Había que matarlo: Sabino vive

Categoría: José Javier Franco |

Sabino1Por: José Javier Franco

Los terratenientes no tenían ninguna otra opción. Los efectivos de la Guardia Nacional y el ejército, no saben tener otro trato con los indios y les sabe bien el dinero de los terratenientes en la cartera. El gobierno pedía a gritos que desapareciera, que se muriera ya, que lo enterraran con todo el peso de la sierra sobre su cuerpo para que no peleara más, para que se callara, para que dejara quieto estar, para que dejara de joder con lo de las tierras y lo del carbón y no hay mayor silencio que la muerte.

Dos balas en una calle a ninguna parte; dos nadies montados sobre una bestia de mil patas.

Sabino muere como el mariscal Sucre, en una sucia emboscada. Una emboscada en la que es más que evidente que está implicado el Gobierno de Hugo Chávez, el gobierno regional de Francisco Árias Cárdenas, la exministra Nicia Maldonado y la nueva ministra para Asuntos indígenas Aloha Nuñez, las fuerzas militares acantonadas en la zona, los intereses terrófagos de Machiques.

Sabino muere como Pedro Doria, como cientos de dirigentes campesinos desde que se aprobó la ley de tierras, un pedazo de papel que solo ha servido para derramar sangre. Sabino muere por el solo hecho, por el solo sueño, por el solo empeño de reclamar para sí lo que por derecho es suyo: la tierra donde nacieron él y los suyos, la tierra donde crecieron él y los suyos, la tierra donde sembraron su comida y la de sus hijos e hijas: su tierra.

A esta revolución se la tragaron los intereses, los privilegios y el acomodo. Entre la burocracia y la avaricia, entre la tropelía y la derecha endógena, entre la demagogia y el chanchuyo, se están llevando por delante la esperanza de todo un pueblo.

Contra todas las declaraciones del Presidente Chávez a favor de los indios, prefirieron los jugosos contratos con las trasnacionales del carbón y del coltán. Contra todo el discurso nacionalista, prefieren sus prebendas, sus buenas regalías, sus treinta monedas.

Sabino muere como Sandino, como Camilo Torres, como Fabricio Ojeda, en medio de la nada, con una cruz de balas sobre el pecho.

Sabino muere como el Ché, en una selva latinoamericana, luchando por sus convicciones, por sus principios, porque le dijeron que otro mundo era posible y salió a defender esa idea, ese proyecto, esa utopía.

La revolución bolivariana acaba de hacerse responsable de la muerte atroz de un verdadero revolucionario, mientras los que se dicen dirigentes del proceso se chupan los dedos manchados de sangre.

#liberenARodneyÁlvaez

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