Despertar la dimensión chamánica

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Por: Leonardo Boff

La categoría sostenibilidad, tomada en su sentido amplio y no reducida solo al desarrollo, abarca toda acción enfocada a mantener a los seres en la existencia, porque tienen derecho a coexistir con nosotros, y sólo a partir de esta convivencia utilizamos, con sobriedad y respeto, una parte de ellos para atender nuestras necesidades, preservándolos también para las generaciones futuras.

Dentro de esta concepción cabe también el Universo. Hoy sabemos por la nueva cosmología que estamos hechos de polvo de estrellas y nos sostiene y pasa por nosotros la misteriosa Energía de Fondo que alimenta todo y que se desdobla en las cuatro fuerzas –la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la débil– que, actuando siempre juntas, nos mantienen así como somos.

Como seres conscientes e inteligentes tenemos nuestro lugar y nuestra función dentro del proceso cosmogénico. Si no somos el centro de todo, seguramente somos una de esas puntas avanzadas por las cuales el universo se vuelve sobre sí mismo, es decir, se vuelve consciente. El principio antrópico débil nos permite decir que, para ser lo que somos, todas las energías y procesos de la evolución se organizaron de forma tan articulada y sutil que hicieron posible nuestra aparición. En caso contrario, yo no estaría ahora escribiendo aquí.

A través de nosotros, el universo y la Tierra se ven y se contemplan a sí mismos. La capacidad de ver surgió hace 600 millones de años. Hasta entonces la Tierra era ciega. El cielo profundo y estrellado, las cataratas de Iguaçu, donde me encuentro ahora, el verdor de las selvas de aquí al lado, no se podían ver. A través de nuestra vista, la Tierra y el universo pueden ver toda esta indescriptible belleza.

Los pueblos originarios, de los andinos a los samis del ártico, se sentían unidos al universo, como hermanos y hermanas de las estrellas, formando una gran familia cósmica. Nosotros hemos perdido ese sentimiento de pertenencia mutua. Ellos sentían que las fuerzas cósmicas equilibraban el curso de todos los seres y actuaban en su interior. Vivir en consonancia con estas energías fundamentales era llevar una vida sostenible y llena de sentido.

Sabemos por la física cuántica que la conciencia y el mundo material están conectados y que la manera que un científico escoge para hacer su observación afecta al objeto observado. Observador y objeto observado se encuentran indisolublemente ligados. De ahí que la inclusión de la conciencia en las teorías científicas y en la propia realidad del cosmos es un dato ya asimilado por gran parte de la comunidad científica. Formamos, efectivamente, un todo complejo y diversificado.

Son conocidas las figuras de los chamanes, tan presentes en el mundo antiguo y que hoy están volviendo con renovado vigor, como lo ha mostrado el físico cuántico P. Drouot en su libro El chamán, el físico y el místico (Vergara 2001) que tuve el honor de prologar. El chamán vive un estado de conciencia singular que lo hace entrar en contacto íntimo con las energías cósmicas. Entiende la llamada de las montañas, de los lagos, de los bosques y selvas, de los animales y de los seres humanos. Sabe conducir tales energías para fines curativos y para armonizarlas con el todo.

En el interior de cada uno de nosotros existe escondida la dimensión chamánica. Esa energía chamánica nos hace quedar en silencio ante la grandeza del mar, vibrar con la mirada de otra persona, estremecernos ante un recién nacido. Necesitamos liberar esta dimensión chamánica en nosotros para entrar en sintonía con todo lo que nos rodea y sentirnos en paz.

Nuestro deseo de viajar con las naves espaciales por el espacio cósmico, ¿no será tal vez el deseo arquetípico de buscar nuestros orígenes estelares y el ímpetu de regresar al lugar de nuestro nacimiento? Varios astronautas expresaron ideas semejantes. Esta incontenible búsqueda nuestra de equilibrio con todo el universo y de sentirnos parte del universo pertenece a la noción inteligible de la sostenibilidad.

La sostenibilidad lleva consigo la valoración de este capital humano y espiritual cuyo efecto es producirnos respeto y sentido de sacralidad ante todas las realidades, valores estos que alimentan la ecología profunda y que nos ayudan a respetar y a vivir en sintonía con la Madre Tierra. Hoy se hace urgente esta actitud para moderar la fuerza destructiva que en las últimas décadas se ha apoderado de nosotros.

#liberenARodneyÁlvaez

Una respuesta a Despertar la dimensión chamánica

  1. La organización de la sociedad humana actual nos obliga a organizar y darle mantenimiento a los sistemas materiales de producción que heredados del sistema-mundo moderno, pues son en lo inmediato los únicos capaces de proveer medios de vida a la mayoría de la población (producción de alimentos, transporte público, construcción de y mantenimiento de infraestructuras urbanas, etc.)

    Entretanto, la emancipación humana no pasa entonces de manera irrevocable por el «desarrollo las fuerzas productivas» con arreglo a nuevas «divisiones del trabajo» o «nuevas relaciones de produccion (material)».

    Por ejemplo, la poesía tiene una importancia inmediata. También el ritual y sacrificio, la ofrenda sagrada y la veneración de la memotria común se vuelven centrales. Sólo podemos acceder a la verdad rompiendo el condicionamiento psíquico de la fábrica material irracipnal e inhumana que nos gobierna, que nos empuja infatigablemente a destruirnos los unos a los otros, en la dinámica inhumana e irracional de las lógicas de la acumulación incesante de capital.

    En realidad es tan o más importante desarrollar la conciencia de sí mismo, en sentido de pertenencia de la masa humana a un origen común, a una condición compartida con otros, una donde puede ver toda la dimensión de su fragilidad, de la necesdad inmediata de la ternura y la compañía.

    «La categoría sostenibilidad, tomada en su sentido amplio y no reducida solo al desarrollo, abarca toda acción enfocada a mantener a los seres en la existencia», como señala acertadament Leonardo Boff en este artículo.

    Reconstruir esa memoria es esencial para edificar un nuevo mundo más democrático, más incluyente, más igualitario, ecológicamente sostenible. Eso que hemos llamado socialismo.

    La reorganización de los proceso materiales con arreglo a métodos científicos es una dimensión necesaria, más absoluta de ese proceso. Me parece que el pensamiento revolucionario formado en el marxismo clásico padece un poco de este sesgo cientificista, como lo atestigua la obra de León Trostky, el gran revolucionario ruso.

    Socialismo es o debe ser construir un modo de producción de vida, como lo ha sostenido el propio Leonardo Boff. Un modo de reproducción de vida quiere decir también reinventarnos o redescubrirnos como seres humanos. De ahí la extraordinaria importancia del conocimiento ancestral de los pueblos originarios, de las visiones chamánicas, de la piadosa veneración de todo cuánto vive como manifestación sagrada del Universo cambiante, en constante evolución.

    He ahí una fuerza liberadora desconocida por completa por las narrativas del revolucionarismo europeo, heredero de los propósitos y despropósitos de la Razón Ilustrada.

    Somos Uno con el Universo y la Madre-Tierra, amén.

    Fernando J Sánchez Salas
    10 diciembre, 2011 at 9:41 AM
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