Viudas de nuestros hijos

Categoría: Sin categoría |

Por: Gustavo Borges.

“¡Vente que mataron al Negro!”…recibí la llamada como a eso de las ocho de la mañana. Tranque el teléfono. Me vino la imagen de la vieja del chamo, enferma, postrada en una cama desde hace semanas, sin poder salir del rancho. No hacía falta preguntar ni quienes, como, donde o porque. Es una noticia recurrente así como estas notas, que quisiera dejar de escribir. Es esta guerra nuestra del barrio. Hace tiempo ya perdimos la facultad de impresionarnos por estas noticias. Es como estar en una larga lista en donde se van tachando nombres todas las semanas, cada quien esperando su turno. En 20 minutos ya me encontraba en lo más alto del cerro; estrechas e interminables escaleras y callejones, música estridente, mujeres asomadas en las altas ventanas y en las calles, jóvenes, niños sentados en los muros y aceras. La calle tomada. Era el velatorio del barrio, en la calle; una puerta de una humilde vivienda, antesala de la miseria y el dolor. ¡”Me mataron a mi otro mi otro muchacho Gustavo, me lo mataron malamente vale, que está pasando, que está pasando con nuestros hijos” –así me recibe la negra, abrazándome, apenas con voz por su enfermedad y dolor, desgastada, humillada en la carne y el espíritu por la vida y la muerte.

La negra había perdido su hijo mayor hacia siete años en las mismas calles del barrio igual bajo la ley del hierro, 22 años tenía el pana para aquel entonces, 22 años cumplía El negro ayer antes de ser asesinado. Edad fatídica para nuestros jóvenes en el barrio.

Llegan otras mujeres a compartir su dolor con la negra, trato de salir, a las escaleras, fuera de la casa pero volteo a ver la escena y una frase me impacta, me detiene: “somos viudas de nuestros hijos, negra, que está pasando con nuestros muchachos, siempre esperamos que los hijos nos entierren a nosotras sus madres y nos ha tocado enterrarlos nosotras a ellos. Abrazadas las tres mujeres buscan consuelo por hijos perdidos por la ley del hierro. “La vida es así comadre”. “No, no negra la vida no es así, me niego aceptar que la vida es así no podemos acostúmbranos a estos”. No aguanto más y logro deshacerme de ese minuto que me paraliza ante aquellas mujeres, salgo, enciendo un cigarro, las escaleras y callejones ahora mas llena de hombres, mujeres, niños jóvenes, hablan, ríen otros guardan silencio, repasan los hechos, todos con arrechera, con la fuerza con que nos mueve a hablar la impotencia. Me uno al coro en silencio, escuchándolos hablar, repasar el cómo fue. Una frase resume todo: la PTJ lo ajusticio. Sigo escuchando, en silencio, no hago preguntas, no hace falta, todos conversan lo mismo. Como llegaron al barrio el viernes como a las 6 de la tarde, lo sorprendieron mientas jugaba a las cartas en alguna esquina junto con otros chamos, lo metieron a la fuerza en uno de los ranchos después de haber desalojado a la familia que lo habitaba. – “Adentro le dispararon, tratamos de evitarlo pero el barrio se lleno de policías, se lo llevaron vivo eso si lo sabemos, no pudimos evitar que se lo llevaran.” – “No entendemos nada, El negro no tenia roncha con nadie, pero aun si la hubiese tenido esa no era la forma, tenían que llevarlo vivo.”  “Los policías limpiaron todo dentro de la casa, todo” Salimos a tratar de defenderlo chamo, pero se lo llevaron, no pudimos evitarlo”  “Dentro de la casa le tomaron fotos, le pusieron una pistola en una mano y le tomaron foto, ahora dirán que fue un enfrentamiento, que era un delincuente, esos somos los pobres, delincuentes”. ¿Que vamos hacer?  Por primera vez me atrevo a preguntar -“El barrio está recogiendo firma” -“La señora dueña del rancho donde lo mataron dice que va a poner la denuncia, vamos a ir a fiscalía, después del entierro” -“Eso no va a valer de nada-dice una mujer- el barrio no vale, los que valen son los pacos, vamos a perder el tiempo, nosotros todos somos delincuentes” Adentro, “las viudas de sus hijos”-esa frase, no logro digerir su intensidad, me rebasa- se abrazaban, llega El negro, se lo devuelven al barrio, en un ataúd, en una caja, como nos devuelven a nuestros chamos del barrio cada vez que hay un procedimiento policial o culebras entre nosotros mismos.

#DondeEstáAlcedoMora

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.