Suena La Guarura Impresa: Nuestra Comunicación como Poder y Felicidad

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Años atrás, cuando todavía ni siquiera conocíamos las primeras computadoras personalizadas que iban a cambiar al mundo y mientras la pobreza se multiplicaba y profundizaba dentro de un contexto generalizado de deterioro de las condiciones de la vida nacional, sacar un periódico desde algún rincón de un barrio o un campo, no solamente era un difícil trabajo además de una empresa altamente riesgosa, era también un hecho de mucha felicidad. Un papel escrito en cualquier formato y calidad, luego reproducido y distribuido entre “nosotros” -lo que más tarde llamaremos las razas y pueblos “nuestroamericanos”- era un pequeño acontecimiento político y de la palabra. Tenían tres finalidades básicas: atacar o al menos denunciar al enemigo, es decir el sistema de poder impuesto entre nosotros y el mundo, marcar una posición política dentro del contexto de la resistencia popular y sobretodo exaltar las luchas del pobre que día a día marcaban la vida de todos. Su importancia llegó a ser enorme, no olvidemos que la poca resistencia que se pudo mantener en Caracas después del genocidio del 28F y 1 de Marzo de 1989 se forjó principalmente de los volantes que desesperadamente pudimos reproducir desde lo que ya era una red de periódicos organizada en todo el oeste de la ciudad.

Algo más de dos décadas después muchas cosas han cambiado y también en nuestra palabra. El papel expuesto como periódico o volante pierde peso específico en las comunicaciones y se multiplican las unidades de intervención dentro del espectro de las telecomunicaciones (radios, televisoras) muchas veces improvisadas y endebles internamente pero allí están, se produce y también multiplica el videísmo y cierto radialismo disperso y expuesto por Internet más que todo, y finalmente aparecen las “redes sociales” (un plagio por cierto al lenguaje del poder popular) que contactan e informan en la urgencia perpetua del mundo postindustrial. Entre tanto le hemos ganado muchos derechos al Estado para que esto sea posible al tiempo que él mismo como gobierno-Estado busca la manera de absorber y controlar atribuyéndose el lenguaje “de abajo” ese mundo explosivo de nuestras “palabras, sonidos e imágenes” como en algún momento definimos, con muy limitados logros aunque reconocemos sus bárbaros esfuerzos de control. Todo esto constituye en la forma una “revolución comunicacional” estrictamente tecnológica para el capitalismo; para nosotros, un paso -al menos en lo posible- en función de ganar potencia guerrera y fuerza política. No obstante hay un detalle fundamental que se pierde entre la abundancia: la felicidad y la razón de la herramienta comunicacional generada y conquistada.

Efectivamente, aún si muchas cosas nos diere quien gobierna y llamando a esto justicia social, el hecho es que entre tanto sin darnos cuenta ese universo de objetos poco a poco puede perder su sentido transformador. Digamos por ejemplo: Aparece un gobierno y nos llena de hospitales y centros de salud gratuita muy efectivos. Todos diremos: “¡Bravo!, se hizo justicia”, y hablando de urgencias eso es cierto (y más para este país). Sin embargo esto ocurre a la par de una sociedad que todos los días se enferma y droga más. Lo que hace que estadísticamente haya cada día más enfermos e insanos… nadie entiende por qué, si ahora existe un tremendo sistema de salud. Alguien nos dice entonces: “¿Ves? Eso de los hospitales en el fondo es una trampa. Acuérdate quién gana con ellos: industria farmacéutica, tecnología médica, etc. El problema es cómo reconstruir una sociedad sana y que sepa sanarse a sí misma. Allí los hospitales serán muchos menos importantes. Esto sí sería una revolución. Recuerda, quien nos enferma es este modo de vida, entre otras cosas “hospitalario”, y las estrategias imperiales para drogarnos y enfermarnos, vale decir, acabarnos como pueblos libres, soberanos y verdaderos”… Algo parecido nos ha ocurrido con las comunicaciones, muy particularmente en este proceso, en el cual la herramienta necesaria muchas veces ha sido el mismo Estado quien la provee o al menos ayuda, además de apoyarnos con las nuevas tecnologías y las fantasías del “capitalismo cognitivo” como ahora lo llaman. Pero mientras tanto, sin saber por qué y de manera inexplicable, ¡cada día estamos más mudos! Decimos menos, hasta nos avergüenza reafirmar nuestra verdad ocultada, y así mismo repetimos que hemos derrotado la vieja república y ha triunfado el sueño de ser un pueblo libre. A estas alturas la pregunta a hacernos es muy sencilla: ¿Para qué creamos un medio de comunicación, siendo él el vehículo de lo más divinamente humano: la expresión y divulgación de su palabra? La trampa para no hacernos esta pregunta está en creer que sólo necesitamos medios y derechos de uso para que irrumpa esa verdad siempre silenciada. Falso. Para recuperar esa fuerza comunicativa no necesitamos en sí ni de aparatos, ni de leyes, lo fundamental está en restablecer la decisión y la voluntad de ser radicalmente libres e iguales a la hora de expresar nuestra palabra de lucha y donde sólo nos limiten y autocensuren los movimientos y destrezas imprescindibles e impuestos por la propia realidad dentro del contexto concreto de la guerra revolucionaria en que estamos metidos. Si negociamos nuestra palabra, no hay ni razón ni felicidad en ella.

Siguiendo este orden de ideas, desde hace un año cuando decidimos en asamblea comenzar a armar el sistema “libre y militante La Guarura”, hemos querido ayudar a dar el salto que la pregunta respecto al sentido de la comunicación nos impone. El camino se va abriendo, muy lentamente porque la polarización política dentro del mismo mundo de las comunicaciones hace que nos acoplemos a ella acríticamente. Siendo así nos aplauden. Los ministros nos resuelven la pobreza particular y hacemos parte de un entramado que tiene de todo menos una estrategia comunicacional autónoma del poder popular. Esto explica cómo se han colado cantidad de hechos de impunidad criminal, corrupciones impensables, violación de cualquier cantidad de derechos y políticas que traicionan todo legado revolucionario, incluso informaciones continentales y mundiales “inconvenientes”, aún existiendo centenares de unidades de comunicación alternativa conquistadas: la maquinaria comunicacional en  manos del movimiento popular, organizaciones, colectivos, por lo general calla o se limita a una denuncia genérica en la cual  nada se investiga y detalla, mucho menos se puntualizan responsables de jerarquía y se ubica su traición, su inutilidad o su degradación.

Seguimos pensando que el solventar este vacío de poder y felicidad en nuestras comunicaciones es uno de los pasos fundamentales para toda profundización revolucionaria, en la cual incluso podamos prepararnos para enfrentar guerras comunicacionales muy superiores de corte imperial y guerrerista, como ya lo probamos los días del golpe del 11 de Abril y meses seguidos, pero que en estos momentos nos podrían aplastar estando pacificada nuestra palabra.

Hemos apoyado la razón revolucionaria de este gobierno en tanto hijo de la rebelión popular, resumiendo en él un programa revolucionario que al menos en sus premisas condensa  las aspiraciones emancipatorias que esa rebelión y su propia evolución posterior. Por supuesto que esto nos lleva a apoyar la candidatura del comandante Chávez para las elecciones de Octubre, de allí el principio esbozado de que “la presidencia es nuestra”. Y lo hacemos, no porque seamos “chavistas”, sino porque venimos y estamos dentro de las luchas de un pueblo que en su inmensa mayoría apoya el liderazgo de Chávez. Así cada uno de nosotros desde su lugar de lucha se funde en este proceso como uno más. Pero aquí también caben todas las posiciones críticas  de todo orden que están aportando a la palabra de lucha del pueblo y que constituyen nuestra diversidad callejera, siendo lo fundamental más allá de las posiciones partidarias o los respectivos sueños mesiánicos de algunos que no compartimos. Por ello mismo agregamos que este no es el periódico de una organización o movimiento en particular, aunque podamos tener mucha cercanía con numerosos colectivos y espacios orgánicos. Incluso podríamos promover algo en ese sentido, pero en lo que respecta a este periódico y el sistema, La Guarura guardará la posibilidad de concentrarse en la generación de un poder comunicacional propio de las luchas del pueblo, siendo esta estrategia de mucha mayor importancia en el mundo de hoy que la condición de portavoz de una determinada organización. La Guarura intenta ser un poder que recoge, crea, edita y multiplica siguiendo los sonidos insurgentes de los sótanos del mundo… Si lo logramos será para la felicidad de muchos, muchas, y seguro que la rabia y la buena palabra de otros tantos.

 

Consejo Editorial La Guarura – Caracas

#liberenARodneyÁlvaez

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