Decálogo del pensamiento escuálido

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quien-soy-yo[1]Después de largas charlas con personas, quienes de acuerdo con sus expresiones revelan ser opositoras irreflexivas a las políticas desarrolladas por el gobierno bolivariano, y con el propósito de contribuir a aclarar el panorama cognitivo que exhibe esta parte significativa de la población venezolana −la cual el fallecido Presidente de la República bautizó como «escuálida»− me di a la tarea de identificar diez regularidades en las perspectivas desde las cuales abordan cualquier tipo de problema de la cotidianidad nacional, independientemente del estrato social al cual pertenezcan. Advierto que mi descripción parte de observaciones empíricas, pero estoy segura que muchos especialistas en el área de psicología cognitiva, neurociencias, sociología, análisis del discurso o antropología cultural, tienen en este fenómeno una clase de hecho social digno de un estudio científico.

La intención de mi reflexión no es, por supuesto, la de mofa. Ninguno de nosotros se encuentra exento de experimentar, en algunos momentos de nuestras vidas, fallas en el pensamiento. El problema surge cuando estas fallas se afianzan como parte de una ideología propia del sistema de dominación y terminan por alejar cualquier posibilidad de ejercer la sana reflexión política, y en consecuencia, la actuación con un mínimo de sentido común en este ámbito de la vida social. Escribo estas observaciones, desde mi condición de educadora y sincera humanista, animada por la idea de que la inteligencia humana es perfectible.

Si algún afecto al oficialismo se sintiese también retratado en esta forma de pensamiento, alármese porque −aunque no lo crea− en cualquier momento usted podría incurrir en las mismas falacias de sus contrincantes, y en consecuencia, en los mismos comportamientos disfuncionales. Ciertamente, el problema no está sólo en el contenido ni los esquemas informativos que maneja un individuo, sino en la forma racional o no en que esa persona asuma la realidad. Si cualquier emoción, sensación o sentimiento intenso, por ejemplo, es capaz de obnubilar permanentemente nuestro entendimiento, es lógico esperar que nuestras acciones no estén acompañadas de cordura o apego a ética alguna. De forma tal que bajo estos parámetros, el término escuálido remite más que a una perspectiva de pensamiento de las personas de la oposición, a un cierto tipo de individuo que hace vida en la política o que intenta expresarse sobre ella comprometiendo la idoneidad y efectividad de su propio pensamiento a partir de falsas percepciones de la realidad, o con el propósito de engañar con un falso argumento, a los receptores desprevenidos.

La complejidad que caracteriza el escenario del pensamiento político venezolano, tal y como muy bien lo señalara el investigador venezolano José Padrón hace casi una década, permite que existan chavistas y opositores con pensamiento «escuálido», chavistas «no escuálidos» y una parte significativa de antichavistas «no escuálidos».

En este mismo sentido es importante reconocer que somos una generación víctima de unos medios de comunicación arteramente diseñados para inocular esquemas cognitivos superficiales, asociados siempre a situaciones de disfrute y placer que permiten que ciertas formas de pensamiento se instalen en nuestra consciencia como naturales, espontáneas, cuando en realidad son el resultado de un «diseño de ciudadano tipo» que el sistema requiere para seguir «funcionando».

Mis fuentes de observación no sólo fueron los interlocutores con pensamiento escuálido que forman parte de mi vida personal, también encontré un espacio extraordinario de observación en los programas del canal televisivo Globovisión: «Aló, ciudadano», «Buenas noches» y «Grado 33», en los cuales sus conductores, así como la mayoría de sus invitados, se constituyen en voceros mediáticos de este tipo de pensamiento. Y más recientemente he recibido el aporte de los foros que suelen darse vía electrónica, en los cuales este grupo ha encontrado un espacio de expresión verbal que los libera de cualquier responsabilidad comunicacional de carácter ético.

Pasemos, pues a enumerar las claves recurrentes del pensamiento escuálido:

1. Establece generalmente conclusiones con base en la inducción, revelando una visión anecdótica de la realidad.

Si viajan y observan algún hueco en la vía, afirman que el país se está cayendo a pedazos. Podrán recorrer extensos trayectos de vía asfaltada en perfecto estado, pero no lo notarán. Sólo verán lo que refuerza su esquema de pensamiento: «Este gobierno no sirve», «Nada funciona», «Vamos de mal en peor»… Atribuyen, en consecuencia, la responsabilidad de lo público a las autoridades, sin incorporarse  en la solución de ningún problema que requiera organización con el resto de los afectados, porque a este individuo se le formó bajo la perspectiva de la «representatividad»; y aunque en 1999 Venezuela aprobó una Constitución en la cual se declara el carácter participativo y protagónico de nuestra democracia, él no se da por enterado, y atribuirá toda disfunción a un problema de gerencia. Y si bien una buena administración pública es imprescindible, estos grupos humanos no logran asimilar que los cambios trascendentales operan en la cognición de los involucrados, cuando todos interactúan y se incorporan en la superación de una situación problemática. Mucho menos entenderá que las leyes son letra muerta si los individuos no contribuimos sostenida y recurrentemente para que éstas se instalen en la conciencia y en las acciones de todos los ciudadanos.

2. Carece de consciencia histórica o posee una falsa consciencia de la historia de su localidad, de su región, de su país y del continente.

El individuo opositor irreflexivo o de pensamiento escuálido, por lo general, desconoce la historia de su territorio local, nacional y continental. Se cree producto de un progreso humano civilizatorio que dejó atrás al indio, la tierra y las prácticas agrícolas originarias; y afortunadamente gracias a eso, y al auge tecnológico, él se permite pisar cemento, granito, cerámica, parquet… Se siente, asimismo, al margen de sufrir cualquier enfermedad endémica o problema producto del subdesarrollo y «la ignorancia de los pueblos».

Algunos de ellos, sin embargo, conocen la historia de su país,  y aunque saben que esta asume la perspectiva del colonizador, «el detalle» les resulta irrelevante, en nombre por supuesto, del progreso y del desarrollismo típico del esquema de sociedad ideal que comparten… «¡Qué bueno que llegaron los españoles para civilizarnos, si no lo hubiesen hecho, aún estaríamos en las ramas!»

No es casual que los pueblos producto de invasiones y colonizaciones extranjeras, posean un conocimiento incipiente de su historia territorial. El invasor no sólo impuso su lengua, sino que a través de ella inoculó sus propios esquemas de pensamiento, entre los que descollan, los de carácter «civilizatorio». Por ello no sólo estructuró una historia encubridora de la masacre y desplazamiento perpetrado contra nuestros pueblos originarios y los grupos africanos que en calidad de esclavos llegaron hasta estas tierras, sino que la convirtió en una asignatura de estudio dictada sin pedagogía alguna, de forma tal que resultara, en la mayoría de los casos, un contenido aburrido, condenado al uso reiterado y excesivo de los procesos de memorización. Por ello rara vez un opositor con pensamiento escuálido leerá historia; y si lo hace, leerá sólo la historia que complace y consolida sus esquemas de pensamiento fraternos con los esquemas de pensamiento de la dominación.

3. Ignora consciente y/o inconscientemente la diferencia entre la discusión de ideas, el intercambio de opiniones y la referencia a hechos o sucesos.

Por lo general el opositor de pensamiento escuálido no lee, y si por suerte pasea  su vista por la escritura como parte de un «hábito cultural», decodifica signos sin asomo alguno de criticidad, y esto lo hace indiscutiblemente vulnerable ante cualquier discusión. No puede argumentar con base en el conocimiento legado por la humanidad; de modo que en forma inmediata comienza a emitir opiniones que sólo encuentran asideros en los esquemas de pensamiento que le legó su núcleo familiar y sus particulares condiciones de vida, sean estas precarias, holgadas o suntuosas.

En lo más álgido del debate, pretende desviar el hilo de la discusión teórica hacia la referencia a sucesos, ya sean estos presenciados por él mismo, un familiar, conocido cercano o hechos referidos por la prensa, la televisión, la radio y el resto de los medios que reproducen su visión partidista de la realidad.

El opositor letrado pero con pensamiento escuálido, por el contrario, esgrimirá ideas propias del pensamiento que justifica la dominación. Ignorará el pensamiento marxista acusándolo de «ideológico» o «antidemocrático»… sin reconocer que es el fundamento de un conocimiento teórico que permitió el desarrollo de las ciencias sociales y de muchas de sus más importantes disciplinas. Y al igual que el opositor promedio, recurrirá a distintos tipos de falacias – formales e informales− para salir airoso de cualquier discusión, en la cual de seguro juega un papel fundamental su ego.

Nunca olvido la cómica que protagonizó un profesor universitario de esos que esgrimen «doctorados» en nuestras universidades colonizadas, cuando mostró como evidencia de que el socialismo era un sistema infuncional, una anécdota que viajaba por medios electrónicos en la cual un profesor le pedía a los estudiantes que aplicarán unos supuestos principios del socialismo (silogismos hipotéticos falsos) en sus prácticas evaluativas del curso, y todo terminaba en un descontento general y en la «suspensión» de todos los estudiantes. Me tocó explicarle que esa construcción discursiva pertenecía al género de las falacias no formales o falacias de pertinencia. La cara que puso el «doctor» cuando le expliqué la torpeza de exhibir tamaña joya de incorrección del pensamiento, era todo un poema.

El pensamiento escuálido ignora la diferencia entre conocimiento legado por la humanidad, su opinión personal o la ocurrencia de un hecho en particular. No puede sistematizar experiencias que pudieran formar parte de verdades empíricas, si son abordadas con un mínimo de rigurosidad de estudio. No siente interés tampoco por leer las  sistematizaciones que otros hacen, para luego conceptualizar el fenómeno y darle carácter de argumento en una discusión.

4. Sus opiniones las formula desde lo emotivo-visceral y renuncia a cualquier ejercicio de mediana reflexión que involucre una rectificación discursiva y actitudinal.

Declara ser tolerante con aquellos que no apoyen sus puntos de vista, pero a medida que el debate y/o discusión se prolonga, recurre a las descalificaciones y a las ofensas clasistas: acusa al contrincante (chavista o de izquierda) de ignorante o de petulante (si éste es letrado o instruido), o en el peor de los casos, de resentido social, para declararse acto seguido como ofendido, y en medio de expresiones emotivas, dar fin a la posibilidad de comunicación.

Por esa poca consciencia que tiene de sí mismo, el opositor de pensamiento escuálido de todos los estratos sociales, no controla los arrebatos de su ego herido, y en los diálogos por medios electrónicos, por ejemplo, intenta a como dé lugar, no retirarse de la discusión. Replica y contrarreplica en forma reactiva, pega links para «argumentar» sus opiniones o mostrar hechos. Pero rara vez puede comunicar sus propias ideas, ya sea porque no las tiene o porque de hacerlo declararía en el acto que son expresión del sistema capitalista y la sociedad de consumo, y que en realidad… «no todos los hombres son iguales y que es necesario que unos «dominen» a los otros (¡Claro, por su propio bien!), para que las sociedades puedan ir hacia el desarrollo» etc., etc.

5. Incurren –consciente o inconscientemente−  en la construcción de falacias de uso frecuente y recurrente.

La falacia es un razonamiento falso que violenta las reglas de la lógica, y se emplea en forma deliberada para manipular una audiencia, o simplemente surge en forma inconsciente, producto de un desorden intelectual, que en virtud de su ocurrencia, hace  imperceptible el equívoco a quien lo sufre. Se suelen producir falacias formales, cuando en la construcción discursiva se hace un mal uso de las reglas de la lógica, lo que lleva a formular inferencias incorrectas; y falacias no formales, cuando se encuentra involucrada una falta de conocimiento sobre el tema, lo que ocasiona que las premisas que la constituyan carezcan de pertinencia o adecuación lógica, o que incurran en una ambigüedad de lenguaje.

Las declaraciones de muchos voceros de la oposición venezolana de pensamiento escuálido pueden aportar un corpus extraordinario para el estudio de las falacias. Cada vez que estos líderes opositores de la Nueva Era intentan expresarse, no pueden controlar el «subconsciente» y sus palabras traicionan precisamente lo que quieren ocultar.

Muchas veces estas intervenciones han sido motivo de hilaridad, pero nadie se ha detenido a analizar rigurosamente por qué esta generación de la oposición venezolana no heredó el tino y la coherencia discursiva de un Rafael Caldera o de un Claudio Fermín, para colocar dos figuras conspicuas y honorables comunicacionalmente. Al respecto, tengo mis propias hipótesis, pero creo que es un tema digno de otra reflexión extensa que trataré de abordar en futuras aportaciones.

Empleando un ejemplo del acontecer político venezolano, observemos este caso: Un periodista de la cadena internacional Omnivisión increpa a Evelyn Trejo de Rosales, esposa del ex alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales, y actual alcaldesa de esta entidad, instándola a revelar los hechos que fundamentan la afirmación de que la vida de su esposo corría peligro en Venezuela, razón por la cual debió esconderse y huir del país. Ella elude la respuesta, pero ante un nuevo requerimiento del reportero, afirma que el propio Presidente de la República amenazó a su esposo diciéndole que lo iba a poner preso y que él lo “pulverizaría del mapa político de Venezuela…” El periodista pregunta entonces: Y si esto es así, señora Evelyn… ¿la vida de usted y de sus hijos no estaría también corriendo peligro? Ante esta pregunta ella responde: “…cuando uno tiene valores bien arraigados, cuando uno sabe dónde está parado, cuando uno no tiene nada que temer y cuando uno puede mirarle la cara a la gente, cuando mis pestañas no tiemblan, yo no tengo porque salir corriendo de esta ciudad».

La señora Trejo sufre –probablemente– de este problema cognitivo que le dificulta ofrecer respuestas a los problemas tomando en cuenta el contexto total de la situación, y para resolver una pregunta eventual del periodista, no puede establecer correspondencia con el fenómeno que se discute, lesionando la propia imagen del esposo a quien dice defender.

6. El pensamiento escuálido se aferra y asila en lo declarativo, es decir, en expresiones que no poseen ningún tipo de sustentación racional o pertinente en el contexto en el cual las emiten.

En otras palabras: la persona poseedora de un pensamiento escuálido, no argumenta.  Si formula una afirmación en el plano de las ideas, no es capaz de otorgarle algún tipo de fundamentación lógica, científica o simplemente constituida por el más elemental sentido común. En consecuencia, cuando se pronuncia lo hace desde el simple deseo de que se le crea. Decir −el simple acto de declarar a los medios− hace que la realidad que nombra parezca verdad. Por ello sus estrategias comunicacionales se fundamentan en lo puramente mediático.

Para ejemplificar este compromiso cognitivo observemos las declaraciones de un político opositor: Ante las acusaciones de corrupción que el Presidente de la Asamblea formula contra el diputado Richard Mardo, esgrimiendo pruebas que comprometen la probidad del funcionario, éste solicita su derecho de palabra  y expresa otra joya pedagógica de la expresión declarativa, en la cual apreciaremos una ausencia absoluta de argumentos, digresiones del tema principal,  presencia de falacias ad populum o que apelan al llamado emocional y falacias ad hominem, dirigidas a refutar la acusación atacando a la persona que formula la afirmación. Y todo ello mezclado con el pensamiento mágico, binario y maniqueo característico del pensamiento escuálido:

«Yo quiero decirle al pueblo de Venezuela que yo prefiero tener la conciencia tranquila que prestarme para esa jugada que quería Diosdado Cabello. Diosdado Cabello junto al «diputado talanquera» me pidió hablar mal de la organización política a la cual estoy orgulloso, con tal de «poner a enfriar en el congelador» cualquier denuncia que yo tenga. Yo quiero decirle algo, diputado: Diputado Diosdado, que cada vez que te da la gana nos dices mafiosos, narcotraficantes, y dices lo que se te ocurre. Quiero decirte algo: Más narcotraficante, más cómplice de esta corrupción eres tú que cualquiera de nosotros. Yo quiero decirte que ojalá y me dejes el tiempo que le dedicas a todas estas «ollas» para enseñarte lo que se llama una labor social, para decirte cómo se construye un liderazgo sin estar en el poder, un liderazgo sin que nadie me tenga que levantar la mano. Yo soy diputado de la Asamblea Nacional porque me lo he ganado voto a voto, porque me lo he ganado con trabajo y lucha social. El pueblo de Aragua me conoce, y a ti te conoce también Venezuela. Tú sabes que tú tienes el poder. Tú sabes que tú tienes las instituciones, pero yo tengo a Dios, y yo creo en la justicia divina. Y yo creo que vamos por el camino correcto. Yo quisiera que tú me permitieras retransmitir los videos de todas nuestras ayudas sociales, de cuántos padres y madres que los han ruleteado por todos los hospitales y que hemos logrado operarlos. Yo quisiera demostrarte las viviendas que hemos hecho sin estar en el poder. Yo quisiera demostrarte todo lo que hemos hecho, y por eso estoy aquí, porque el pueblo me eligió…»

7. Revela graves problemas cognitivos que afectan su capacidad para producir inferencias lógicas y sus habilidades para establecer relaciones adecuadas al momento de ejemplificar o de identificar con claridad las causas y las consecuencias de un fenómeno.

El pensamiento escuálido presenta una precaria formación cognitiva, no sólo producto de una escolarización deficiente −a pesar de las ingentes sumas que muchos  invirtieron en educación privada− sino también de un núcleo familiar parcializado ideológicamente, víctima además de los esquemas sociales promocionados por los medios de comunicación y/o con poca o precaria interacción con un entorno comunitario distinto al suyo, factores que les impiden una visión integral de la realidad, y en consecuencia, les dificulta la estructuración pertinente de comparaciones alegóricas y el establecimiento de relaciones de carácter inclusivo o consecuencial.

De reciente data y sobre las comparaciones que establece el pensamiento escuálido, se encuentran las declaraciones de Julio Borges, cuando torpemente expresa una alegoría sobre las corridas de toros:

«En una corrida de toros hay dos personajes; el torero y el toro… ¿Cómo hace el torero que muchas veces es un enanito que está allí para ganarle a un toro que mide casi una tonelada, que pesa una tonelada. Una razón muy sencilla: porque el torero es más inteligente. Nosotros tenemos el reto de ser los toreros y no el toro. Y convertir al gobierno en el toro y no nosotros en el toro. De manera que no seamos nosotros menos inteligentes y llevemos esto con el pulso, la determinación y la inteligencia…»

Este es un buen ejemplo de dificultades en el pensamiento humano: una analogía fundamentada en una falacia, la cual además perpetúa la creencia de que el maltrato animal es un «deporte» y/o un «arte», y que el victimario (el torero) es la víctima que emplea la inteligencia para vencer la «fuerza bruta» del toro, mientras que el toro – la verdadera víctima en realidad− representa al gobierno.

En este mismo sentido, a la cognición escuálida se le dificulta además operar con conceptos de carácter inclusivo: desconoce la jerarquización conceptual que vincula los fenómenos del conocimiento humano en el ámbito sociológico. Por ello desdeña la perspectiva marxista que reclama la integración del conocimiento, y en consecuencia, la identificación de la contradicción fundamental de un problema social. Le molesta escuchar que el Presidente Chávez culpe al capitalismo de cualquier disfunción de las estructuras de nuestro país, por considerarlo parte de una retórica que pretende eludir las propias responsabilidades en la administración pública. Por ello se desgañita pidiendo medidas represivas contra la delincuencia desatada, mientras culpa al gobierno de no tener suficiente decisión para enfrentar el flagelo, y empleando la disfunción estructural como bandera en eventos electorales.

De igual forma, su entendimiento flaquea cuando se le enfrenta al reconocimiento de las causas reales de determinado problema. Toman como causa de un efecto, un solo factor, que si bien puede influir en la ocurrencia de un fenómeno, no es sin embargo su causa real. La estrategia de ignorar sostenidamente la causa real de un fenómeno, lleva indiscutible a un estado de enajenación en el cual se renuncia a la posibilidad de reflexión, y en consecuencia, a la de coadyuvar efectivamente en la superación de las contradicciones involucradas en el conflicto.

8. No es amigo de la autocrítica, precisamente porque carece de la habilidad para objetivar la realidad sin incurrir en parcialidades ideológicas, y porque cree que es dueño de su propio proceso inferencial, mientras que el contrincante «sólo repite lo que dice el canal del Estado o las frases hechas y puestas a rodar por Chávez y el chavismo».

Cuando uno trata de «reflexionar» con una persona de pensamiento escuálido percibirá de primera entrada que su entendiendo se disocia toda vez que entra en contacto con alguna situación que se vincule con el Presidente Chávez o con el chavismo. Y precisamente por eso, el pensamiento escuálido nunca estará dispuesto a admitir errores. Si éstos por alguna razón existiesen en los integrantes de sus preferencias ideológicas o en ellos mismos, los ha causado el mismo Presidente Chávez. Aplica así el sofisma de la causa falsa que sostiene que un acontecimiento es la causa de otro simplemente sobre la base de que el primero es anterior al segundo.

El paro petrolero que ellos protagonizaron y que causó enormes daños materiales a nuestro país, no era culpa de sus protagonistas, sino de Chávez por no dimitir en su cargo tal como ellos caprichosamente se lo pedían.

El pensamiento escuálido pregona que no tiene líderes, que él es autónomo en sus percepciones y decisiones políticas, sin embargo reproduce los mismos esquemas de pensamiento colonizados que resultan cómodos para justificar la expoliación de la riqueza de la nación a través de grupos empresariales y consorcios capitalistas. Como suelen decir irónicamente los sabios: ignora su prisión porque nunca vuela tan alto ni tan lejos como para tropezar con los barrotes de la jaula.

9. Practican y comulgan con la visión medieval y luego romántica de que «todo tiempo pasado fue mejor», cuando se trata de opinar sobre sucesos del presente, a partir de los cuales concluyen que éstos ocurren por falta de «valores», que en ellos por supuesto, sí consideran que se encuentran correctamente «instalados» en su consciencia.

Nada más ilustrativo para aplicar este aspecto, que la dichosa frase que ellos comenzaron a reproducir en sus espacios: «Éramos felices y no lo sabíamos» El sentimiento de vivir una pesadilla, los acompaña desde hace más de catorce años. Dicen que viven en una dictadura en la cual su vida y la de sus hijos corren peligro, y que no se les garantizan sus derechos, sobre todo, el de la propiedad privada.

Su «calidad de vida» se ha visto deteriorada, entre otras cosas por las medidas «populistas» aprobadas por este gobierno, que se ha dado a la tarea de regalar o conceder casas con facilidades, ofrecer atención gratuita en materia de salud, y garantizar el derecho al estudio de los más necesitados y de los que siempre eran excluidos del subsistema educativo universitario. Antes podían ofrecer caridad a los pobres, ahora éstos se creen con el derecho de exigir. Y todo por culpa de Chávez que vino a «desunir» a los venezolanos cuya población pobre «antes» vivía −si no en perfecta armonía con sus benefactores− al menos con resignación y humildad.

Aunado a eso, los pobres se han convertido en unos «igualados» que viven en completa inadvertencia de la ética y de los valores cristianos.

10. Observa e interpreta la realidad en forma binaria, maniqueísta y superficial.

Posee una perspectiva superficial de la realidad, acrecentada por los medios de comunicación. Ama la farándula, y llega al clímax de la ensoñación cuando la figura mediática a quien admira, milita en la misma causa proselitista que complace su sistema sensorio; sea esta partidista, producto de la afición a un equipo deportivo o de carácter religioso.

Pero dejemos otra vez a Julio Borges para que en otra parte de su pedagógica declaración de pensamiento escuálido, nos revele las características de esta disfunción cognitiva:

(…) Aquí lo importante es entender que nosotros tenemos todos un objetivo: que es vencer democráticamente a un sistema no democrático. Reclamar las cosas con toda la fuerza. Estar en la calle. Estar en las redes sociales. No dejarse amedrentar. No tener miedo. Recordar ese mensaje de Juan Pablo Segundo a los jóvenes. Cuando el comunismo estaba cayendo en Europa Oriental, el mensaje de Juan Pablo Segundo era simple: No tengan miedo. Y no tengan miedo significa: Dios está de nuestra parte y esto es una lucha del bien contra el mal. Y el bien siempre vence y la verdad siempre se impone. Y así va a ser en Venezuela…»

Nótese cómo se revela la tendencia a interpretarlo todo desde el pensamiento idealista y mágico: Venezuela atraviesa por una dictadura. El chavismo es el Mal y el pensamiento escuálido representa el Bien. Dios está del lado del Bien. Dios es Verdad. El pensamiento escuálido es el poseedor de la Verdad. Y la Verdad y Dios siempre triunfan. Luego, el pensamiento escuálido triunfará… En otras palabras: ¡Ánimo, jóvenes disociados, salgan a la calle a sabotear y a provocar reacciones violentas de los afectos al oficialismo para que yo pueda llegar al poder!

Apasionante tema este el del pensamiento humano y el de sus disfunciones cognitivas, que creo por supuesto no se agota en estas descripciones, y que representa una interesante invitación para un verdadero ejercicio de análisis del discurso, una práctica popular que impida que el pensamiento del chavismo degenere en un pensamiento escuálido.

Ver las disfunciones del pensamiento del Otro, es vernos a nosotros mismos, para evitar caer en los mismos equívocos. Y en este sentido necesitamos revertir la institucionalización de la «lectura» que desde los medios oficialistas se hace de los sucesos y de las coyunturas históricas a través de «analistas de discurso» que curiosamente obvian hablar de los detalles, para instalarse en una perspectiva de clase que una vez más pretende ignorar los intereses de colectivos sociales cada vez más claros en la construcción de efectivas estrategias de poder real y protagónico. De esos mismos colectivos sociales que valoran el liderazgo histórico del Presidente Chávez, pero que no están dispuestos a dejarse arrebatar una vez más la posibilidad de pensarse y de reconstruirse como nación comunitaria, libre, justa y respetuosa de los dones con los cuales nos benefició la Madre Tierra.

 Gladys E. Guevara

 

#liberenARodneyÁlvaez

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