El noble corazón del sujeto social dominado, coligiendo desde el sentido común del sujeto social dominador

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DSCN1861Por Víctor Andrés Gómez Rodríguez

Plutonio es un mulato sobre los cuarenta y pico, excelente persona. Buen padre, buen esposo, extraordinario colega de trabajo; un amigo con afecto, sensibilidad, capacidad de servicio hasta el sacrificio, y celos en su solidaridad. El hombre se siente revolucionario sin la menor señal de corporativismo político. No es perfecto, nadie lo es. En cuestiones de subjetividad la perfección es un defecto tan nefasto como cualquier otro. El Pluto a veces no se lleva bien con las personas que intentan armarle una maraña; o con quien pretende propasarse con los –convencionalmente-, más débiles. Incluso, en ocasiones se le sale lo de caprichoso, y hay que dejarlo solo hasta que se relaje, o darle candela para que afine. Le tiene pánico a las enfermedades, y ha hecho lo indecible para tratar de controlar su hipertensión; a pesar de las campañas mediáticas, que durante las veinticuatro horas se escuchan en todo el país. Porque la gratuidad y calidad en la atención médica –que aún no es todo lo perfecta que quisiéramos-, es un tesoro común legado por la Revolución Socialista Cubana. Por cierto, Plutonio salió “destacado” el año 2009 en su departamento; y ninguno de los trabajadores puso un “pero”; todo el mundo lo aprobó. Aun cuando de vez en vez se arman sus fajazones   porque a cualquiera le cuadra salir destacado.

 

Él es amigo de mi familia; y no cualquier amigo. Significa que es un tipo que siempre es recibido como una “bendición”, en un contexto donde oportunistas, chismosos, guatacones con colmillos, fisgones, pedigüeños desfachatados, gusanos resentidos, francotiradores guarecidos tras malversación de una pechuga de pollo robada a un Círculo Infantil, vigilantes “segurosos” por cuenta propia, hacedores de daño comunes y corrientes; y hasta quienes intentan birlarte a tu mujer al descaro, proliferan como la escasez de mantequilla; o de arroz en los últimos meses. Hasta que por fin nos asignaron una vivienda estuvimos dos décadas, mi familia y yo trashumando como gitanos; y en las últimas diez “mudanzas” siempre estuvo El Pluto, poniendo sus brazos y amistad; a pesar de también ser él y su familia, que es mucho más nutrida que la mía, víctimas añosas del derrumbe de su casa en un ciclón. Y eso que nos movimos por ese trance unas veinte y tantas veces. Así es que para mí El Pluto es casi Dios. Como mi hermano.

 

A dos semanas del último gran sismo que arrasó con Haití, El Pluto, una tarde, me llevaba de vuelta a casa desde el trabajo, como favor con que librarme del pandemonio del transporte público en horario pico:

 

-¿Viste Vitico? Ayer se reunieron un montón de países y acordaron tremenda ayuda a Haití. Parece que al fin esa gente va a ver la luz. Veamos si ahora se mueven un poco y salen de su pachorra de siempre.

 

-Menos mal Pluto, porque los haitianos desde hace doscientos años están pagando con sangre el haber sido la primera República independiente de la región. Y los primeros en abolir la esclavitud. Han estado viviendo en un calvario. Es una atrocidad histórica.

 

-Sí, es cierto –me ataja El Pluto-, pero también lo es que esos negros no mueven un músculo, se han pasado doscientos años cogiendo sombra, tirados en la costa. Son bastante vagos, por eso están viviendo en esas condiciones, a lo mejor con la ayudita se espabilan un poco.

 

-¿Tú te refieres a los haitianos, Pluto?

 

-Sí, chico, cambiados por un saco de tierra se pierde el saco…

 

-¿Estás seguro, compay? ¡Estamos hablando de Haití¡

 

-Oye Vitico; que toda la prensa de todos lados lo está diciendo, esa gente es un dolor de cabeza, toda la vida se la han pasado en medio de la mierda sin mover un alpiste.

 

-¿Qué prensa dice eso Pluto?

 

-Chico, la de todos los lugares del mundo.

 

-Tú querrás decir, la prensa “del revuelto y brutal”…

 

-Bueno, esa también. Pero es cierto porque hay personas que conozco, que regresaron de allí horrorizadas de cómo vive esa gente, así como si nada.

 

Volví la cabeza hacia el lado opuesto, para evitar discutir con mi amigo. Hacía bastante calor y aún no llegaba el verano. Estaba cansado de la “pincha” (trabajo). Son pendejadas de la amistad. Observando displicente, a las personas que se salían de la acera para rebasar un promontorio de basura que obstaculizaba el paso, como si continuación colonial de la estructura arquitectónica de un inmueble, pero por dentro angustiado ante las atrocidades, que sé, enfrenta el pueblo haitiano durante más de dos siglos, y al mismo tiempo molesto por mi impotencia para convencer al Pluto que es bastante cabeza dura, incluso cuando colige alguna estulticia, le respondí, cobardemente consensuador:

 

-Bueno, si tú lo dices, compadre.

 

Y mientras él giraba en esa esquina a la derecha, evitando, también, el promontorio de basura,  yo resoplé de la vergüenza con Haití, Martínez Heredia y el Che. A pesar de este medio siglo de Revolución nos queda un tercio de esa psicología de sujeto social dominado, por vencido, que heredamos de aquel orden burgués hace mucho desmantelado en Cuba.

#liberenARodneyÁlvaez

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