriores promesas en su Programa de gobierno Gran Plan por la Patria que aspiraba a ejecutar en este periodo 2012-2019 y que sus herederos, dada la crisis económica que vivimos están obligados a poner en obra. El punto tres del Plan estableció el definitivo propósito extractivista de la «revolución bolivariana» cuando asume el objetivo de «convertir a Venezuela en una potencia energética». Un propósito a desarrollar mediante acuerdos con los chinos, los rusos y la Odebrecht brasilera, que entrega en concesión los que representan últimos espacios territoriales wayuu, bari y yukpas en la Sierra de Perijá.

 

Convertir a Venezuela en potencia energética implica subir la producción de 8 millones de toneladas métricas de carbón a 35 millones de toneladas métricas, una meta que supone abrir nuevas minas a cielo abierto en la región del río Socuy y Cachirí, pero también, la explotación de carbón y coltán presentes en territorio barí y yukpa. Por supuesto, implica el abandono definitivo de cualquier camino alternativo y, desoir la palabra milenaria de los pueblos que la enuncian, sobre todo, cuando asumen la decisión de luchar por la defensa de sus últimos espacios territoriales, razón del por qué han sido y continúan siendo perseguidos y asesinados, tal como sucedió con el líder yukpa Sabino Romero. (4)

 

En otro ejemplo contradictorio, los hermanos pemones y ye’kuana del Estado Bolívar, que por mucho tiempo han ejercido la minería de oro en pequeña escala y sólo por temporadas, cuando el gobierno de la «bolivariano» les planteó la sustitución de la minería artesanal por la producción agrícola a través de la llamada Misión Piar, los pueblos indígenas no tuvieron ningún problema en aceptar la propuesta. Sin embargo, este cambio exigía el apoyo financiero estatal a las comunidades, para el paulatino cambio de modelo económico. Tal apoyo perdió su rumbo en el camino, por la vía de la corrupción oficial. de la nomenklatura. Pero algo más, los espacios territoriales pemones y ye’kuana fueron entregados en concesión (sin consulta) para su explotación masiva a una corporación rusa.

 

Con esta realidad, los pueblos entendieron que tenían al frente no un cambio de modelo, sino de su desplazamiento de sus territorios, en beneficio de intereses de personajes rusos y de funcionarios militares del gobierno bolivariano. Descubrir tal situación, dio como resultado el enfrentamiento de los pueblos pemones y ye’kuanas con patrullas del ejército bolivariano con saldo de muertos, heridos y el apresamiento en un par de oportunidades, de tropas del ejército por parte de las comunidades (5).

 

Convertir a Venezuela en «potencia energética» lleva a que el mandato constitucional por demarcar los hábitats indígenas (aún mínimos), esté paralizado por el Estado-gobierno extractivista, pues, todos los recursos energéticos (6) para esa ambición reposan, precisamente, en el subsuelo de los territorios de estos pueblos. La «revolución» extractivista oculta esta injusticia con sofismas de posibles «explotaciones mineras en consonancia con la naturaleza» que dan a la ciencia y tecnología occidental potestades justas imposibles, dado el principio epistémico de «sometimiento de la naturaleza» del que parten.

 

Si bien es cierto que Chávez con su carisma y su manejo del presupuesto lograba atraer a la población indígena y no indígena mediante el otorgamiento de recursos, neutralizando por esta vía la lucha decidida de las comunidades, una vez muerto, tal efecto ya no es posible, ni tiene el mismo éxito con otro actor. El asunto más importante a considerar, es que viene en desarrollo una abierta confrontación desde la necesidad de defensa de los últimos espacios territoriales y la posibilidad de sobrevivencia a futuro, no sólo para los pueblos indígenas sino para toda la población no indígena.

 

En el caso de la cuenca del Lago de Maracaibo, la explotación carbonífera en la región de los ríos Socuy y Cachirí implica un daño grave del servicio doméstico de agua potable para las principales ciudades de la cuenca: Maracaibo, Cabimas, Santa Rita y Los Puertos de Altagracia. Tendrían un continuo problema de abastecimiento de agua, pues, es el río Socuy el principal afluente de la represa que surte de agua a esas ciudades. Amén del ya evidente cambio climático a partir de la despiadada desforestación de las cabeceras del río Wasaalee en esa región de la Sierra de Perijá.

 

Así, unos 150 indígenas wayuu, habitantes de la región del río Socuy en las comunidades Kasusain, Alitain y Wayuumaana, resisten por el agua y la vida de dos millones de criollos, y, con su lucha, ponen sobre la mesa la necesidad de modificar el fundamento del Gran Plan de la Patria, pero también, como posibilidad futura de vida en la que pueblos indígenas y no indígenas asuman otra relación con la naturaleza y el mundo, es decir, como único camino para nuestra mutua y plena sobrevivencia.

 

En la actualidad, y producto de 113 años del modelo extractivista aplicado desde la férrea dictadura gomecista hasta la hoy «revolución bolivariana», los pueblos indígenas de la cuenca del Lago han pasado de ser pueblos autónomos por el dominio sobre sus territorios a pueblos desarraigados, empobrecidos y convertidos en «delincuentes» por el mismo Estado-gobierno que los despoja territorialmente. Así, los añú y los wayuu son estigmatizados y acosados por el Estado-gobierno como «contrabandistas», «bachaqueros» (nombre despectivo que usa el gobierno), pues, al perder su territorio han perdido su capacidad de autogobierno y autogestión económica, y su único camino es sobrevivir mediante la «economía ilícita» del contrabando de gasolina y alimentos hacia Colombia.

 

Otro capítulo de despojo territorial por parte de la colonialidad del poder y del saber en contra de nuestros pueblos indígenas, negros y campesinos. Aunque el estado venezolano exponga una contabilidad con base en los acuerdos económicos con diferentes países, ya sean Cuba, Nicaragua, Guatemala, Argentina y de manejo en organismos como la OEA, en verdad el costo de un barril de petróleo o una tonelada métrica de carbón, oro, coltán o cualquier otro mineral explotable en los territorios indígenas para convertir a Venezuela en «potencia energética», equivale a mucho más que los indicadores comerciales del barril. Cuesta el riesgo de muerte de los pueblos añú, wayuu, barí, yukpa, pemón, ye’kuana, wohtüjä, e’ñepa, pumé, baniva, warao, japreria, kariña, kumanagoto, yanomami…tal ha sido y es, el verdadero precio del extractivismo: la vida de muchas civilizaciones para que sobreviva y se enriquezca el poder de una sola civilización… 

 

1 Organización conformada por indígenas de las diferentes etnias de la región de Zulia (wayuu, añú, barí y yukpa, así como por profesionales criollos aliados de la lucha indígena. Su trabajo está dirigido a la promoción de la educación soberana para la autonomía de los pueblos y comunidades indígenas.

2 Trabajos de investigación sobre la anaencefalia: L. Pineda del Villar, M. Martínez B., W. Delgado, M. Prieto C. y Y. Villasmil, «Epidemiología de malformaciones congénitas en el Hospital Pedro García Clara. Ciudad Ojeda, Venezuela», Revista de investigaciones clínicas, Instituto de investigaciones clínicas «Dr. Américo Negrette», Universidad del Zulia. Vol. 35, Nº 1, marzo, 1994, Maracaibo; Pineda del Villar L., Cedeño Rincón R., «Epidemiología de malformaciones congénitas. Parte II. Modalidad Caso Control». III Congreso Latinoamericano de Genética, Caracas, 1989.; Sánchez O., Salazar A., Britto Arreaza A., Ramírez N. y Alvarez Arratia M., «Epidemiología de malformaciones congénitas en el Hospital Ruíz y Páez de Ciudad Bolívar: una experiencia de 10 años». Revista investigaciones clínicas, Vol. 30, 1989; H. Moreno Fuenmayor y V. Valera, «Programa preventivo de defectos del nacimiento: incidencia de anaencefalia en Maracaibo. Periodo 1993-1996», Revista de investigaciones clínicas, Vol. 35, Nº 4, marzo 1994; Pineda del Villar L., Navarro Serrano G, «Defectos del tubo neural en el Hospital Pedro García Clara», Revista de investigaciones clínicas, Nº 34, 1993; Ávila Mayor A., Cardozo J., «Anaencefalia, incidencia en un quinquenio (1984-1989) en el Hospital Adolfo Pons del I.V.S.S. Maracaibo», Revista de investigaciones clínicas, Nº 30. Suplemento 1, 1989.

3 Instituto Nacional de estadística del gobierno venezolano: http://www.ine.gov.ve/documentos/see/sintesisestadistica2011/estados/zulia/index.htm. Además, Detrás de la pobreza (10 años después), Luis Pedro España, quien hace un seguimiento exhaustivo de los índices de pobreza en Venezuela de manera sistemática y permanente.

4 Sabino Romero fue asesinado el día 3 de marzo del presente año en las proximidades de la población del Tokuku en la Sierra de Perijá. Una cronología amplia de los hechos fue publicada por la página web la Guarura.net y el suceso fue registrado por toda la prensa nacional dada la importancia de este líder indígena y su lucha por la demarcación territorial.

5 La primera ocasión de enfrentamiento entre elementos del ejército y los indígenas pemón y ye’kuana ocurrió en la región de La Paragua en el estado Bolívar a finales de octubre de 2011. En esa oportunidad, 18 efectivos militares fueron sometidos por las comunidades por ejercer actos de extorsión, persecución y chantaje a la población indígena, en una operación que buscaba desplazarlos para ofrecer libertad a la minería ilegal en sus tierras. Los militares fueron entregados por la comunidad luego del compromiso del gobierno de abandonar esos espacios para lo que se firmó un acuerdo. El segundo suceso de esta naturaleza ocurre el pasado 8 de febrero de 2013. Esta vez, en la población de Uriman en el mismo estado Bolívar y la detención por las mismas causas, involucraba un contingente de 43 militares que la población indígena logró someter violentamente.

6 Ver mapas al final de este artículo.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos, UNAM-México. Profesor titular de Literatura y culturas indígenas, Universidad del Zulia-Venezuela.

 

 

 

El valor de un barril de petróleo

 

La contestación que todos oímos deja de lado una otra perspectiva para entender la imposición de una relación entre los seres humanos basada en la dominación. Sobre todo, del trato entre estos y la naturaleza sustentada en la explotación de la misma, como soporte del poder y privilegio de algunos. Esa otra perspectiva a defender proviene, precisamente, de aquellos negados por la imposición colonial del mercado mundial, pero también, por la colonialidad interna impuesta desde el poder de los Estados-nacionales, en contra de los no considerados, los a-históricos, los siempre “minoritarios”.

Justamente por tal hecho, han sido históricamente vaciados en su significación e incapacitados para intervenir con fuerza propia en la política interna de los Estados nacionales (a no ser como adorno simbólico, o puente con “el resto del pueblo” o con “lo popular”, electoralmente usados tanto por la derecha como por la izquierda), pero mucho menos considerados en el inextricable espacio de un “mercado mundial” que aparece como inalcanzable por invisible. En fin, ellos los “minoritarios” siempre han sido los “restables”, “los suprimibles”, seres que aún en el virtual espacio de la ciencia de la estadística, tienen el don de la incorporeidad, es decir, siempre son sujetos por desaparecer.

La colonialidad del poder y del saber pesa tanto que, si pudiéramos hacer la misma interrogante sobre el barril al más emblemático de los autores marxistas citados por los marxistas latinoamericanos como lo es, sin duda, José Carlos Mariátegui, estamos casi seguros que no tendría más espacio de respuesta que el otorgado por la colonialidad del mercado mundial y sus parámetros de medición. Pero también, estos parámetros establecidos por la colonialidad interna del poder y del saber de los Estados nacionales. A fin de cuentas: nunca dejaremos de ser indios en vías de extinción, ya sea por etno-genocidio o, “marxistamente”, por el “desarrollo de nuestras fuerzas productivas”, tal como Mariátegui, bien alemanamente dictaminó en sus “7 Ensayos sobre la realidad peruana”. n

Modificado por última vez en Martes, 09 Julio 2013 19:11

#DondeEstáAlcedoMora

2 respuestas a Polémica: en verdad ¿cuánto vale un barril de petróleo?

  1. Estimados Carlos y Sofía
    Con mucha preocupación he constatado la forma por la cual la edición del Mundo Diplomático (MD) edición Bogotá, ha editado, sin pedir la autorización respectiva, el texto de José Quintero Weir: «En verdad ¿Cuánto vale un barril de petróleo?». Pienso que una intervención sobre el texto de un autor debe contar con su expresa autorización, caso contrario se convierte en un ejercicio de violencia simbólica y epistemológica. Pienso que MD le debe una disculpa a José Quintero y, de ser posible, la publicación de su texto en su formato original. Yo suscribo la edición en el caso estricto de eventuales fallas ortográficas o mecanográficas, más allá de eso, insisto en ello, implica una adulteración de una forma de pensamiento que, en un espacio crítico y libertario como se supone que es MD va a contrapunto con todo lo que hemos dicho, escrito y pensado. Saludos cordiales

    Pablo Dávalos
    Ecuador

    Aana Cuento, Fiesta y Candela
    17 julio, 2013 at 10:06 AM
    Responder

  2. Estimado José: hace unos años estuve a punto de pasar por lo mismo cuando Carlos Gabetta dirigía LM, Diplomatiquue de la Argentina. Yo venía publicando con regularidad y me habían pedido que les informara a los lectores porque los temas que abordábamos eran importantes. Todo muy bien hasta que conté el avance de la frontera sojera sobre tierras de los Wichi y los desalojos violentos; era Pte Néstor Kirchner. No me publicaron en el número aniversario (ellos me habían pedido) y el propio Gabetta me mandó las galeras para pedirme que retirara el apartado del arrinconamiento indígena, yo me negué y reforcé en un pie de pagina con una carta que una ONG danesa le había mandado al Pte diciendo que el Gno de los DDHH no podía permitirse hospitalizar indígenas. Nunca me lo publicaron, nunca más publiqué en LMD. Gabetta viene del PC argentino, exilio en Francia y con el tiempo (ya dejó la dirección de LM) se volvió antikirchenerista tan furioso como antes lo defendía. Ahora está en manos de José Natanson, politólogo liberal pero superK. Luego supe que el artículo estaba en galeras pues Gabetta quería modificarlo sin avisarme y su segundo le dijo que era mejor que yo me enterara. Así que hermano, me siento totalmente identificada y solidaria contigo, un abrazo a ti y a todos,

    Norma Garriaca

    Aana Cuento, Fiesta y Candela
    17 julio, 2013 at 10:07 AM
    Responder

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